EN OCASIONES TE OIGO.

A veces oigo a mi padre trabajar en el cuarto de al lado.

Estoy medio dormido y escucho el sonido de sus pasos, entre sus dedos la masa y la paleta, los movimientos cada vez más torpes, y su espíritu aferrándose a una ilusión, a un nuevo quehacer, sosteniendose en aquello que desde niño le enseñaron, nunca he visto en otro hombre encontrar en ello tanto placer.

Por momentos, a solas, pienso en la rigidez de mi educación, en todos aquellos instantes duros, en cómo de alguien que quizá era demasiado débil él consiguió extraer lo mejor. Y aquí estoy yo, sin haberle oído pronunciar nunca un te quiero, teniendo aún en el paladar el sabor de su ausencia, pero sintiendo nuestro amor mutuo, el que sólo se forjó con respeto.

Sin mi padre no tendría ni vida, ni personalidad, ni esta historia. A ratos soy él, puedo notar sus mismos defectos en mi persona.

Ahora estudio y trabajo, tengo un lugar propio en este mundo, un sitio que se aleja del que es su hogar, y nostálgico me pregunto, si sentirá como yo hice tiempo atrás, la falta de mi respiración en estos últimos años tan usual.

A veces escucho desde mi cama a mi padre trabajar, y por mi mente transcurren aquellas lecciones que de sus actos y palabras aprendí, miro las arrugas de sus manos en las mías, y en silencio siento cómo el tacto de su sangre caliente acaricia mis venas.

Padre, en ocasiones te oigo en mi pecho. Habitas eternamente en él.

(A MI PADRE)

Escrito el 30/10/2014.
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PERDONAD, PUES ME HALLABA PERDIDO.

Me levanto de nuestra cama como cada mañana, pienso si besarte en la frente, pero las prisas y el no querer perturbar tu sueño contiene este impulso, lo que es mi deseo.

Más tarde caeré en la cuenta del error cometido ya demasiadas veces, comprenderé las muchas ocasiones en que te hubiera merecido perder.

Salgo del piso que compartimos, vestido con mi traje caro, los zapatos bien lustrados, gomina en el pelo y algo de oro en mis dudosos dedos, esos que no saben si debieran volver a tocarte.

Cojo un taxi sin ganas, se adentra en las calles llenas de polución y ruido de un Madrid siempre desconocido, de aquella vorágine sin vida, de esos habitantes que en su mayoría se han olvidado de lo que es un latir puro, uno que sea sensible y honesto.

Miro el reloj de mi muñeca, ese cuyas agujas van demasiado deprisa. Me espera un gran inversor, una posibilidad de ascenso, un nuevo triunfo, el fracaso del que fue en el pasado mi sentimiento un tanto bohemio.

Papeles de cifras y estadísticas, sudor en mis manos, nerviosismo en el pecho, se acrecenta la velocidad de mi palpito, el coche se encuentra parado, noto en mi mente un intenso colapso, algo oscuro y triste, y me deshago el nudo de esta corbata que aprieta, pues necesito respirar aire limpio, escapar de este estado de agobio, de tremenda confusión, este estado de desespero y de ausencia.

Abro la puerta y vomito en el gris asfalto, pitidos truenan a mi alrededor, las piernas que dan pasos con torpeza, y mi cuerpo que se tambalea, que se siente cansado, que se rinde ante la presión, que se postra al darse cuenta de su desilusión.

Me siento en un banco cercano, observo a mi lado como un niño y una niña juegan con un simple palo, y los puedo ver felices, no precisan para disfrutar más que su imaginación y el tenerse unidos ambos.

Suena mi teléfono, ese que posee una capacidad y unas aplicaciones que no necesito, y me quedo mirándolo, no descuelgo, al poco rato silencio, oportunidad que se aleja, falsa victoria que ya no me espera.

Me introduzco en el metro, un indigente se acerca pidiendo, yo le doy el noble metal de mis dedos, pues comprendí lo pobre que me hacía, pues llevaba algo cuyo único valor es el artificial, el que le otorgó el mercado, comprendiendo que lo que vale más, lo que merece realmente la pena, es el amor hacia las personas, el cuidar de ese tesoro que son los más allegados tuyos.

De retorno a nuestro hogar, te hallo aún en el lecho, me quito aquel traje que no es más que un disfraz, y te beso en los labios sintiendote ahora muy adentro.

Abres los ojos, contemplo tu mirada, que se sorprende, y en tu rostro se dibuja una sonrisa, abriendo hacia mi tus brazos, los que desde ese momento me abrigan.

Me abrazas y acaricias, y yo, desgraciado de mi, te doy las gracias por no haberte ido.

Me he encontrado de nuevo, y sé que al estar perdido corrí el riesgo de olvidar ese amor que siento por los míos, intentaré que no se repita, aprenderé de la lección que me dio esta vida.

Escrito el 25/10/2014.

EL HOMBRE PÁJARO.

Cuando los primeros rayos de sol amenazaban con aparecer, y la oscuridad agonizaba gritando de dolor al desvanecerse, un hermoso ser, un hombre alado, mitad humano mitad animal,  se preparaba para realizar un alto vuelo, ese que él creía definitivo,  el que le guiaría hacia el cielo del máximo éxito, puesto que en su deseo estaba el poder cambiar este mundo, erigirse cómo un auténtico héroe, y todo ello subido en la cúspide de la estrella de más brillo.

Para conseguirlo se esforzó, luchó con la inteligencia que poseía su mente, noches en vela, días sin casi probar bocado ni buscar el reposo necesario, sentía un profundo cansancio, una tremenda  ilusión, vidriosa se podía ver su mirada, llena de esperanza, puesta en ese futuro ficticio, sin importarle nada más que la meta, olvidándose por completo del camino presente, el que emprendió desde que era nada más que un zagal, un niño deseoso de reconocimiento, un adolescente que anhelaba de todos los demás la aceptación.

De este modo perdió sin darse cuenta la noción de la existencia de aquellos que le amaron, por ser tal cual es y no otro, jamás lo hicieron por el fulgor de su sueño, que se convirtió en un delirio, pues ese ideal no era de nadie, únicamente fue el suyo.

Quiso encontrar su alegría en la grandeza, la que se halla en el disfrute de lo más sencillo, sin saber apreciar y valorar todas aquellas maravillas que nos rodean.

Así dejó de contemplar y embelesarse con la belleza, la del arte y la del amor, y apartó de sí el placer que proporciona un beso, rechazó la sensación de ver en cada amanecer al lado suyo a la persona que podría llegar a ser su pasión.

Saltó con un enorme impulso, el horizonte de su pretendido destino le esperaba, extendió ansioso las alas, pero éstas no tenían la suficiente fuerza, y descendió súbitamente cayendo en el abismo de su propia desesperación, en la cama se resguardó exhausto, le diagnosticaron la enfermedad de la depresión.

Ahora, en la semioscuridad de un cuarto cerrado, siente opresión en el pecho, mas estoy seguro de que pronto renacerá con gran fortaleza, se avivará en su corazón una llama, ya que se dará cuenta de lo erróneo de su planteamiento, y sus alas le llevaran hacia la felicidad verdadera, la que tan sólo se halla en el interior de cada alma.

Habiendo comprendido la lección que le brindó ésta vida, el hombre pájaro trazará de nuevo una nueva ruta, sin la pretensión de intentar el cambio de nada, de ninguna cosa que no sea él mismo.

Escrito el 24/09/2014.

AQUELLO QUE SE QUEDA.

Paseaba con los pies descalzos por la arena de la playa, la brisa bailaba con su melena, alguna lágrima recorría su rostro, su pasado se perdió, olvidó su tristeza, pues su melancolía no recuerda el camino de retorno, su alma ya no siente pena.

Hace años que se adentró en aquél mar de aguas turbulentas, las olas golpeaban con violencia su pecho, poseía su corazón sal para el hambre y espuma para el sufrimiento. El mar era este mundo, sus profundidades la muerte de la que su espíritu se salvó, y el poder de las corrientes y el dolor que causa su frío y su soledad, fueron los más desagradables de todos los tormentos que en su oscuridad anidaban.

Mas hace poco, en una noche repleta de estrellas, encontró a una bella sirena, que le rodeó con la suavidad de sus brazos, que le acogió y le acurrucó en su seno, y le llevó a una isla secreta, cuya tierra entiende de sentimientos. Allí hay un castillo, y de su torre más alta cuelga una bandera, que fue tejida con las manos de lo honesto, su lana es la que envuelve desde entonces a ese amor que es puro y verdadero.

En este lugar colmado de felicidad, a base de caricias se borró el recorrido de sus pasos. Las huellas de antaño se fosilizaron, como lo hicieron las nubes de tormenta, y la alegría que él siente es por tenerte a ti sirena de ensueño, a su lado.

A la hora en que todo finaliza, cuando llega el ocaso y se comienzan a apagar todas las luces, le volví a ver pasear con los pies descalzos, su faz se encontraba avejentada, ajada por surcos de experiencia, pero reflejaba una sonrisa, la de una existencia que había sido plena. Fue entonces cuando de su interior sacó una paloma, permitiéndola extender sus alas, y la lanzó al viento, observándola volar hacia el mar, ya que quiso que alguien recién venido disfrutase de aquella misma senda, la de la libertad, aquella que él en suerte y fortuna pudo experimentar.

Sin embargo sabe que sólo la consiguió al atarse a ella, y satisfecho con lo vivido se adentró para siempre en la profundidad de las aguas, para continuar así disfrutando gracias a su Fe del amor, y de la mutua eternidad de las confidencias que se hicieron, ellas no son únicamente palabras.

ESCRITO EL 21/09/2014

 

EL PRIMER PASO.

Paseaba como tantas veces por Madrid, recorría sus grises aceras, sus anchas avenidas, me hallaba totalmente confuso y sin tener en mente ningún tipo de rumbo, sitio al que quisiera ir o a dónde deseara llegar.

Perdido como estaba, algo cansado y pensativo, detrás de un cristal vi la propaganda de un mundo lejano, un mundo tropical de playas y vida relajada.

Mientras tanto, a mi espalda los transeúntes caminaban circunspectos, y los conductores con sus vehículos circulaban sin casi ni observar el asfalto.

Yo sentía cómo una profunda sinrazón envolvía esta existencia, tan llena como estaba de prisas y de esperas, con sus vuelva usted mañana, de esas mismas mañanas que nunca llegan. Pero ahora contemplo otro pais, una tradición diferente, otra cultura, un lugar en el cual en un futuro podría soñar, y mis ojos buscan su nombre, y éste me recuerda inevitablemente a ti, puesto que me transporta hasta tus raíces y tu sangre.

En ese momento noto como alguien me tira de la manga de la camisa, un niño de tez morena que me sonríe, su madre se excusa y le regaña, yo permanezco paralizado, inmóvil, guardo silencio, en ese instante siento como se ha quebrado mi alma.

Y es cuando valiente doy mi primer paso, emprendo de nuevo el camino, pero ahora tiene rumbo, y éste comienza al coger yo mi teléfono, marcar con decisión tu número, y al escuchar tu dulce voz decirte con la mia sin dudar tan sólo dos palabras, y estas son que “TE AMO”.

Escrito el 08/09/2014.

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LO QUE DESCUBRÍ DE LA LIBERTAD.

Se despertó cuando un sol radiante inundó ese cuarto que le era desconocido, un lugar repleto de libros, cuyas páginas impresas se apilaban sobre estanterías que iban desde el suelo hasta el techo. El resto del mobiliario se componía de un armario en uno de los lados y a la derecha una silla, en la cual se sentó a pensar, puesto que todavía no llegaba a entender qué sucedía, el porqué tenía un sentimiento que le revolvía tan dentro, que le era tan sumamente extraño.

 

No podía recordar nada de su  más reciente o lejano pasado, ni siquiera lo que cotidianamente realizó ayer, y ante ello comprobó cómo crecía en él un intenso pánico, un incipiente y persuasivo temor.

 

Al calmarse consiguió reaccionar, así logró salir de aquella habitación a pesar de su miedo, de esa inmensa incertidumbre que le atormentaba y hacía temblar su cuerpo. Fue a refrescarse el rostro, cuyas facciones pudo contemplar en el espejo, las tocó con sus dedos, no llegaba a saber si todo aquello era un sueño o si se encontraba despierto. Razonó sobre su situación, lo que le  estaba ocurriendo en este preciso momento.

 

Sentía un completo desarraigo hacia todas las cosas que le rodeaban, podía empezar a ser realmente quién él quisiera, puesto que no tenía un pasado que le condicionase, ni un amanecer que le hiciese proyectarse en ningún horizonte, tampoco tenía posesiones, se encontraba en este instante aquí, pero podría estar perfectamente en otra parte. Poseía únicamente lo poco que se hallaba en sus bolsillos, que era la ausencia de preocupaciones.

 

Se veía como un vagabundo errante, alguien sin historia ni futuro, sin dinero, amigos o familiares.

 

Una felicidad momentánea y una inquietud atrayente empezaban a asediar su pecho, cuya cadencia se aceleraba, pues se abría hacia el exterior y su interior libre, no había encerrado en él el peso de ninguna carga.

 

Descendió por las escaleras de aquella misteriosa casa, deseaba salir al mundo, respirar de él su aire, pero sin quererlo fijó sus ojos en una fotografía que había colgada en una pared, y el contenido golpeó su mente confusa con crueldad, ya que le hizo recordar en ese instante quién era realmente, las responsabilidades que tenía para con los suyos y para con la sociedad.

 

Lágrimas recorrían ahora sus mejillas, parecía que una insufrible rabia e impotencia recorrían sus venas. Al tranquilizarse y recuperarse del shock entendió en qué consistía su vida, entendió todas las renuncias del pasado, los enormes sacrificios emprendidos, lo que sus seres queridos necesitaban de su persona, y lo que él esperaba de sí mismo, lo que anhelaba realizar en lo que le quedase de historia.

 

También comprendió que aquello era lo que le daba a su existir un auténtico sentido, el poder cuidar de los suyos, el esforzarse y luchar por lo mejor para ellos, en hacer lo propio consigo mismo, y así tener la esperanza de llegar a poseer una alegría compartida, una fiel a los principios del respeto y del cariño, pues su máximo deseo era sentir amor, sabiendo en este momento que no lo conseguiría jamás sin ser noble de corazón, sin realizar hacia los demás ninguna aceptada entrega, porque en esta vida tienes que renunciar a una parte de tu libertad por los que quieres, porque ellos son a los que amas, y también los que hacen que seas feliz por tu entrega.

 

Ellos sé que son un verdadero tesoro, y puedo expresar sin dudar, que prefiero las rejas de su cárcel, a una libertad sin su amor, sintiendo mi soledad.

 

 

Escrito el 31/08/2014.

SENSACIONES DE UN RECUERDO

Calles con cuestas que ascendían y bajaban, sendas estrechas y angostas, muchos andares han caminado su asfalto, el mío también recorre Toledo, que es tan señorial como Musulmán, Judío y Cristiano.

Geranios adornan sus balcones, olor a belleza se atesora por los rincones, dentro de sus recios muros se esconde algún pasional secreto, y la devoción de sus fieles se mezcla con el caudal de un río que eleva el susurro de sus aguas hasta las iglesias de la ciudad y sus altares.

La Catedral, monumento imponente y vetusto de peregrinación, que en su alba fue una simple mezquita, de la que quedan antiguas creencias, como la de la conservación de su primera piedra y otras leyendas, pero sin duda, todos tienen la certeza de que el lugar que se eligió para su construcción, es el más místico de Castilla y su tierra.

En este instante, en uno de sus bancos me hallo sentado, madera compacta y noble que otorga descanso, en este que es el día de la Virgen del Sagrario, cuya pureza y bondad brinda su guía durante la eternidad de los años.

Quizá fue Ella la que provocó la elevación de este espíritu, que hasta aquel entonces se encontraba marchito, la que le insufló un soplido de ilusión, a ese mi maltrecho corazón, pues entre aquellas gruesas columnas, al contemplarla con atención, volví a sentir aquellos sentimientos de antaño, los que mi memoria no logra recordar a que inocente edad olvidó.

El coro entonaba Glorias al Cielo, ese que retornó a mi alma y mi cuerpo, más no sé ni sabré si fue sugestión o tu Divina persona, la que a aquella hora me devolvió todo lo que fui.

Lo que a este ser que soy yo le define, aspirando siempre a ser justo y cauteloso, que aunque a veces sé que reniego de lo religioso, sus enseñanzas comprendo que me calaron hondo, y me hicieron poseer una voluntad que es mi orgullo, una que sentiré mientras exista como una de las más fuertes y firmes que conozco.

Escrito el 26/08/2014.

JUEGOS PELIGROSOS.

(Dedicado a algún compañero perdido pero jamás olvidado, y a todos aquellos que se propusieron cambiar y perecieron antes de lograrlo.

Este texto va sobre todo por ti David, cuando escucho a los Beatles te evoco postrado en la cama en la que te ataron, sé que se realizó por tu bien, para que no te hicieses daño. Hablar contigo me enseñó lo que es luchar contra una desesperación vital a la que yo día tras día estoy venciendo.

Gracias doy a esta existencia por haberte conocido, ten por seguro que posees un lugar de privilegio en mi memoria.)

 

Era una noche fría de viernes en una ciudad cualquiera, el tiempo no se detenía ante su ansiedad, permanecía cruel e impasible, y sentía unos insidiosos nervios por lo que le parecía una interminable espera.

Apoyaba su espalda contra la pared, el resplandor tenue de las farolas iluminaba una calle sin vida, las persianas de sus edificios se encontraban casi en su totalidad bajadas, apenas circulaba algún coche o se vislumbraba de vez en cuando un solitario gato. Un par de muchachas con unas minifaldas a su parecer demasiado cortas, que enseñaban sin pudor unos pronunciados y para nada sutiles escotes, pasaron a su lado, le miraron descaradamente, una de ellas le guiñó un ojo, pero él desvió la vista y encaminó sus pasos con un cigarro en los labios al pub que se encontraba en frente, justo en donde en breve había quedado.

Aquel lugar era un auténtico antro, su luz era en exceso escasa, el olor una mezcolanza dulce y barata que aturdía los sentidos, parejas de desconocidos se besaban metiéndose mano al fondo, mientras, un músico decadente de jazz tocaba el piano subido a un pequeño e improvisado escenario.

Pidió un gin-tonic, sacó la cartera de su bolsillo, y al abrirla para pagar se quedó observando una fotografía que tenía, la de aquella amada mujer que le había dado tanto, a la que él tanto adoraba y quería.

Miró su reloj con impaciencia, hizo traquetear sus dedos en la barra, fue al servicio de caballeros, se echó en la nuca agua. Jadeos de lujuria tras una puerta, dos hombres borrachos orinando y riendo a su espalda. En ese momento vio en el espejo una cara algo demacrada, con un surco violáceo que se iba a cada instante acrecentando, y con gran sorpresa comprobó que era su propio rostro.

Es entonces cuando comprendió lo que ya sabía, que era necesario en él un cambio, y se propuso ir al hospital para informarse al próximo día, a la mañana siguiente sería, cuando por fin, para tener la posibilidad de empezar un tratamiento acudiría.

Sintió cierta felicidad, pero la angustia de la necesidad le asediaba por dentro, alguien por detrás le tocó el hombro, una persona que le abrazó, que le dio a continuación un beso con el mismo sabor que el que tenía el que le dio Judas a Jesucristo.

Salieron del lugar juntos, pero sólo su Camello volvió sin él al lado, iba acompañado de otro hombre, un ser vil que escondía en su chaqueta un cuchillo ensangrentado.

En un oscuro callejón perdió lo más valioso que tenía, lo que era la cadencia de su latido y el bello recuerdo del amor.

Al amanecer una escueta esquela en la iglesia, y por ti el único llanto de la que realmente te quería y una oración, hallando al llegar a vuestra casa tu ausencia, sintiendo ante ello un profundo sufrimiento, pues se dio cuenta que en aquella fatal noche para siempre te habías ido.

 

Escrito el 22/08/2014.

EL PINTOR.

Se metió en un cuarto que se convirtió en una lúgubre celda, allí pasó los cinco últimos días, apenas comía, beber era un lujo, el necesitar algo de descanso un maldito derroche. El tiempo devoraba sin piedad el sentimiento aún retenido, lo que en la ausencia de ella y de su latido, en la huida a través del viento de su aroma, jamás retornaría hacia él, cuya locura se encontraba en desear la gloria.

Obsesivamente se preguntaba, ¿lo conseguiré o se frustrará mi voluntad?, ¿lograré plasmar lo que realmente fue, o se perderá para la posteridad?.

Ante tales cuestiones no hallaba respuesta, ningunos labios a esa hora susurraban palabras que acariciasen su oído, cuyos tímpanos escuchaban atentos únicamente el roce del pincel contra el todavía desértico lienzo.

La pintó con tonos vivos, después con otros de menor vistosidad y lucidez, probó también con los más violentos y expresivos, todo era en vano, su carrera, su nombre, su codiciada firma, lo que realizó en el pasado en este momento no servía, su persona y su figura eran un auténtico fracaso.

Poseía la técnica de un gran maestro, tenía el talento necesario, por ello alcanzó las mieles del éxito, pero últimamente, al intentar el reto marcado, comprendió que no era ni mucho menos un genio, se descubrió como el más triste y mediocre ser humano.

Lágrimas comiéndose el color, devolviéndole a la tela su blanco, dolor interrumpido que sangra, que cae por la manchada paleta y se mezcla con el grasiento óleo. Líquido rojo y espeso que recorre las baldosas de un suelo sucio y gris, sorpresa que atraviesa como un destello el mundo al nacer el resplandecer de su alba.

Muñecas cercenadas después de haber contemplado su última obra, de ver su creación terminada, un cuerpo bello y sin ropa, el de aquella mujer que fue su amada. Inerte y en descomposición descansa ahora junto al suyo, el más osado de todos los artistas que en vida conocí, cuyo puño apresurado y rabioso, antes de perecer dejó en una nota sencilla escrito:

Ya ves cariño mío, quise plasmar lo que sentía, lo que era mi amor, y ya tan sólo en la eternidad que dure mi memoria verán un cuerpo desnudo y vacío. Ante ello me di absolutamente cuenta de la torpeza que atesoran mis dedos, soy un completo inútil, y la desilusión me corroe por dentro.

Lo siento querida, espero no defraudarte, pero prefiero mi muerte antes que tener que recorrer yo sólo un paso más de esta senda, pues alguien se olvidó de que la que yo emprendí, únicamente tenía su sentido si era compartida contigo.

En este instante lúcido entiendo, que el destino nos espera unidos en el sepulto, quizá en la profundidad y la soledad del nicho, podamos por siempre acariciarnos el alma, y ya nunca tener que separar nuestros caminos.                    

ESCRITO EL 19/08/2014.

MI ALMA Y MI SER.

Mi alma era la de un solitario vagabundo, pero gracias a tu existencia se ha transformado, ya que tu eres ese poderoso aire que le permite arder a mi fuego dorado, la flor de cuyo néctar un día osé alimentarme, el agua que calma mi sed, que era la de alguien desesperado.

Yo era un hombre mediocre, no destacaba en ningún arte ni oficio, quizá ni Dios me tenía en cuenta, hasta que un sentimiento, antaño improbable, sentí que albergaba hacia mi tu corazón, ese que noto cómo se acelera cuano se encuentra a mi lado, que se alegra al observarme contento, que languidece si doy furioso un portazo, al que con el mismo latido de pasión yo le expreso mi deseo, que es apoyarme eternamente en su regazo.

Porque la distancia me hizo comprobar la verdad de éste sentimiento, algo que jamás en el pasado alcancé a creer que existiera, que como lo estoy probando sé que se encuentra en este a veces cruel mundo, convirtiéndose en un maravilloso secreto que me hace feliz y agraciado.

Por esto mi lucha se centra en ti, que eres lo que más quiero y amo.

Tu llanto ahora es el mío, tú sonrisa un elevado deseo, anhelo que los sueños compartidos se vean cumplidos algún día, en nuestro recién emprendido y ansiado por ambos vuelo.

Sin más debo también decirte, que el mío ya lo he logrado, puesto que tu eres el bello aire, que permite que arda mi fuego dorado.

Mas otra vida sin ti es posible, ya la probaron mis labios, sabes que fui un solitario vagabundo, lo que crece entre nosotros ha conseguido cambiarlo.

Mi alma y mi ser son en este instante en gran parte tuyos, sin ti que me despojen de ello y me lleven a cualquier camposanto, puesto que aprendí a amarme a mi mismo, debido a que por ti me siento amado.

Escrito el 29/07/2014.

RECUERDOS DEL BELLO AMANECER.

Me hallo pleno de felicidad al poder ver tus ojos, de tener este instante para mirarnos fijamente, de sentir tu mano agarrada a la mía, y de notar cómo el influjo de tu sangre se aferra a mí, valiente y sin ira.

 

Nunca me he arrepentido de haberte encontrado aquel día, a voz en grito estabas clamando por una libertad que por la fuerza nos negaban, ni de la charla subida de tono en el que sería el café dónde brotó aquella mutua chispa, la que provocaría nuestro inesperado y maravilloso amor.

 

Evoco aquella noche en la que huimos juntos en la despedida, y aquel lecho entre cuyas sábanas se consumó la pasión surgida. Recuerdo también las tardes floreadas de Madrid en primavera, los paseos pausados recitando poesías en el Retiro, y los besos que robamos al viento, los que guardé en donde se guardan los más sinceros sentimientos.

 

 

Ojalá hubiéramos tenido la eternidad para nosotros, hubiera deseado tanto que un hijo nos perpetuara con su latido en el tiempo….

 

Mas me encuentro contento porque conseguí defender mis ideas, porque jamás me arrodillé ante nadie, por escribir mis pensamientos y tener el valor de publicarlos, por proclamar con honestidad lo que considero justo, lo que creo que no es sólo un ideal, sino algo posible que con sólo conseguir unir cada buena voluntad se conseguirá.

 

Te sonrío y puedo contemplar como me devuelves con dulzura tu sonrisa, puesto que elegimos morir sin que nos taparan los ojos, tu sangre se mezclará con la mía en el momento en que truenen los disparos. Pero no temas, estate tranquila, ya que nuestros asesinos no nos habrán ganado.

Llegamos a este mundo para ser felices y libres, y a tu lado, aunque perezcamos prematura e injustamente, habiendo usado únicamente para defender lo nuestro la tolerancia y la palabra, lo hemos al fin logrado.

 

(Dedicado a todos aquellos que perdieron y pierden su vida por un ideal. Porque aunque consideren que no servirá para nada, teniendo en su mayoría razón, los sueños de justicia y la ilusión, la creencia en un mundo mejor, hace que siga habiendo soñadores, personas que buscan incesantemente, que mueren habiendo tenido esa esperanza quizá ilusa, pero sensata. Por todos ellos, yo rezo porque no se extinga esa pasión nunca, para que haya siempre jóvenes que luchen por conseguir mantener esa llama, la del denominado rebelde, aunque en esta ocasión es por la mejor de las causas).

Escrito el 26/07/2014.

AVE SIN RUMBO.

Respiro el aire puro de los Picos de Europa, abajo quedó Covadonga, su cueva, su vegetación, Don Pelayo la campana y su cruz, pero también cierto aroma de ilusión.

Recorriendo aquellos caminos sinuosos, observando pacer a las vacas, razono sobre la esencia del ser humano, y sólo consigo ver una inmensa oscuridad en la que se distingue en ocasiones algún haz de luz.

¿Qué soy yo? me pregunto, y puedo vislumbrar mi egoísmo, la desidia que me envuelve, este malestar continuo que me corroe las entrañas. Mis compañeros de viaje se burlan, no tienen mala fe en sus palabras, únicamente es que no saben como entender a una mente que piensa y siente de manera diferente, a un alma que quizá ha nacido extraviada.

Lagos entre montañas, en el agua se refleja mi cara, parece cansada. La melancolía ronda mi cabeza, evoca a unos padres ya ancianos, una vida pasada, un desperdicio no enmendado que jamás retorna.

Continúan mis preguntas, ¿he aprendido algo? y me muestro como un niño, soy aquel temeroso zagal que tiene que pedir permiso para hablar, que ruega poder encontrar un sitio que le otorgue un poco de anhelada libertad.

Cojo un puñado de tierra con mi mano, que noto como se deshace y se desliza con ella, todo mi cuerpo es en este instante polvo, ceniza de un mundo que su tiempo nunca frena.

Olvidado por todos, querido con condescendencia por su pena, siendo arena que emigra, ave sin rumbo a la que nadie espera.

Escrito el 11/07/2014.

EL MÁS PROFUNDO DE SUS SUEÑOS

Miró lánguida a través de la ventana, hacía algún tiempo que de su boca no brotaban palabras, el silencio se había apoderado lentamente de su vetusta alma. No pensaba ya en el mañana, y el presente se le había olvidado, vivía de recuerdos de su infancia; su madre hilando en la rueca, su padre con una vara en el olivar, la abuela limpiando judías, el abuelo agonizando enfermo tendido en el sofá.

Al otro lado del cristal crecian rosas, le habían hecho recordar la ausencia de su amor, un gallardo que reposaba en su tumba, cuyos brazos no le daban ya una ardiente pasión.

Sus ojos en este momento no soltaban más lágrimas, y sus labios no mostraban una gran sonrisa, la juventud la perdió hace bastantes albas, y al anochecer una demencia secuestró todo aquello que le quedaba de razón.

La alegría y la ilusión por esta vida hace años se esfumó de su lado, mas en el momento de su callada despedida se encontraban allí reunidos todos sus hijos, los que sacó adelante con mucho esfuerzo, haciéndolo mientras pudo lo mejor que supo.

Ahora ellos celebraban el cumpleaños de esa gran dama, pero ella ya no discernia casi nada en su entendimiento, sus días eran en este instante como nebulosas blancas, y sus interminables noches como una oscuridad sin estrellas.

Ella oía un murmullo, sentía levemente el tacto de sus manos, veía sombras entre luces, que eran movimientos ante su mirada casi ciega y tristemente cansada.

De camino a su cuarto dislumbró a su hijo no nato, el que murió sin poder exhalar un minuto de vida, y clavó su vista en un rincón de su cuarto.

En el calor de su lecho le pidió que la llevase consigo, y al fin soñó el más profundo de sus sueños.

Su cerebro se paró ante su deseo, y su Dios se llevó el espíritu de ese anciano cuerpo.

En un día de lluvia en nuestros corazones, una plácida sonrisa se refleja en su inerte rostro, pues después de una plena existencia, la eternidad en la que tan fielmente creía ha hallado.

(Escrito para mi abuela en sus últimos tiempos)

Escrito el 28/06/2014.

EL SONIDO DE TU VOZ.

Mírate en el espejo, ese que refleja tu rostro, el que se encuentra en frente tuyo.

Observa ahora a este ser decrépito, que consiguió en su lejano pasado un doctorado en filosofía. Prometías tanto en aquellos días….. sin embargo, casi nunca realizabas aquello que te proponías.

Coge un papel limpio e intenta plasmar algo cruel, pero preséntalo de una forma sutil y bella, y di la verdad, grita que mueres por dentro, que vives en un mundo que posee cuatro latitudes que son las rejas de tu cárcel, celda en la cual el horror se crió en tu pupila, que al crecer contrajo matrimonio con tu perpetua melancolía, decidiendo ambos sentimientos hospedarse juntos en tu pecho.

Latido que esparce tu sangre por la moqueta, que mancha de lágrimas las sábanas.

Sí, mírate ahora, en el momento en que comprendes que perdiste hace tiempo tu amor, justo en aquel instante que te abandonaste, en el que olvidaste el rumbo de la senda que te podría haber hecho feliz. Todo por tu indecisión, por tu cobardía, por escudarte en una enfermedad, la misma que expresaste con brillantez en un ensayo, cuyas palabras nunca saldrán a la luz, cuyo borrador guardaste bajo llave para siempre en un cajón.

De repente suena el teléfono, su estridencia me despierta de mi letargo, al otro lado escucho tu sugerente voz, disipándose así mi pesadilla gracias a la dulzura de tu susurro, al ‘’te quiero’’ que al final de nuestra conversación me otorgas.

Me sorprendo con mi pluma en la mano, una hoja en blanco debajo de ella está aún por escribir, todavía no terminé mis estudios de filosofía, mas tomé la determinación de volverlos a emprender.

Veo en este ocaso el reflejo de un hombre joven, en cuya existencia se vislumbra un incierto horizonte. Esta persona que soy yo mismo tiene que escribir una gran obra, la más importante de todas, la que únicamente puede componer mientras respire, que no es otra que la de su propia vida.

En ella desea encontrar su libertad, quiere hallar la eternidad para poder amarte, y la esperanza necesaria para no ahogarse, pues anhela una ilusión que le haga soñar con un mundo alegre, junto a aquello que más le importa, aquello que se encuentra del resto que es un sinsentido aparte.

Escrito el 17/06/2014

FUEGOS ARTIFICIALES.

Cuatro ruedas, dos asientos, un par de amigos, la oscuridad de la noche en la carretera, música melancólica que me trae a la memoria tu recuerdo, ese que a todas horas flota en el viento.

Añoro tus abrazos, anhelo unos besos, me siento tranquilo y en soledad, noto una profunda tristeza, lo que parece ser en mi un interminable abatimiento.

Tú, que eres como esas luces resplandecientes que iluminan el horizonte, así de vivaz y alegre, poseedora de tanto brillo y de un poderoso fuego ardiente, a ti vuelvo mi vista como casi siempre ausente, cegada al desear tu amor, intentando rozarlo con mis dedos, para luego perderlo con la bruma, sintiendo con desasosiego como se esfuma de mi boca el inolvidable perfume de tus besos.

Pienso en ti, en tu felicidad, en lo arrastrado que a veces soy, en mi total carencia de libertad. Me vienen a la mente conocidos gorriones entre rejas, aves más jóvenes necesitadas de comerse este mundo, cuyas alas deben conducirlas a un existir alejado de lo que les hace daño. Mas yo soy yo y mis circunstancias, impotente ante el torbellino que envuelve mi vida, al menos espero que emprendan ellas el vuelo, a pesar de que mi persona se quede contemplándolo con lágrimas desde su tierra baldía.

La goma y el asfalto me guían a mi destino, que no es más que escribir este texto, mis manos durante el trayecto sostienen el plástico de un portaminas, su suavidad, cuya punta quiere esparcir su contenido en una hoja en blanco, una que se perderá con el tiempo, que caerá en un perenne olvido, como tantas sin ningún valor, como muchas que muestran el dolor de su autor.

Textos salidos de noches rodeadas de fiesta, en las que unos fuegos artificiales me hacen sentirte bien cerca, disipando así el temor de mi débil pecho, escapando de este modo de mis sentimientos su pena.

Escrito el 14/06/2014.

 

EL TRINAR DE LOS GORRIONES.

Cuatro paredes eran en este momento como una vida entera, tabiques de un sabor agrio aguardaban con impaciencia, por una ventana lateral se vislumbraba la frondosidad de unos árboles, sus ramas estaban repletas de pájaros que se encontraban ajenos a tanta solemnidad, a tanto misterio, pues no comprendían las palabras que brotaban de aquellos labios, los de esa mujer que estaba vestida de blanco, que albergaba la información de la ilusión o del desconsuelo.

La que hablaba lo hacia con tono grave y un ritmo pausado, los que escuchaban con suma atención eran dos, una pareja que cogía con fuerza un sentimiento entre sus manos, que se hallaba envuelto en sudor, que se encontraba en la boca de su estómago. No querían dejarle escapar, para que así siguiese sangrando en el pecho de ambos, siendo el amor verdadero el mencionado sentimiento, lo que sentían más que nunca en ese momento.

Después de una breve introducción a modo de saludo, un nudo con la explicación de la enfermedad y de sus efectos, llegó el desenlace de la que era una segunda y definitiva opinión.

Mientras que la primera parecía cercenar su existencia condenándola pronto al olvido, a no volver a oler jamás los pétalos de ninguna rosa, a no sentir nunca más el roce del mar en su ombligo, ésta les dio un soplo de esperanza, un ánimo renovado de lucha, un resquicio por donde huir de la muerte, viendo cómo una puerta que amenazaba con cerrarse por completo, tenía quizá una abertura por la que poder observar el sol, por la que poder notar en una nueva mañana en el rostro la brisa.

Salieron juntos a la calle ese día repleta de luz, dieron unos pasos y ella giró su cabeza, no pudo ver entonces lo que únicamente era un hospital, sorprendiéndose al contemplar un edificio de fe ante sí, no uno de desolación, enfermedad o sufrimiento, más bien un lugar donde sanar el cuerpo, uno en dónde en ocasiones este amargo y cruel mundo te guía a una posible salvación, y te da la opción de proyectar más instantes, de sentir más momentos intensos.

Se sentaron en un banco de madera al frescor de unos álamos, la sombra cobijaba su inmensa alegría, se miraron frente a frente con lágrimas en los ojos, y se abrazaron sin soltarse.

Mientras, los gorriones que eran testigos trinaban, elevaban su canto hacia el cielo, en el pensamiento de los amantes el ataúd se cerraba, ellos aún no se encontraban dentro.

Hacia un horizonte incierto caminan, uno en el que hay puestas ilusión y esperanza, uno en el que todavía hay mucha vida, uno en el que una bella melodía todavía algún pájaro entona.

(Dedicado a mi madre y a todos aquellos enfermos de Cáncer).

Escrito el 07/06/2014

EL CORTO

Brotan imágenes desde el ordenador hasta mis pupilas, recorren un camino que yo mezclo con el licor de mi escritura, y una voz se apropia de mi pensamiento, dice palabras que me son tan familiares que podrían sin hacerlo salir de mi pluma…. Porque desde que nací me enseñaron la individualidad de mi persona, pero a la vez ella se siente como multitud de ellas; la que odia y la que ama, la que ríe mostrando su melancolía, la mediocre que jamás creerá ser brillante, a pesar de que alguno así con su razón lo considere.

Soy un ser ajeno que sueña su vida, que nota sin comprenderlo del todo cómo está muerto. Oigo en el mercado ruido y silencio, trasiego de un capital al que no quiero pertenecer, con el que convivo, por el que lucho para poseer mi propia parcela, tal como hicieron mis padres, cuyo sudor me sacó adelante, como lo hicieron los suyos para cumplir su proyecto, del que yo soy ahora la cúspide, la culminación de sus callos y de su esfuerzo.

Mundo de incomunicación, estatuas ante mi voz pausada, que no grita porque no puede, pues sería despreciada como la libertad de mi alma.

Me encuentro en frente de una burocracia que no entiendo, leyes que revuelven mi enfermizo estómago, puesto que soy un individuo que sólo desea expresarse por medio de este arte, aunque veo el mundo que lo rodea contaminado y sin sentido. Por ello ruego ser algo más que ser un mercenario del papel en blanco y la letra vacía, cuyo triste y único valor estriba en la moneda del prosaico.

Ante esto me lavo las manos, me olvido de mi y del universo, soy un ser sin esperanza, un hombre falto de ilusión que observa como sus padres comen y callan, entreteniéndose como están los dos con el juego de su lamento.

Más incomunicación, entre ellos y yo, entre mi persona y el mundo. Retorna el aburrimiento de vivir, me ahogo en esta existencia en la que me escondo a través de un rostro impasible, que busca en otros su motivación, que desea aprender sintiendo y mostrando emoción, ya sea ello para mal o para algo que le impulse a ser mejor.

Sociedad joven convertida en adultos inertes, y yo quiero en ella tantas cosas….

Quiero amar a esa mujer que pisotea mi sentimiento, necesito respirar aire puro, poseer entre mis manos algo bello, pero frustro todos mis sueños, como hicieron antaño aquellas personas a las cuales conozco, pues soy sin remedio un espejo de ellos.

Escucho sermones en los que no creo, peroratas de salvación, gente que proclama un mundo justo, y descubro que en ello no tengo fe, mire a donde mire sólo vislumbro un desierto, y yo, figura ingenua e impotente, me encuentro en su inmensidad, sin saber jamás hacia dónde debo guiar mis pasos, sin entender nunca dónde terminarán.

Apago la pantalla que ahora se halla en oscuridad, contemplo lo negro de mis pensamientos, y siento el deseo de continuar en la lucha, necesito renacer en el alba, descansar ahora en este ocaso, para poder mirar con dignidad al sol en la próxima mañana.

Escrito el 26/05/2014.

AL TRASPASAR SU OSCURIDAD.

En una mañana tórrida de pleno mes de agosto, se oían plañir unas campanas surcando el viento, preparándose para el que algunos presumían un solemne acontecimiento.

El novio, esbelto, alto y bien parecido, esperaba a la entrada de la iglesia. En la lejanía y acercándose cada vez más, un carruaje nupcial transportaba a una mujer de radiante y blanca vestimenta, pulcra en apariencia. Mientras, un buitre sobrevolaba las inmediaciones de aquella serranía.

Los inocentes zagales reían al intentar alcanzar con sus manos a unas huidizas palomas, que recelosas siempre escapaban.

Ayudó el galán sosteniendo con su palma levemente la palma de la astuta novia, para que ésta descendiese las escaleras de aquel lustroso y vetusto vehículo. Entonces se pudo oír el relincho sosegado del caballo al ver como se alejaba la pareja.

En la iglesia, un rosetón que se encontraba en uno de los fondos, dejaba penetrar un haz de luz multicolor que se reflejaba en un suelo de mármol recién pulido y en los bancos de madera en dónde  se congregaban aún sin sentarse los invitados.

Se encaminaron al paso del himno nupcial al otro extremo de aquella estancia, que contenía clavado al altar un cristo crucificado sencillo y bello. Las notas musicales llenaron de melancolía el sentimiento de los solteros allí presentes, y de nostalgia a los que ya fueron desposados hace tiempo.

En el sermón se habló del amor, de compartir una vida en el seno de la bondad y la cristiandad. Sin embargo, él se encontraba ausente, se hallaba en un lugar indeterminado de su mente.

Entonces al escuchar las palabras “quieres a esta mujer por esposa” se estremeció su cuerpo. Ella le sonreía impaciente, el silencio recorrió la iglesia que parecía en ese momento un sepulcro. Se dio cuenta en aquel instante de que el sentimiento hacia ella jamás existió en su pecho, que ahora latía tranquilo.

La miró a los ojos traspasando la oscuridad de su alma, se volvió hacia su anciano padre y al momento tornó sus ojos a la cruz. Finalmente, fijo en el libro Sagrado, espetó un “no” que resonó con ímpetu en la bóveda y en el corazón de la amiga que se hallaba escondida, pues siempre pretendió ser más, porque realmente le quería, soltando sin poder reprimirse un suspiro de alegría.

Él cruzó la estancia mientras todos le observaban incrédulos, y dejó el odio personificado plantado en el altar.

Al salir, abrió sus brazos exhalando aire libre, y contempló cómo las palomas se elevaron para, en un esperanzado intento, alcanzar el cielo.

Escrito el 14/01/2014 reescrito y publicado el 14/05/2014.

 

LA GUERRA.

(Este texto está dedicado a todas las guerras, las bélicas y las que acontecen en toda existencia, porque están llenas a veces de un sinsentido, porque en ellas hay que aposentar siempre la esperanza de sobrevivir, a pesar de la dureza de sus embestidas, porque hoy más que nunca este autor aprecia lo que es vivir, y da las gracias a aquella persona principal que le ha dado la vida. Porque siempre estaremos juntos en todas nuestras batallas, tan sólo ambos tenemos que querer vencerlas)

 Era un niño de cinco años, y unas imágenes se grabaron para siempre en mi memoria.

En ellas vislumbro una barricada construida con sacos de arena, tras ella un hombre retorciéndose en el suelo, con una mueca grotesca en el rostro daba alaridos de dolor, junto a él otro, apenas un adolescente que empuñaba un fusil entre sus manos, su expresión reflejaba la palidez del pánico. Vi como dejó el fusil a su lado en el suelo, y se levantó temblando con lentitud haciendo lo propio con sus brazos, al instante gotas de sangre tiñeron el cielo, y comprendí que la metralla en aquel momento le arrebató la juventud y su alma.

Corrí a través de esa calle en dónde hacía apenas un mes jugaba con mis compañeros de clase a la pelota, tropecé y caí al duro asfalto, al levantarme descubrí la cara de un amigo de la infancia, un ser inerte, un testigo de aquel horror que había sido perdido para siempre.

Ruido de disparos, gente apresurándose de un lado para otro, personas aturdidas en esta ciudad sombría de humo y escombros, lugar de historias sin vida. Aquí el olor te hacía tener arcadas, la visión caer en la cuenta de lo que es el terror, tras la esquina apareció una escuadrilla de soldados del bando contrario al mío, eso era lo único que sabía de esta guerra que no creé yo.

Uno de ellos me apuntó con su pistola, sentí un golpe a mi espalda a la vez que oí el estruendo del salir de una bala, sangre brotaba entre mi pecho y el de mi madre, que me abrazaba y me cubría dándome susurros de aliento mientras transcurría aquel día interminable.

El cuerpo que me dio la vida, con su valentía también me la salvó, los dos en el hospital de campaña sobrevivimos a la muerte en aquella ocasión.

Ahora que soy ya un anciano, que comprendo que aquella como muchas locuras no sirvieron para nada, pongo flores en la tumba de la persona que fue por mi de entre todas la más amada. Aquella que estuvo junto a mi muchos años, a la mujer que me otorgó el más preciado regalo.

Escrito el 13/05/2014.

SENTIRSE AFORTUNADO

Por un viaje, por un reencuentro.

Después de un mes y su tiempo, no escaso de nerviosismo e incertidumbre, de confidencias en la lejanía y la frialdad de un teléfono, sin vernos el uno al otro frente a frente, dándonos cuenta de lo que nuestro mutuo pecho sentía, sin poder besarte por la noche, sin pretender acariciarte al aparecer el día.

Mas allí estaba ella, espléndida y radiante, morena extranjera conquistadora de la patria de mi felicidad, carcelera del deseo, de mi admiración constante, flor que oculta una mayor belleza en su interior que en lo hermoso que a toda vista sobresale.

Caminamos juntos entre el bullicio y la gente, en un Salamanca monumental, que con su embrujo nos abrigó, nos acurrucó en un sueño, haciéndome sentirme pleno, sorprendiéndome ante cualquier reto valiente.

Vetusta piedra, calor que juega con dos amantes, en la ciudad que para ambos se convirtió en eterna, que en su memoria será un recuerdo de su unión en ese instante.

Al verse aterrizar el ocaso, la más maravillosa dama ante mis ojos, esa dulce esmeralda que me otorga esperanza, la cual disipa completamente mi melancolía, entra en el romántico restaurante que elegí, un lugar de ensueño, al que galante y complaciente la llevé. Jazz envuelto en luz tenue, miradas cómplices, manos un poco sudorosas, pues me encontraba ante la única mujer que ha conseguido sacar un te amo honesto y maduro de mi boca.

Mas tarde suspiros y abrazos, espera en el lecho al alba siguiente, para volver a la rutina de la existencia, para regresar por su ausencia al solitario hogar, para retornar a la vacía y gris ciudad, cuyos muros me alejan de ella  corporalmente.

Sin embargo, hoy me siento el más afortunado de todos los hombres, gracias a esta mujer de exótica belleza, que sus maravillas lentamente me muestra, y cuyo sentimiento me hace encontrar un respiro en mi larga senda, la que como todo humano he de transitar.

En este momento otorgo mi gratitud a esta vida, que me dio tantos golpes, pero a la vez alguna bondadosa caricia, y la suerte de tener a unos familiares que comparten mi hasta ahora inusual alegría. Esa que invade mi alma, y que hace que al fin este humilde servidor comprenda lo que es en este mundo el amor y su arte.

 

Escrito el 11/05/2014

PENSAMIENTOS DEL AYER Y DEL HOY

El era un tipo descreído de Dios, de pensamiento mundano y nihilista, pleno de hastío se sentía ante la vida. Por lo demás, tenia un carácter reservado y taciturno, paseaba por las calles de Madrid, esa ciudad que se le antojaba llena de vetustos escombros y de inhóspitas madrigueras en donde se ocultaban las más inhumanas bestias.

Todo era decadente, retorno hacia un pasado castizo que desaparece, que huye con el tiempo, que sufre su propia tempestad en la fría intemperie.

Un día, sin nada que hacer en especial, la encontró a ella, sentados uno frente al otro en un café, con sus ojos contempló como hipnotizado su exótica belleza. Aquello le deslumbró, y su pecho comenzó a latir, pues ante ella cayó presa.

Quedaron otra vez, una tarde que era para él de desasosiego y de escasez de descanso. Se dejaron llevar, y la luna les vio pasear por la Calle Mayor, testigo de aquel fulgor que apareció , fue un gato solitario.

Cerca de allí, el primer beso, el primer abrazo, al lado de la iglesia de San Miguel, la cual no se ruborizó, sino que pareció mostrar con complicidad una amplia sonrisa ante la sinceridad de aquel acto.

A partir de ahí empezó a soñar, ya que junto a ella alcanzaba el cielo, y se atrevía a jugar en lo alto, con las lejanas hasta entonces estrellas.

Después entre los dos un paréntesis en el reloj, y una despedida que lo pareció, pero que afortunadamente no se convirtió en eterna.

Al retorno nervios, caricias y pasión, locura con control, y al fin la consolidación de lo que era en su corazón un mutuo deseo. Gracias a su amor él empezó a creer, sin saber aún muy bien el porqué, en un sentimiento compartido entre un hombre y una mujer, algo que descubrió que era bello.

Ahora se les puede ver a éstos enamorados viajando a Salamanca, ella duerme junto a él, que intenta torpemente escribir, lo que esa mujer significa en su e existir y en su joven alma.

Mas en el papel sólo se halla una palabra, esta es amor, y con su total devoción, a la que se despierta en este amanecer a su lado, con alegría se la dedica, y con ilusión en los labios un beso la otorga.

Escrito el 09/05/2014.

UN MUNDO POR DELANTE.

Una tarde soleada de primavera, en un diferente hogar de una misma ciudad, al otro extremo de un caminar ajardinado, de un paisaje floreado y tranquilo, ese que como un sueño es a menudo considerado.

Una urbanización ajena al ruido, solitaria al bullicio, plena de paz y sosiego, allí se halla entre otras esta familia, la que inicia junta un eterno vuelo.

En su seno habitan hasta esta hora tres miembros, puesto que otra nueva luz se acurruca a la espera, dentro de poco podremos contemplar su estela corretear por el campo cercano, pues empezará con su brillante palpitar a dar guerra y felicidad a cuantos le rodean.

Un perro con rastras me da la bienvenida, miedoso en el primer instante ante mi presencia, el otro se muestra cauteloso, observa y olfatea el olor de aquel extraño, la que le atrae de él la suave brisa.

Lugar acogedor, en donde habita un niño de ojos vivaces, el hijo de un viejo amigo, con el que sin esperarlo me topé de nuevo en mi camino. Ahí está, cambiado pero igual, y me cuestiono cómo me verá su mirada, pues la mía se alegra del inesperado reencuentro con intensidad.

Ambos apreciamos juiciosamente el presente, el futuro no sabremos jamás que nos deparará, él consiguió una esposa a la que ama, y con su mutuo latir formaron un nido familiar. Una existencia estable, dentro de lo que es este mundo y su tempestad.

Cuando le observo con su hijo al lado, y le veo pasear con orgullo hacia la cercana acequia, mi corazón no puede mas que sentir una sensación sana de envidia. Pues en mi se halla ese secreto deseo, ese proyecto de amor y de temor, ese que sólo provoca la querida paternidad.

Soy consciente que a nuestros pies se encuentra el agua que se llevará lo malo que vendrá, ya que lo bueno en lo profundo del alma permanecerá.

Mi antiguo compañero me expresa su intención de otorgar a ese ser que recién empieza lo que él pueda de libertad, procurando hacerle seguro de si mismo, ante lo que es el resto de la sociedad.

Después apareció un dragón que es un cocodrilo, y cuyo nombre es    ¨Cocá ¨, un balón llamado gol, y una sonrisa que fue producto de mi debilidad.

Al final llegó la despedida en el ocaso, con un beso de este niño lanzado al viento, uno que se aposentó con dulzura y candor en mi mejilla, uno que le devolví con mi sentimiento.

Él es un ser querido, cuya fisonomía y carácter crecen a cada instante, que descubre raudo lo que es su entorno, pues en su mente entra ahora la información a raudales.

Pensamiento inquieto, mantente así en el tiempo, ya sea en la lejana Alcarria, o en el en este momento pero no para siempre inmenso Madrid.

Tienes un mundo por delante, el tiempo te dará la sabiduría que en él necesitas, junto a los tuyos aprenderás a interpretarlo y conocerlo, y ten por seguro que tus padres sé que te ayudarán en esta vida y tu trayecto.

No le temas nunca a pesar de algún inesperado infortunio, pues de lo que nos ofrece debemos disfrutar, no decaigas en ninguna permanente tristeza, el sol de nuevo al siguiente día saldrá.

(Dedicado a mi amigo Luis Ángel y su familia).                                                

Escrito el 04/05/2014.

ALGO QUE CUIDAR.

Camino por una senda de tierra y amapolas,  a ambos lados jóvenes pinos me otorgan su sombra, a cada paso que doy razono si hice bien esto o aquello, si con el resultado obtenido de mis propias decisiones estoy realmente contento.

Un tren transita por su vía, con un golpe de viento me proclama su adiós, yo estoy ahora parado en el solitario andén, observando como se pierde en la lejanía la que quizá era mi última oportunidad.

Regreso al hogar como siempre, pensativo y con nostalgia, por las ocasiones de ficticio éxito que se fueron, por aquellas que dejé sin razón alguna marchar. La ciudad se contrae y me oprime, se expande y me hace libre, ella fue la que me eligió, y yo la corresponderé amándola, hasta que mi corazón ceda, hasta que suspire en su último instante.

En Madrid, en su colosal mezcla castiza, aposenté mi alma en pena, se la ofrecí a su cielo y su subsuelo, en el cual me encuentro esperando un milagro, que nunca llega, que no lo hará nunca.  Sin embargo, a este lugar maldito le disculpo y le quiero, a pesar de sus múltiples defectos.

Llego a mi transitada y maloliente calle, llena ésta de humo que obstruye la garganta, de gente que sin cansarse se afana, que a pesar de su esfuerzo sólo consigue quedarse estática, que se apresura en lo que realiza para poder olvidar, alejar su melancolía, pues aunque mucho mayor es la tristeza que les rodea, su ceguera es la que les hace que su llanto sea en vano.

Subo unas escaleras de mármol e introduzco mi llave en una cerradura, que cede, entrando en silencio en aquella casa, la mía, que me reconoce saludándome con su calor sutilmente.

De repente, cual estrella deslumbrante al fondo del pasillo, aparece ella, mi compañera y amante, la única que consiguió remover mi pétreo y helado pecho, la mujer que lo hizo latir con una inusitada intensidad. Justo detrás de ella aparece una diminuta criatura corriendo hacia mis brazos, ella es nuestra hija, a la que ambos educamos, y al fin caigo en la cuenta de que en estos seres se halla mi esperanza, la ilusión que me incita a respirar, la verdadera razón que yo encontré para vivir.

Es entonces, en el momento en el que siento más cercanos sus cuerpos, cuando se disipan todas mis dudas, dándome igual los sueños de juventud abandonados, porque sé que al renunciar a ellos alcancé lo más bello, lo único que merece la pena en mi trayecto, aquello que me enseñó cual es el auténtico significado de la palabra felicidad, lo que deseo que jamás termine, lo que con sinceridad y devoción yo amo.

Algo que hay que cuidar porque si no todo es un sinsentido, porque si no la muerte y su guadaña me acechan, porque si no, no me merece la pena seguir por un camino de espinas y aspereza.

Escrito el 21/04/2014.

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A MI QUERIDA MADRE.

En este día deseo decirte al oído, que me siento alegre a pesar de que una tristeza se halla en mi pecho, mas no te preocupes ahora por mi, pues debes cuidar de tu salud y de tus sentimientos.

La vida ha sido demasiadas veces injusta contigo, en demasía te ha hecho sufrir, por ello intentemos disfrutar intensamente el momento, nunca sabremos lo que nos deparará lo que está por venir.

Quiero contarte que me siento pleno porque he alcanzado ese estado en el que uno es feliz,  ya no me importa mi pasado caótico, ni aquello que la gente que no me importa puede opinar de mi. Al fin se siente en paz mi alma, puedes ver si te fijas una sonrisa en el centro de mi corazón, tan sólo siento que soy culpable, por aquel dolor que antaño mi situación te propició. Tantas veces me hallé perdido, sentí tanto profundo desaliento, que como sabes en ocasiones deseé no respirar, y tú en aquellas situaciones siempre estuviste a mi lado, todas las veces que nadie sabía si podría volver mi cuerpo a despertar.

Tú luchaste por mi como nadie lo ha hecho nunca, no te dejaste jamás intimidar por los demás, sé que me defendiste en más ocasiones de las que me he podido enterar, y que en demasiadas noches mi situación te hizo llorar.

Confiaste en mi persona, esto nunca lo podré olvidar, yo mismo no creía en mi, y vagaba como un errante despojo por esta sociedad. Tú me sacaste del pozo, tu sacrificio me enseñó lo que realmente es amar.

La batalla ganaste, mírame madre, gracias a ti ahora soy lo que soy, por ti volví a tener esperanza, pues tu eres la persona que me ayudó a continuar mi trayecto, la que me otorgó la posibilidad de tener una segunda oportunidad.

Por ello y por más te quiero.

Soy consciente de que casi nunca salen de mis labios tales palabras, tan sólo sé expresarlo en alguna hoja blanca, perdóname si algún pudor siente mi alma.

También dejo constancia de que pase lo que pase, ya sea en esta tierra o cuando quiera venir a abrirnos sus puertas el cielo, yo estaré eternamente a tu lado, a pesar de que la ignorante distancia diga que me hallo lejos. En mi corazón tienes tu morada, porque sé que nadie como tú me ha amado.

Por favor te pido que no dudes nunca que te quiero, a pesar de que por mi completa torpeza rara vez te lo demuestro.

A mi madre.                                                                       Escrito el 29/03/2014 .

 

LA PAZ DE SU ALMA.

Miró su reloj, se dio cuenta de todo el tiempo que ya se había convertido en pasado, en la lejanía de la niñez, y en el transcurso de la cruel enfermedad, esa que le acompañó en su adolescencia, aquella que por aquel entonces devastó su futuro, el que se prometía brillante, cambiando de forma definitiva el devenir de su existencia.

Ahora se le ve sentado, en una plaza del centro de un Madrid que ama, en esa ciudad espera en un futuro morir.

Los transeúntes pasan distraídos a su lado, no se percatan de su insignificante presencia, esa que empieza a aceptarse, la que comienza a valorar lo que hace, pues su persona no realiza nada para contener un siempre ilusorio éxito, ni por complacer a nadie, únicamente busca hallarse en paz consigo mismo, por fin se respeta sintiéndose así libre.

Mueve su cabeza hacia un lado y hacia el otro, espera algo impaciente, a un ser que se le representa como un sueño, algo que deseó y que con cierta sorpresa en realidad se convierte.

En este momento era consciente de lo que su mente hace tiempo sabía, pues experimentó la belleza de éste mundo al verla acercarse lentamente, y al poder observarla frente a frente entiende lo que es sentirse alegre.

Halló la felicidad que es auténtica, esa que jamás proviene de nadie, sino que viene de un lugar interior, quizá del fondo de la emoción que siente el vientre.

Y es que ahora es un ser libre, y contempla su futuro como algo que pase lo que pase merece la pena vivirse. Encontró en si mismo una fortaleza que permanecía oculta, y lanzó un suspiro mezcla de placer y pasión cuando tus labios beso y tu sonrisa descubrió.

Escrito el 29/03/2014.

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PACTO DE ÉXITO.

Observo descender el ataúd, como suena la tierra al caer encima, en mi mano hay una carta arrugada, la encontré al amanecer encima de su escritorio.

Ayer se le veía feliz, tan exultante y radiante que no parecía él, puesto que desde hace un par de semanas su personalidad y sus costumbres habían cambiado por completo, de una manera radical.

Catorce días de lujuria y desenfreno, de una intensidad inusual y de éxito. El primero de ellos lo recuerdo perfectamente, me llamó de madrugada y me dijo entre risas un tanto nerviosas que había realizado su mejor obra. A la mañana siguiente pude leerla, pero a él no le reconocí en ella, no eran sus frases ni su forma de expresarse, yo sabía que no la había escrito él, pero al preguntarle se limitó a sonreír guiñándome un ojo.

Se fue de viaje, me llamaba desde Berlín, Ámsterdam, París, relatándome escenas de pasión y de sexo con hermosas mujeres, que se le ofrecían encantadas, deseosas de él, cayendo como hipnotizadas ante tan sorprendente y nuevo seductor, aquel que hace muy poco era un desgraciado, un bohemio, un soñador, un personaje desterrado del mundo del éxito, un escritor maldito, cuyo destino se había transformado de una manera que me cuesta permanecer incrédulo ante un hecho que reconcome mi pensamiento.

Están sellando la tumba, la del hombre ganador en el día de ayer de uno de los más prestigiosos premios literarios, aquel que es deseado por muchos y alcanzado por muy pocos. El sol brilla en lo alto,  la brisa bambolea los cipreses levemente, el sacerdote nos da su bendición, expresa un último adiós al difunto, y la gente se dispersa. Medio escondido pero aún visible, una figura vestida con capa negra y sombrero de copa me observa fijamente, me clava unos ojos que parecen de fuego, me saluda y desaparece al momento, como si hubiera sido un espejismo, ante lo que me quedo parado, cuestionándome si esa visión había sido un producto sólo de mi imaginación.

Entonces noto el tacto de la carta en mi mano, la escrita hace dos semanas por mi amigo, en ella se aprecia con claridad una rúbrica hecha con sangre, y se pueden leer las siguientes palabras “ me encomiendo a ti Satán, para conseguir mi éxito “.

Un escalofrío recorre de abajo a arriba mi cuerpo, mi mente nunca había creído en el Diablo, no podía concebirlo, pero en este instante tristemente comprendo, que el cuerpo de mi amigo arderá eternamente en el infierno.

ESCRITO EL 20/03/2014

EL SENTIDO.

Ayer noche me puso las cosas difíciles una mente que considero brillante a la vez que perdida. Hablamos sobre el arte, la pureza y la muerte.

Recordé tiempos no tan lejanos en los que deseaba abandonar éste mundo, desaparecer sin dejar rastro, casi nada escrito, todo callado, y lo hecho cerrado con llave para siempre en un cajón.

Entonces fue cuando me topé de bruces con la muerte, y tuve en ese momento que tomar una decisión. Lo habitual en las personas es realizar una simple llamada de atención, lo mío fue un intento definitivo de huida.

Muchos creen que el suicidio es cosa de cobardes, seguramente ellos no han visto todas sus puertas cerradas, la oscuridad cruel en días llenos de sol, seguro no han tenido el acero afilado de un cuchillo entre sus manos apuntando a su pecho, y no han comprobado el ardor que produce un puñado excesivo de pastillas, lo amargo de ellas en la boca, ni saben de la valentía que hay que encontrar para dar ese último paso.

En ese instante por favor, le pido que razone, cuando esté a punto de abandonar esta vida, recuerde aquellas horas menos grises, y luche por ellas.

Es mi humilde consejo, y no es que ahora tenga mucho sentido mi existencia, puesto que éste depende del que cada cual le quiera dar, en realidad continúo perdido, sin hallar mi lugar, pero comprendo que me debo a los que fueron más débiles, a los que tuvieron menos suerte que yo.

Confieso que me desprecio constantemente, pero también que cada amanecer me miro en el espejo y me intento querer, luchando por aceptarme con todas mis complejidades, tristezas y contradicciones.

No me etiqueto, no siento apego hacia ninguna institución, jamás apoyaré a nadie ciegamente, sin embargo me pongo nombres, me sirvo de organismos que me ofrecen intereses, y soy inmensamente fiel a los que siento que me quieren.

Soy consciente de que casi nadie desea la sinceridad, que la mayoría prefiere mentiras piadosas para así poder ser felices rodeados de falsedad, en cambio yo pretendo la verdad, y entiendo perfectamente el abandono que me brindó mucha gente en su camino, y que me tuerzan el gesto cuando me ven, pero elegí mostrarme tal cual soy, el que me aprecia lo hace por ello y no por una aparente mentira.

Nada me pueden enseñar del dolor, de la culpa o del sufrimiento, menos del deseo de morir.

Todo es decisión.

Yo decidí ver cada día un nuevo sol, buscar un sentimiento de amor, algo bello, tu puedes dejar de hablarme, no verme nunca más, puesto que a pesar de que no lo hicieras no por ello me iba a sentir menos solitario y triste, no por ello terminaría mi búsqueda de la felicidad.

Y es que estoy extraviado en este nuesto mundo.

Ahora puedes comprender mejor porqué me siento como un pobre vagabundo, que anda medio ciego y aturdido, pero que es coherente con lo que realmente es.

Escrito el 14/03/2014.

EN LA OSCURIDAD DEL DÍA.

Me despierto entre la bruma, sintiendo desasosiego por una ausencia, observo la negrura de mi cuarto, sus distintos tonos, las siluetas que se forman, y me lleva todo de vuelta a un cuerpo casi olvidado, siempre cruelmente recordado.

Me incorporo despacio, apenas sin emitir ruido, con sigilo abro la puerta de mi cuarto, y me detengo a escuchar pensativo el silencio. Los demás duermen, como es habitual desde hace tiempo yo estoy despierto, desvelado en la noche, viviendo medio adormilado, como si todo fuera un mundo completamente irreal.

Problemas sin resolución, sintiendo mi impotencia, queriendo con las uñas de mis manos rasgarme la piel, deseando ser devorado por las fauces de una bestia salvaje, puesto que busco la belleza, hallando en estos días únicamente fealdad.

Me apena la incertidumbre de un futuro al que parece que no camino, estancado, sumiso por unas circunstancias, manteniendo una mirada ardiente de pasión por la huida, aposentando en el interior un corazón cansado de existir sin ningún tipo de control, hallando hasta ahora a las mujeres equivocadas, cuyo error es solamente mi persona.

Desesperanza, desánimo, me encuentro en una calle vacía, solitaria, y hace frío, pero ya nada importa, ni la desidia de los días, ni el desconsuelo de mi anhelante pecho, que no entiende su llanto, cuando está reflejando en su rostro una falsedad, la de encontrarse feliz.

Pues sé que me falta algo, un hálito de vida, alguien que llene mi alma vacía, que jamás halló una verdad que le alivie, ni un amor con quién compartir su soledad.

Ahora el sol amenaza con aparecer, y yo melancólico retorno a mi cama, entre cuyas sábanas cierro mis ojos, y es que en este día todo es oscuridad.

Escrito el 11/03/2014.

LA PINTURA DE PARÍS.

Se hallaba apoyado en el borde de la mesa  de su despacho, en sus manos una hoja vacía de contenido, que al mismo tiempo le atraía y le producía una tremenda angustia.

Parecía que hoy las musas le habían abandonado de nuevo, dejándolo a su suerte, y en su interior como en tantas otras veces presintió que jamás volverían, invadiéndole la melancolía, sin saber si podría volver a escribir.

La pluma cerrada a su lado, y en el exterior de aquella habitación hacía un día soleado, que le invitaba a salir, a pasear por el monte cercano, a olvidarse del mundo perdiéndose por aquellos pinares. Necesitaba buscar la soledad, el sosiego preciso para poder pensar, puesto que su vida últimamente iba demasiado deprisa.

Su mente estaba excesivamente activa, y le pedía a voces un descanso, uno que nunca llegaba, que se escapaba a favor de su imaginación siempre activa, que si no se mantenía atenta a algo, podía arriesgarse a la dispersión, a la tristeza, para terminar recluyéndose en la cama con Morfeo, con el deseo de escapar de una vez por todas de esta vida.

Desesperado, loco entre sus libros como don Quijote, igual de lúcido y soñador, rasga la hoja y su blancura por la mitad, repitiendo la escena hasta que queda hecha un puñado de añicos, dejándolos a continuación resbalarse entre sus dedos, esparciendo aquellas virutas blancas por toda la habitación.

Estaba como demente, por no saber que más contar, por haber llegado a desnudarse por completo ante los demás.

En ese instante plantó la mirada en uno de sus cuadros, el que compró hace unos años en París, consolándose con su belleza, una que no pudo crear él.

Se maravilla por su suave tonalidad, por la maestría utilizada en la combinación del color, y abstraído observa como aquella luz sale del lienzo para penetrar en sus ojos, mezclándose en ese momento con la sangre de su cuerpo, que se difumina, que se torna en un elemento etéreo, sin forma, sin control.

Él y aquella pintura ahora son uno, en ella encontró la armonía que precisaba su alma, y consiguió contemplar al fin la belleza de su cuerpo, que ya no es carne, sino algo totalmente incierto.

Escrito el 09/03/2014.

LA FRUSTRACIÓN.

Observo desde el cuarto conyugal como la mujer que un día creí amar se va a pasear con unas amigas. La miro con frialdad mientras ella se despide lanzándome un beso, mostrando una falsa y nerviosa sonrisa desde el auto familiar.

En ese momento pienso en mi hijo, en su llamada pidiéndome más dinero, sin preguntar siquiera que tal me encontraba yo, o mencionar como estaba él, sin mayor comunicación que una petición, como si yo fuera un prestamista al que no se tiene porqué devolver lo otorgado, e intento razonar qué es lo que hice mal, ¿acaso no le enseñé el valor de la honestidad?, ¿no le inculqué el deber de tener que ser coherente con su palabra y con su hecho?, ¿no le mostré adecuadamente el camino y los frutos que da el ser responsable?.

Yo quería haberle educado para que pudiera ser libre, para que eligiese y pensase por si mismo, no para si mismo. Le llevé a museos y leí con él buena literatura con la esperanza de que lo llegase a apreciar, pero él prefería las revistas de mujeres desnudas e irse noche si, noche también, de fiesta. Ahora, por influencia materna, estudia económicas, y para conseguir buenas calificaciones se acuesta con su rectora, aunque él cree que yo no lo sé, al igual que su madre, él únicamente piensa que sé lo que le hizo a su supuesto amor, y le odio por ello, a pesar de haber nacido de mi no le considero mi hijo.

Entonces me viene a la mente mis años de juventud, la hoja en blanco y mi vieja pluma en mi mano, los paseos solitarios, las cenas con los amigos, y las tardes de cine en los cines Verdi o en los recién desaparecidos Renoir, recuerdo mis primeros besos, aquellos labios que me los concedieron, los cuales pertenecían a otra mujer, aquella que realmente me amaba y que yo estúpidamente rechacé, porque la belleza exterior de la que es todavía mi esposa, era a la vista de cualquier otro más deseada.

Lo tengo decidido desde hace días, voy a comenzar a hacer mi maleta, puesto que me defraudó la vida, puesto que me defraudé yo mismo, y porque detesto a mi hijo y a esa señora con la que me casé algún mal día, no queriendo saber nunca nada más de ellos.

De ella, porque descubrí su engaño, su falsedad. Fue casualmente, la tarde que le quería dar una sorpresa regalándole una Orquídea, aproveché que se había ido de compras con una de sus amigas, cuando a lo lejos la vi, entrando en un hotel con otro hombre, acariciándole y dándole besos en la boca y en el cuello, corroborándolo después con su amiga, la más fiel hasta entonces, que cohibida me dijo cuanto lo sentía.

Y de mi hijo, no por dejar preñada a su novia, no por intentar ocultármelo como lo intentó hacer con lo de su tutora, sino por obligarla a abortar sin ser el deseo de ella, amenazándola con abandonarla a su suerte, a ella, que inocentemente lo haría todo por él, pues su sentimiento si que es verdadero.

Por ello fracasé, lo reconozco, tan sólo espero estar a tiempo de empezar una nueva vida, la mía, aquella que perdí por un amor ficticio que ahora deseo olvidar, pues más dolor que el que me ha causado no cabe ya en mi pecho.

Escrito el 05/03/2014

LA CIMA.

Hace frío, mis manos se encuentran ateridas, sujetas a esta helada y resbaladiza roca, la cima está muy lejos. El sol desciende, empieza a ocultarse en este ocaso invernal, me pregunto por qué haría lo que he hecho en mi vida.

Por qué recién salido de la adolescencia cogí una maleta casi vacía y me marché sin despedirme de mi hogar, buscando una independencia y una libertad que se tornaron ficticias, puesto que siempre fui un esclavo de esa sociedad que no me comprendió, en la que convivía como un reo más, siendo a la vez diferente, hallando únicamente un poco de respiro cuando me escapo de la ciudad, para escalar altas montañas, en cuya base recapacito, observando que cuánto mayor sea el reto, mejor me encuentro conmigo mismo, ya que la lucha más feroz contra el medio es lo que más me motiva.

Estando en este lugar, en medio de esta belleza que se me ofrece frígida, vienen a mi memoria imágenes diversas; mi primera bicicleta, el patio de mi escuela, la casa de mis abuelos, la estufa de color rojo que se hallaba debajo de la mesa de su salón, cuyas brasas desprendían tanto calor, tanto bienestar que en este momento se esfuma.

Por qué abandoné a mi madre, cuya existencia mantenía una cruenta batalla con un tumor, huyendo cuando ella más me necesitaba, escapando de aquel auténtico amor sentido hacía mí. Lo sé, fue por no poder corresponderla con similar sentimiento, siendo en este instante como una llama ardiendo en mi pecho, ahora, cuando más frío se encuentra mi debilitado y cansado cuerpo….

Pero sobre todo la recuerdo a ella, mi amada. La tibieza de su abrazo, el fuego de sus besos, la sinceridad temblorosa de su voz, pronunciando en susurros que me amaba, que anhelaba dejar transcurrir nuestras horas en mutua compañía, a lo que lleno de la más tediosa falsedad, respondí que yo no lo deseaba, negándome así un compromiso querido por ambos, del que me alejé por no hallar el coraje suficiente para encadenarme a su amor, por no encontrar la osadía necesaria para ser feliz junto a ella, empañándome en escalar montañas en parajes cada vez más remotos, escondido de cualquier rastro humano, acompañado solamente por la inmensidad del silencio, y también por la a menudo cruel y eterna soledad.

Hace frío, mi corazón se ha convertido en una masa de hielo, vuelvo el rostro para contemplar cómo desaparecen los últimos rayos por el horizonte, pidiendo perdón a mis seres queridos, arrepentido por mi total cobardía.

En el final, en mi último suspiro, ruego a Dios que se apiade de este ser ruin, puesto que jamás supe amar a nadie.

Escrito el 27/02/2014

EL RETORNO A MI HOGAR.

Llegué al umbral de la puerta de aquella casa, la que fue hace tiempo mi hogar. Desde la verja pude observar como el jardín de la entrada que antaño se veía tan bello, tan esmeradamente cuidado, aparecía ahora como envuelto en una maraña de maleza, la cual ocultaba lo que fue tan hermoso. Los ventanales tenían las persianas bajadas, y de sus balcones descendían enredaderas secas llenas de hojas marchitas.

Me recibió con un fuerte abrazo el amigo más fiel de mi familia, el señor Balzac, que me sugirió que no entrase, puesto que aquello me iba a resultar profundamente desagradable. Sin embargo, sin hacer caso alguno a sus requerimientos, penetré traspasando la frontera que pasa de la realidad a los recuerdos.

En la cocina vi la imagen de mi madre, sonriendo, agarraba en su mano la cuchara de madera que le regalé algún día de improviso, porque en un momento anterior a aquél comentó cuanto le gustaría tener una. Los rayos del sol llenaban toda la estancia, que mantenía por aquel entonces un dulce calor con sabor a bienestar y paz, pero hoy en ella está todo oscuro,  una desnuda bombilla la iluminaba con su tenue luz, y aquella mujer que parecía plena de alegría se encontraba desde hacía bastantes años ausente.

De las paredes del salón colgaban unos cuadros de los que se había esfumado su vivo color, aquel que yo había evocado tantas veces en sueños, y en la alfombra crecía en este momento el polvo en vez de ese inocente niño que me convirtió en hombre, en la chimenea había posadas tristes cenizas, en vez de encontrarse en ella un ardiente y visceral fuego. Un olor a podredumbre y muerte invadía toda la casa.

Subí por unas escaleras de mármol sin brillo, en las lámparas y en las esquinas se podían apreciar telas de araña, al llegar arriba lo primero que vi fue mi cuarto vacío, allí se hallaba la felicidad de la niñez y la adolescencia, que al marcharme de aquel lugar y convertirme en adulto, se tornó en una auténtica soledad y en un profundo hastío.

Fue entonces, en el instante en el que me encontraba enfrente de la puerta de la habitación de mis padres, cuando la realidad me dio un golpe que me hizo retornar al presente.

Aspirando una bocanada de valentía, abrí con lentitud la puerta quejumbrosa de aquel cuarto, y allí, tumbado en su cama, con los brazos en cruz sobre el pecho, se hallaba mi padre sin alma, y pude de este modo contemplar la risa de la muerte, que se encontraba velando su adiós a su lado.

Escrito el 15/02/2014.

PRIMERA CARTA DE AMOR PARA ALEJANDRA.

Antes de que puedas llegar a comprender el significado de estas letras, las escribo para ti, la pequeña Alex, esa niña que hace de nuestras vidas algo más feliz.

No temas a tu edad, puesto que tus padres te cuidan y se desvelan por ti, mas cuando crezcas lo suficiente tendrás que aprender a elegir, esa elección conformará tu existencia, a pesar de que confía, pues la senda jamás será recta, tendrás que superar cimas para hallar ante ti otras nuevas, que quizá sean más escarpadas y altas, no obstante nunca desfallezcas, la vida aunque en ocasiones es dura y cruel, todavía contiene mucha felicidad y belleza.

Ella tendrá el sentido que tú le des, y no intentes cambiar la sociedad ni a nadie que conozcas, sin embargo cambia tu, y podrás comprobar como a tu alrededor habrá personas que reaccionan.

Desearía que tus decisiones fueran valientes, y que no siguieras siempre lo impuesto, que luches por tu vocación y por lo que tu corazón en cada momento te dicte, te aseguro que esa es la única manera de que llegues a conocer lo que significa ser libre.

Aprenderás con el tiempo que la pobreza o la riqueza no se halla en la economia, sino en el espíritu de cada persona, que hay días en los que el sol todo lo cubre y días lluviosos de tristeza y de llanto, y que a veces la manzana más lustrosa es la que está más podrida, pues nunca hay que fiarse de las apariencias ni de las ideas preconcebidas.

No creas todo lo que te digan, no te vuelvas desconfiada, se prudente con todas las personas, pues cada una de ellas tiene su propia secreta historia. No juzgues, sobre todo no anticipes lo que sucederá, ya que este mundo está lleno de sorpresas, y en tus asuntos haz todo aquello que se encuentre en tus manos, así tu conciencia no tendrá motivos para castigarte en ningún sentido.

No sientas soledad, y si lo hicieras piensa que los que te queremos, aunque estemos lejos en la distancia o nos encontremos en un estado de eterna ausencia, desde algún lugar indeterminado, velaremos por ti.

Por último te expreso mi amor, todo el que puede tener hacia su sobrina su tío, porque tu eres esa bella flor, que llena de esperanza y de sentido mi vida.

Escrito el 13/02/2014.

LA DECEPCIÓN.

Yo fui tutor de segundo de bachillerato en un instituto de los denominados de prestigio, era la mañana de entrega del resultado de los exámenes del segundo cuatrimestre. Mi mente le daba vueltas a un asunto, la noche anterior no pude conciliar el sueño, me cuestionaba el por qué el alumno más brillante de la clase había sacado una cualificación tan mediocre en sus últimos exámenes, el profesorado y el mismísimo director del centro me conminaron para que hablase con él, puesto que desde hacía dos meses aproximadamente había empeorado considerablemente su rendimiento.

Entré en el aula con un fajo de papeles debajo del brazo donde se hallaban las notas de mis acólitos impresas, el silencio y la expectación reinaban en la sala, pero observé que el citado alumno parecía en ese momento ausente, con un lápiz en la mano trazaba líneas si sentido en su cuaderno sin prestar la mínima atención a lo que sucedía a su alrededor. Me pregunté si estaría aquel adolescente enamorado, puesto que quizá esa podría ser una de las causas de su descenso de ánimo y su inusualmente baja calificación, aunque ese no era motivo suficiente para su pésima actitud en aquellos últimos tiempos.

Al entregarle el examen comprobé que no le hizo caso alguno, entonces le dije que le esperaba en mi despacho al terminar la jornada, pero él me miró con unos ojos carentes de expresión, como si fuera un muerto viviente, y asintió con desgana, lo cual me hacía dudar si es que se había metido en asuntos de droga.

Al terminar las clases me encontraba indignado, mi enfado a lo largo de aquel día había ido en aumento. Llamaron a la puerta, era él, parecía cohibido, le pregunté de mala manera qué quería hacer con su existencia, le alcé la voz diciéndole que si no le daba vergüenza malgastar el dinero que costaba aquella educación, sin embargo el permanecía callado, le espeté sin miramientos que si su intención era seguir vagueando de este modo, que mejor estaría buscando un empleo de limpia cristales, ante lo que vi cómo le empezaron a caer lágrimas por el rostro para a continuación pronunciar un ahogado perdóneme y salir corriendo de la estancia en donde nos hallábamos.

Me largué un poco revuelto a mi hogar, dándole vueltas aún en la cabeza, ¿podrían cambiar tanto las personas en tan poco tiempo?

Al día siguiente, abrí la puerta de mi despacho, encima del escritorio había una carta con el nombre de mi alumno, en ella me expresaba su gratitud por mis enseñanzas, y me volvía a pedir perdón. Me contaba que estaba trabajando precisamente de limpia cristales desde hacía dos meses, su padre se había quedado en paro y debido a su edad no encontraba otro empleo, además su madre por problemas de salud no podía ayudarles en tal situación, por lo que tuvo que tomar a su pesar aquella decisión. Al no querer sus padres que dejase el instituto para guardar las apariencias, por lo menos hasta que acabase el bachillerato, había estado intentando estudiar por las noches, pero no podía con el ritmo, además del cargo de conciencia por estar pagando la educación con los escasos ahorros que le quedaban a su familia, y finalizaba pidiéndome por tercera vez perdón y dándome de nuevo las gracias.

Aquella mañana no se encontraba en el aula, nunca volvió.

Respecto a mi, dejé aquel empleo, no sabría decir si podré volver a ser educador, puesto que se me olvidó el porqué había elegido dicha profesión. No era pretendiendo que mis alumnos sacasen las mejores notas, jamás quise ser un mero resultadista, fue porque deseaba formar seres humanos, quería ayudarles a crecer como personas y así ellos podrían  ir transformando esta sociedad que a veces se comporta de forma enfermiza.

Con esta experiencia comprobé que yo había estudiado mucho, pero que realmente no había aprendido nada, y que mi mejor alumno verdaderamente si lo era, a pesar de bajar la calificación en sus notas.

De esta forma, desde entonces, el único que me puede decepcionar y que en esa ocasión lo hizo, aprendí que soy yo.

Escrito el 12/02/2014.

 

 

EL ENCUENTRO

Delante de la taza de un café, en un bar de la estación de Atocha, me encuentro esperándola a ella, mi amiga, esa que me acompañó en la larga travesía por mi enfermedad, la que ha venido a pasar unos días de nuevo a mi lóbrega ciudad, a ésta, que es y siempre será la nuestra.

Ella nos pudo observar pasear largas tardes de invierno, abrigados ante aquel frio que helaba nuestros huesos, aunque yo por dentro sentía un calor especial, un pálpito que se aceleraba, como lo hace ahora al verla sentarse en frente de mi, quitándose su chubasquero rojo y la bufanda que algún día lejano por sorpresa le regalé.

Pide disculpas por el retraso, yo la escucho en silencio, y ella no para de hablar. El tiempo transcurre, parece que quiere contarme demasiadas cosas, se muestra confusa, pero el tren se va a ir, la alejará otra vez de Madrid.

Me dice que la acompañe al andén, que quiere contarme un secreto antes de partir. Agarra mi mano, salimos al amplio vestíbulo, y la confusión en este momento de quien se apodera es de mi.

Nos detenemos ante la barrera que nos separará en breve, ella estará pronto por dentro, y yo permaneceré fuera. Me mira a los ojos, mis piernas tiemblan, me dice que por favor no diga nada, entonces, en un instante, sus labios están posados en los míos, y me expresa después con la más dulce voz que es la suya, un ´´te quiero, te he querido siempre´´.

Me quedo atónito, mi cuerpo permanece estático, como en parálisis debido al shock. Ella ya camina hacia el tren, vuelve su mirada y me hace el característico gesto del meñique y el pulgar que significa llámame.

El tren se marcha, y ella se halla subida en él, pensará en lo que acaba de hacer, y yo comprendo que en breve regresará.

Palpo el teléfono en mi bolsillo, y con el corazón lleno de júbilo entiendo que nuestro amor es mutuo.

En este concreto momento suena la música que me indica que tengo una llamada.  Es ella, que impaciente no supo aguantar la espera.

Escrito el 09/02/2014.

15/01/2014.

Hoy no es un día especial, tampoco ha salido el brillante sol por los edificios que se hallan al Este. Más bien es un día bastante feo, en el que hace frío y sopla hostil el viento.

El paseo guía mis torpes pasos, hacia nuestro ingrato trabajo, y el camino que recorro se encuentra, gris y solitario. No pensaba en ningún oscuro ocaso, no sentía esa usual zozobra que a veces atenaza mi cuerpo, y no existía ningún vaivén ambivalente, en mi huidizo e incomprendido sentimiento. Mas aquella sensación de paz, aquel sosiego que parecía eterno, era como siempre ficticio, ya que toda esta vida es y será un juego.

Yo en ella finjo que escribo, lo que en realidad trae hacia mi oído la brisa, otros hacen de todo su empeño, conseguir un vil dinero. Recapacito en este momento, sin entender muy bien el porqué, en que todos caeremos muertos, ya sea en camposanto, o cuando alguien querido brinde nuestro polvo al azul del cielo.

En tales asuntos mi mente meditaba, cuando como cada mañana pasé a saludarte. Pero tu hoy no eras tu, eras un hombre que se encontraba ausente, que contenía un apesadumbrado llanto, pues en tu melancólico verbo, vi a tu alma desnudarse.

Un ser por ti amado, que se acercaba a sus cien primaveras, puede que mañana no vea, un nuevo amanecer ni su canto.

Me hablas de su dura batalla, contra el corte de la guadaña, de su vano intento, pues no era el posible paraíso aún su deseo. Ello hace que yo me sienta, como un insecto ridículo y pequeño, porque sin llegarlo a conseguir, alguna vez en mi historia preferí largarme antes de tiempo.

En sus últimos quince años, halló un amor de mujer sincero, que a ti en confidencia te mostró, cuando aún era su secreto. Treinta son los que cerca tuyo compartió, un envidiable cariño y mutuo respeto, eso es lo único que sabe, el escribiente de este texto. Sin necesitar más, porque al verte en esta vida entiendo, que alguien osado se irá, un anciano que seguramente te enseñó lo que es la integridad y lo que significa ser honesto.

Y no tengo más palabras que decir, no pretende ser este papel algo bello. Sé que jamás llegarás a comprender, el afecto que te tengo. Porque aunque nuestros caminos se separen, aunque no recorramos en el futuro la misma senda, siempre te mantendré en el recuerdo, como tu harás con tu abuelo.

Y perdóname si en este día estoy triste, es porque lo está una persona que considero mi amiga. Hoy atrae mi cuerpo la tibieza de mi cama, pues la tarde se encuentra plena de sensaciones amargas.

Escrito el 15/01/2014.

UN PASEO.

Por estos jardines de Aranjuez, cuyos caminos están cubiertos por un manto de hojas, que tantas veces fueron por mi recorridos en solitario, cuando mi cuerpo estaba en aquellos años en los que se alejaba raudo de la niñez. Hoy camino junto a ti, mi fiel amigo.

Hablamos de hermosas mujeres que invaden nuestra mente, de las complicaciones que trae consigo la pasión,  y de todos tus éxitos y algunos fracasos, que encontramos ambos en nuestro desgastado corazón. También de aquellas montañas, en donde existen sendas en las que te sientes libre, bajo la luz  brillante de este sol, que ahora con sus rayos nos envuelve.

Y mientras comentamos ciertos asuntos cotidianos, que a veces nos causan dolor, yo recuerdo que allí fue donde me concedieron mi primer beso, y donde sentí la esperanza de que fuera eterno ese primer amor.

Después vendrían tiempos de zozobra, llenos de sufrimiento y oscuridad. La soledad de mi cuarto, y cierto desarraigo de la humanidad. Momentos en los que  me sentí como un alma en pena, al que todos trataban con caridad. Como si fuera su buena obra, notando su cruel condescendencia, que producía mi llanto cada noche, yo con la puerta cerrada, sin querer ver a nadie, deseando morir en paz.

Porque nunca me apoyaron, siempre fui un incomprendido, que contiene mucha paciencia, y gracias a eso y a una inmensa fortaleza, en este hostil mundo, he logrado hasta esta hora dignamente sobrevivir.

Mas a veces tanto esfuerzo, con tan poca recompensa, produce que desfallezca mi cansado cuerpo, en su vacío y triste lecho. Pasando allí horas, perdido en mis sueños, esos en los que aún hay deseo, e ilusión por otro nuevo encuentro.

Dejando en ese instante detrás los jardines, con su manto de hojas, todavía caminando contigo, mi fiel y auténtico amigo. Pues eres una de esas pocas personas, por las que me siento menos solo, puesto que me prestas tu tiempo, y noto tu cariño siempre sincero.

Por momentos como este, seguiré luchando, pues en el mundo todavía hay belleza, y sentimientos verdaderos que compartir con los demás.

Mas espero nunca perder tu amistad, que aprecio como un tesoro, pues sin ningún interés te mostraste, y allí estabas aunque no lo sepas, cuando yo necesitaba más tu apoyo.

Pues en esta vida hay todavía belleza, y por instantes como los de hoy, seguiré en ella luchando.

Escrito el 29/12/2013.

NOSTALGIA.

Hoy, en la oscuridad de mi cuarto, dando vueltas en mi cama, no consigo dormir. Siento que me falta algo, siento una ausencia de ti. También de unas calles de la Alcarria, en donde al igual que a tu lado fui feliz. En un colegio amado, en donde me educaron para poseer un pensamiento libre, otorgándome unos valores recios, que yo muy pronto aprendí. Porque los creí justos, a pesar de ser a menudo una condena, que le hace a mi triste corazón sufrir.

Aunque no tanto como tus mentiras, y esas sonrisas que me brindaron tus labios, y que comprendo ahora que siempre fueron falsas, porque al final de nuestra historia, en tu dulce rostro lo vi. Reconociendo que todavía me gustaría conversar contigo, pasear a tu lado, y volver a sentir tu cabeza en mi hombro, ya que esa era una alegría que a mi pecho le animaba a existir.

Mas en este momento, mi figura se representa como un perro que fue abandonado. Que permanece fiel a tu hermoso recuerdo, a pesar de no merecertelo. Por toda aquella hipocresía, que contiene esa belleza ilusoria, que es tan real en tu aspecto, como traicionera en tu alma. Pues vas predicando lo que no se halla, en tu sentimiento devoto, no siendo en tu desgraciada vida, honesta contigo misma.

Pero sin embargo no puedo despreciarte, a pesar de todos mis inútiles intentos, porque a ti con sinceridad te quise, a pesar de lo poco que demostraste que valiste.

Mas lleno en este instante, mi memoria de nostalgia, en la oscuridad de mi cuarto, en esta noche en la que deseo apartar de mi mente, tu radiante y vil mirada.

Supongo que el vetusto tiempo, que suele ser el más sabio, todo lo terminará curando. Siendo esta herida otra simple anécdota, de la que me acordaré dentro de unos años, esbozando una amplia sonrisa, pues este dolor que ahora sienten mis entrañas, se lo llevará consigo, con su eterna paciencia el viento.

Y es que deseo que mi pensamiento, olvide todo este pasado a tu lado, y que no vuelva a sentir jamás esta insensata nostalgia, que ahora me envuelve por dentro. Porque lo que pudo haber sido, ya no me sirve de nada, tan sólo suscita, que mi razón pierda lamentándose unas horas. Mas lo que hay que hacer, es construir un futuro, viviendo intensamente el presente, dando unos pasos cada vez más firmes, puesto que una determinación fuerte noto en los últimos amaneceres.

En paz y sosegado, observo salir al alba el sol, abriéndose ante mi la posibilidad de otro nuevo mundo. Porque mientras esa brillante estrella cada día consigan vislumbrar mis ojos, tendrá esperanza este solitario vagabundo, que camina con la cabeza alta, desafiando a la vida con osadía, no queriendo volver a tener este sentimiento, hacia la que fue inmerecidamente tan querida persona, que se descubrió en todo su ser ante mi lúcida mirada, completamente falsa.

ESCRITO EL 28/12/2013.

DECLARACIÓN DE UN MONSTRUO.

Para qué mostrarme a un mundo, que jamás entendió mis posturas. Que rechaza mi mente, e intenta convencerme por medio de tantas mentiras. Por qué otorgar la razón, a esa gente hipócrita, que ostenta una falsa bondad, mientras no le quiten el pan de su boca.

Culpable me sentí muchas de aquellas veces, que me acusaron con completa injusticia, señalándome con su deshumanizado dedo, sin llegar a comprender lo que es mi vida. Una que se teje de lucha constante, que por mucho que digan, no es como la de todos los personajes. Porque no sólo tengo que batallar contra la sociedad imperante, y sus prejuicios insolentes, sino contra mi misma persona, y es que de eso parece no darse cuenta nadie.

Nunca, ningún semejante, ha podido posicionar su mirada en el horizonte que yo observo. Entonces me pregunto, ¿cómo creen saber todo lo que pienso y siento?. Puesto que con unos cuantos libros, de una escuela y autor determinado, pretenden conocer todo lo que tiene de oculto, mi compleja alma ambivalente.

No se percatan en absoluto, del tiempo que es necesario, para dominar una ciencia, que todavía está en muchos aspectos ciega. Ni de todo el esfuerzo que se ha de emplear, ni de los experimentos que aún faltan, para descubrir los mecanismos del a estas alturas desconocido subconsciente,  al que nuestra mente humana nunca discierne.

Jugando todos aquellos profanos de la prudencia, a analizar y hacer conjeturas sin ningún miramiento, oyendo sin humildad algunas palabras, y observando unos cuantos de mis visibles gestos. Esos que a diferencia de lo que hace la mayoría, suelen aposentar un sentimiento solidario y honesto.

Y es que por mucho que se exprese, nadie desea que se sea con ellos sincero. Y creen que cuando me mienten, como me ven asentir, es que la razón les ofrezco.

Entonces, para qué mostrarme a un mundo, en el que se hospeda tanto ser hipócrita. Prefiero en este momento quedarme en mi cueva, y perecer en soledad, cuando mi naturaleza quiera.

Escrito el 25/12/2013.

UN NACIMIENTO EN EL NORTE.

Despierta a un nuevo mundo, despierta,
que te esperan el brillante sol y el colorido de las flores,
aprovecha, ya que se encuentra la puerta abierta,
y siente las caricias de los rayos y los distintos olores.

Saborea la dulce miel que te ofrece esta vida,
escucha toda la alegría que al aparecer tu llanto ha traído,
observa cada nuevo amanecer, que tu latir ver te pida,
y descansa al anochecer, en tu recién estrenado nido.

Ten presente que no viniste aquí para sufrir,
que en los malos momentos tendrás que ser valiente,
comprobarás que es eso de lo que consta el deseado vivir,
mas no temas, ningún dolor es permanente.

Disfruta siempre de lo bello de cada momento,
ahora el amor en tierras de Asturias te acuna,
con un paternal y sincero sentimiento,
que al oscurecer te otorgará la luna.

Escrito el 23/12/2013.

Para la prima de Cris.

PELIGROS HABITUALES.

Estoy viendo en las noticias que ha desaparecido otra adolescente, van cinco en un par de semanas, no hay ni rastro de ellas. No tienen conexión aparente ni vínculos compartidos. De momento, no se sospecha de nadie. Hay una ausencia total de pruebas. Está descartada la posibilidad de huida, sus hogares no son conflictivos. Además, la cercania en el tiempo de las desapariciones y el carácter de las chicas, hacen de esa hipótesis algo totalmente improbable.

Me incorporo en el sillón de mi cuarto de estar. Pienso en Susana, mi hija, que apenas alcanza las catorce primaveras. Si agudizo el oído la puedo escuchar arreglarse para irse a pasear con unas amigas. Me levanto y me dirijo por el pasillo hacia el cuarto de baño. Doy unos leves golpes en la puerta y pregunto si todo va bien, una voz dulce y cándida que poco a poco se oscurece me dice que si, que ahora mismo sale.

Me quedo allí parado, contemplando el color blanco y puro de la pared. Recuerdo la niña que fue, su alegría, su vitalidad, que aún conserva pero que huyen de su cuerpo lentamente. También recuerdo su sufrimiento cuando su madre un día se marchó sin dejar rastro. Y pienso en mi mujer, y en mi certeza de que estaba con otro.

De repente, se abre la puerta. Ahí está ella, mi amor, mi cariño. Soy consciente de que si la pasase algo todo en mi se acabaría, mi cuerpo sería enterrado en vida.

La abrazo y la beso en la frente, le digo que tenga cuidado, y la observo alejarse desde el umbral de mi casa hasta que desaparece al torcer una esquina. Siento en ese instante cierta preocupación paternal en mi estómago, algo de angustia en mi pecho.

Entonces voy al trastero y cojo la pala. Encamino mis pasos hacia el garaje. En el maletero de mi coche espera otra adolescente muerta, ahora mismo voy a ir a enterrarla junto a mi esposa y las otras cuatro jóvenes desgraciadas.

Escrito el 12/12/2013.

SAGRARIO A FINALES DE 2013.

En este año que termina se la puede seguir contemplando con su pelo color gris ceniza, con las arrugas surcando una piel cada vez más pálida, llena de esas manchitas que son las pecas de la vejez.

Todavía conserva el anillo de casada en el dedo anular a pesar de la larga ausencia del hombre amado, y el gordo se mantiene tan deforme como siempre. Se la sigue viendo con su altura, de la cual no hay que olvidarse, que lejos de ser para ella un motivo de orgullo, es una condena con la que le cargó la señora naturaleza. Pero todas sus peculiaridades serán recordadas como se recuerdan los defectos de las personas queridas, como una simple anécdota de una vida ya vivida.

Hoy lleva un broche de flores de nácar blanco, y unos pendientes dorados de aro, le abriga una chaquetilla a cuadros, y está sentada sobre unas ruedas que la sirven de piernas, pues las suyas ya no andan al haber recorrido con valentía su senda.

Ahora su voz me parece cada vez más apagada, su tono cada vez más disminuido. A cada semana que pasa se la observa con mayor cansancio, como si algún ente divino poco a poco, como a empujones, la estuviese arrastrando hacia un lugar en las alturas, en el que no existe ni pena ni olvido. Un lugar en el que crecen los geranios cuidados por unas manos que la esperan, unas manos conocidas y al fin reencontradas, para que ya jamás sean separadas, compartiendo sus sentimientos juntos en el paraíso.

Pudiendo descansar al haber realizado en su pasado una gran obra, la más hermosa que un par de seres humanos pueden realizar, plasmada en unos hijos, nietos y bisnietos, y rubricada con la educación de su entendida cristiandad.

A partir de este momento desde el cielo y al lado de su Dios velarán por los suyos, tal como hicieron estos dos seres alados en la tierra. Al menos es lo que espera este autor algo descreído, que ve marchitándose a esta flor que es su anciana abuela.

Que mañana quizá no estará presente, pero que siempre se encontrará en un rincón privilegiado de su pecho. El que se halla ahora lejos de la melancolía, al descubrir junto a ella otro día nuevo.

Escrito el 07/12/2013.

AQUELLA BLUSA BLANCA

Estamos a la espera de la aparición de la novia. Mi amigo, el mejor que tengo, está nervioso frente al altar. Yo con mi cámara de fotos intento mostrar una falsa alegría, haciendo instantáneas a los allí congregados y a la imponente basílica, con sus vitrinas repletas de Santos y al fondo, su rosetón lleno de luz multicolor.

El Cristo de madera ostenta su eterno dolor con la llaga en el costado, a mi creciéndome otra igual en el corazón, puesto que en este día tan señalado, ella me viene a la memoria, con su blusa blanca y su falda al vuelo, tan bella y risueña, cuando aún yo tenía unas calladas e ilusas esperanzas de tenerla por amor.

Pero elegiste a otro hombre más realista, poseedor de un futuro prometedor, aunque menos bohemio y soñador que yo. Evoco entonces como tu mirada se clavaba a veces en la mía, y como creía mi anhelo que aquello era signo de mutua pasión.

Mas cobarde de mí no di ningún paso al frente, ya que no hubiera podido merecerte, encontrándome en este momento solo, desdichado e infeliz, al verte en los brazos de otro, que te aleja cada vez más de mi.

Nunca te mencioné mi secreto, jamás en los momentos que después juntos compartimos. Ahora cunde el silencio, puesto que ya esta sonando el himno nupcial. Entrando radiante la futura esposa, mostrándose ante todos sonriente y feliz, vestida con un traje de un blanco impecable, como aquella blusa que ocultaba aquel cuerpo que para siempre perdí.

Al darse ambos con dulzura la mano, yo disparo mi cámara pretendiendo tapar una lágrima, ya que caigo en la cuenta en este instante, de que definitivamente te tengo que desterrar de mi memoria.

Puesto que tú, mi amada, has intercambiado un anillo de unión con otra persona, que se nombra mi mejor amigo, y que se entrega por completo a ti ahora.

Al día siguiente, borracho de celos, al contemplar las fotos del ayer en la pantalla de mi ordenador, veo en una de ellas tu mirada en la de él, y descubro que entre los dos existe ese auténtico sentimiento que nunca yo hallé.

Consiguiendo desde entonces únicamente olvidarte, teniéndote siempre presente, al colgar en mi pared esa foto, y ver lo feliz que con él te sientes.

No obstante, en algunas noches de nostalgia, te puedo ver todavía libre, ataviada con una falda larga y aquella blusa blanca. Apareciendo ante mi tan bella y risueña como aquella primera vez. En la que por ti, yo hombre insensato, perdí completamente la razón, sintiendo una pasión que debo desterrar aún de mi dolido y celoso corazón, deseando lo mejor para ambos, y ocultando la verdad, que jamás será mencionada, muriendo de mi boca a perpetuidad.

ESCRITO EL 30/11/2013.

LOS MINUTOS

El niño juega encima de la alfombra con su coche de bomberos. Parece insensible ante lo que ocurre, imperturbable, pero sé muy bien que me observa, me mira de soslayo cuando cree que yo no me doy cuenta, como impaciente.

Yo estoy de pie al lado de la chimenea. Ojeo una foto colgada en la que aparece ella, la madre, junto a mi amada. Cierro los párpados y la puedo ver allí, en el hospital, tumbada en una camilla, preparando su alma para una posible muerte, con la esperanza de poder continuar con su vida.

Es entonces cuando recuerdo mis absurdos enfados, todos aquellos malentendidos, los momentos en que quise llevar la razón cuando la única verdad es que no nos poníamos de acuerdo. Pienso en todas mis frustraciones por una vanidad que ahora desprecio, ya que me veo tal cual soy, humano e imperfecto, pues sólo tengo el valor de haber llegado a tu fibra más íntima, la de tu corazón, ese que se encuentra en la lejanía a mi lado, pero que tengo presente que se marchará cuando el sentimiento cese. Mas soy consciente de que no hay que llorar por lo que se fue, sino que sonreír por lo que has tenido.

Pienso en que no me arrepiento de nada de lo que he hecho, pero hubiera cambiado en mi vida tantas cosas, que mirando a este zagal que es su hermano, quisiera poseer su edad, para así tener un nuevo existir por delante, y poder modificar algunas, esas que a veces perturban mi mente. No obstante me doy cuenta de los años que arrastro, de que debo asumir con valentía decisiones que tomé hace tiempo, de que otros vendrán detrás de mi, encontrándome yo de este modo más cerca de la vejez, de la última luz en mi ocaso.

Mas pasan los minutos, y no sé nada. Miro el reloj en la pared, y me parece que no marca la hora. Es entonces cuando se oye el sonido de un timbre, ante cuyo ruido no reacciono, haciéndolo el chaval, que me acerca el teléfono.

Ahora él se muestra intranquilo, y yo me siento nervioso. Una voz resuena al otro lado, una conocida, que dice “todo salió bien”, que añade al final un “te amo”.

Abrazo al instante con lágrimas en los ojos al niño, que se aferra a mi cuello llorando, le explico que todo está bien, que su madre está a salvo, que la vida continúa, y que hay que disfrutar de ella mientras ésta perdure. Quedándome ahora en silencio, con él apretado contra mi cuerpo, rogando en este momento a Dios, que aquel inocente ser jamás aposente odio, que ame y se desengañe, que sufra dolor y sienta alegría, que crezca y madure, pero que nunca desfallezca desilusionado por esta vida.

Porque el tiempo pasa, y cuando menos lo esperas, todo lo demás sobra, menos tus sentimientos y tu memoria. Debiendo en ambos casos, o al menos hacer el intento, de tanto en la mente como en el pecho, retener algo bello dentro.

ESCRITO EL 23/11/2013.

EL REFLEJO.

Hoy tuve una charla con mi médico que se tornó dificultosa. Le hablé de un hombre al que observo a menudo, como si fuera una estatua al aire libre que se mueve. A veces hasta sueño con él, preguntándome si no habrá llegado a ser una obsesión.

El doctor contemplaba mi cara desolada, y me incitó a que escribiera, a que buscase su esencia.

Y yo salí de la consulta desesperado, con mi lápiz en la mano, sacando algunos papeles de mi cartera, esa que me acompaña siempre fiel, metiéndome en la primera cafetería que encontré en mi tránsito.

Pensé en él. Sentado en una mesa de mármol blanco recapacité sobre ese ser que parecía tan desgraciado, que poseía ese rostro tan melancólico, que tenía un hablar tan pausado. Ese hombre de silencios profundos, que intuía que me ocultaba algo.

Llegué a la conclusión de que era preciso tener una entrevista con él, los dos solos, yo con mi libreta en la mano, él teniendo que satisfacerme, teniendo que pronunciarse honestamente. Si no, nunca hallaría su verdad, lo que era y es para mi en esta vida lo más preciado.

Me marché de aquel antro y me encaminé a la estación ferroviaria. ¿Quién es esa persona de pelo largo y seriedad extrema? ¿Qué pretendía evadiéndose de la raza humana?.

Al rato, el tren circulaba raudo por los raíles. Me guiaban a otra ciudad, a un distinto ámbito. Fue entonces, en la última estación, justo al apearme del vagón, cuando me le encontré de bruces, cual máscara viviente. Estaba apoyado en una farola, esperando el autobús.

Al instante, decidí seguirle, agarrando una hoja entre mis manos. Parecía ausente, como moribundo. Contenía la tristeza de la belleza que se va marchitando.

Bajamos en la misma parada, yo le seguía muy de cerca, observando su andar inseguro, su melena bailando al viento. De repente, al torcer una esquina le perdí, descubriéndome de súbito en mi misma calle, la del hogar compartido con mis padres.

Entré atropelladamente en mi casa. Alguien balbució algo a mi espalda, pero no hice ningún caso. Casi estaba al final de las escaleras, entrando en el cuarto de aseo, cuando la realidad empezó a clarearse.

Ahí estaba él, mirándome con expresión burlesca a través del espejo.

Fue entonces cuando este autor cogió su pluma, y encerrándose en su habitación no volvió apenas a salir de allí. Quedándose así medio muerto en vida, medio vivo en su escritura.

Escrito el 08/11/2013.

LA ESCAPADA.

En una recóndita localidad andaluza de la provincia de Jaén, entre floreadas sendas y misteriosas laderas, llegan a un hotel pintoresco de fachada antigua, poseedor de una sala de recepción acogedora y unas habitaciones que no están exentas de cierto lujo. Siendo allí recibidas con afectuosos gestos de amabilidad, en el principio de un fin de semana que se les antojaba pleno de libertad, carente de toda carga.

Ellas, las seis, las cuatro hermanas y sus dos cuñadas, decidieron hacer un breve paréntesis, una escapada de sus preocupaciones cotidianas, las del día a día, con el pretexto bien fundado de una celebración, perpetrada a modo de sorpresa para una de ellas, pero necesaria y necesitada por todas y cada una. Por el reciente tiempo que se les había mostrado cruel, y que pretenden que en este lugar sea olvidado.  Cogiendo un renovado respiro, una bocanada profunda, para afrontar la temporada que viene, la que discurrirá hacia un nuevo camino, que todas esperan y desean que les sea más amable, a su tránsito menos hostil.

Viviendo este momento con alegría, saboreando cada instante presente. Sintiendo la exaltación que crece en sus corazones a cada segundo. Entre copas de dulce y jovial vino de Azpilicueta, manteniendo charlas recurrentes que al anochecer se tornan en sinceras confidencias. Consiguiendo hallar así un dormir sereno, un sueño profundo, lleno de bellas evocaciones que moldean el pasado, el cual se les representa en la mente como algo alegre, produciéndoles de esta forma una sensación de tremenda nostalgia.

Al amanecer, la mayoría continúa durmiendo, sólo dos se levantan al alba, dándole los buenos días a ese sol rojizo que empieza a invadir los valles. Acariciando con sus rayos las flores, que a modo de respuesta, le abrían sus pétalos ofreciéndole sus dulces y hermosos encantos.

Ambas se fueron a dar un paseo, y a su regreso se encontraron a todas levantadas, acicalándose para ir a tomar el desayuno y para la extenuante jornada de senderismo que les esperaba.

Al rato ya estaban caminando entre montañas, observando unos arroyos que  hacían que resbalasen sus aguas a través de pequeñas precipitaciones, deslizándose por la piedra, corrompiéndola, en constante y voluntariosa lentitud. Diminutas mariposas pululaban de un lado para otro, ajetreadas ante la certeza de su corta vida. La frondosa fauna, los escarpados exabruptos del terreno, eran contemplados por unos ojos ahora diáfanos, carentes de la desidia que produce lo cotidiano. Pensando únicamente en el paso siguiente, en el nuevo paisaje que les será revelado a cada recoveco del camino. Dejando al pasado de lado, manteniéndolo en un pasajero olvido.

Descansaron al atardecer, y cuando la luna empezaba a mostrarse briosa, montaron en un tren renqueante, que traqueteaba dudoso por unos finos railes, los cuales les conducían a otro diferente paraje, en cuyo seno se auspiciaban tranquilos los ciervos, y saltarines los gamos, y donde también se hallaban a su paso Jabalíes, o ¨coshinos¨, como los denominaba el rudo guía a su manera un tanto tosca.

Llegando así al culmen de su dicha en el regreso, subiendo al mismo tren, las mismas seis mujeres, las cuales se sentían en completa armonía­. Unidas por un aprecio sin astas, que en estos dos días se había sorprendentemente arraigado fuerte en sus entrañas. No pudiendo después de inmediato acudir a los brazos de Morfeo, saboreando aún esta noche que se les antojaba plena de libertad, carente de toda carga.

Mas siempre traicionera, llegó la cruenta mañana, y con ella el día de regreso de aquel pequeño y placentero ensueño. Rumbo a una realidad que no obstante será diferente, porque algo ha cambiado en sus miradas, algo se transformó dentro de sus pechos, que ahora laten intensamente en la lucha diaria, esa que a todos nos acomete.

Siendo para ellas aquella escapada un recuerdo de bienestar, que eternamente será recurrente.

ESCRITO EL 09/10/2013

PRESENCIAS PERDIDAS.

Tú, que tiraste por el sumidero seis años de felicidad relativa, entre discusiones y escenas apasionadas en el sofá. Que ahora tienes en las manos una botella, la cual hiciste añicos al arrojarla contra la pared, provocando así que se expanda al deslizarse aquel licor, que empapara la pintura de un blanco que ya no volverá a ser el mismo. Que ya no será puro.

Pastillas dispersas por la mesa, un lecho vacío, una fotografía entre los dedos, ora acariciada, ora arrugada y tirada a un rincón, el de la estancia sin ella, el de una habitación olvidada por el amor.

Llaman al teléfono, tu corazón late más intenso, piensas, será ella. Descuelgas y oyes un tímido sollozo que tu esperanza desea de sincero arrepentimiento, pero de súbito descubres que no es la persona que tu creías, sino otra.

Tu padre te acababa de dar la más amarga de las noticias. Una que siempre acontece o antes o después, pero nunca en buen momento.

Al colgar, encaminaste tus pasos a la terraza. Por un instante observaste a los transeúntes pasear y a los vehículos circular, dándote unas ganas tremendas de arrojarte al vacío, de escapar de ese intenso dolor que devoraba tu alma. Mas sensatamente regresaste a tu solitario hogar, puesto que tenías que prepararte para el viaje.

En otro momento estabas rodeado de lúgubres tumbas, en un cementerio de una localidad cualquiera, pues tu mente se negaba a reproducir su nombre. El sacerdote expresó unas palabras, unos fonemas que no conseguíste descifrar, pues te hallabas absorto, casi en estado de shock. Preguntas carcomian tu mente, recuerdos lejanos, ¿fuiste un buen hijo?, ¿alguien de quién sentirse orgulloso?, encontrando dudas, creciendo en ti un sentimiento de miedo. Por tu existencia vacía de sentido, llena de odios y rencores, que se hallaba expirando al fijarse en demasía en cosas superfluas, totalmente banales. Queriendo ahora encontrar tu esencia, descubriéndote vivo.

Ves como desciende el ataúd, vislumbras por segunda vez que recuerde tu memoria el llanto de tu padre. En esta escena por su esposa, en otra de antaño sus lágrimas fueron por ti, por tu ingreso.

Miraste la losa tapada y decidiste continuar luchando, bregando en esta vida que a veces se nos antoja cruel. Contemplas a tu compungido padre, que se encuentra más ausente de lo normal, perdido en un mundo de horror y de tristeza. Prometes con tu amor y compasión adquirida, que cuidarás de él, ante el inevitable y deseado retorno con su amada.

Volviste los ojos a un cielo azul y despejado, y sonreiste con nostalgia, puesto que el calor y el querer sin interés de tu madre habías sentido. Aunque su presencia en este día habías perdido.

Escrito el 03/10/2013.

LA PAZ

Se encontraba sentado en la terraza de su hogar, mirando hacia el mar de la tierra de Alicante, el mismo que contempla desde hace cuatro años, con el cigarro en los labios y la misma expresión soñadora que le acompañó siempre, que nunca le abandonaba. Todo ello después del exilio consentido de su añorado Madrid, cuyas calles continuaban con su ajetreo constante, en contraposición con el sosiego al que ahora se enfrentaba.

Se levantó y se miró al espejo. Más arrugas, menos pelo. Observó el cigarrillo, le dio una última calada y lo arrojó por el retrete, contemplando como se escapaba la vida, dando vueltas, aunque aún sabía que le quedaban mundos por descubrir y momentos  en los cuales disfrutar.

Cogió su gorra y se encaminó a la playa de la Albufereta para dar su paseo matutino y así exhalar aquel paisaje, aquel sentimiento exaltado de amor. Amor a una existencia que no deseaba que acabara, que comprendía que irremediablemente llegaría a su fin.

Su latir, en la vida, había aposentado la culpa, la tristeza, la angustia. Su mente había poseído brillantez e inteligencia, con los inconvenientes y privilegios que ello conlleva. Había buscado una sabiduría siempre humilde, una liberación de su alma encarcelada.

En ese momento, mirando al horizonte, evocaba historias pasadas. Con sus ojos se fijó en sus trabajadas manos, esas con las que en ocasiones creyó alcanzar la felicidad, entre cuyos dedos se le había escapado.

Caminó hasta una solitaria cala, ausente de gente, buscando una tranquilidad por todos deseada. Se quitó la ropa quedándose completamente desnudo, y abriendo sus brazos de cara al agua mediterránea, se quedó estático y en armonía con el medio. Siendo algo bello y natural.

Entonces, paso a paso, se sumergió en la espesura de las olas, sintiendo una libertad plena. Perdiendo todo temor. Hallando en ese instante su anhelada felicidad.

Dedicado a mi tío Albino.

Escrito el 27/09/2013.

LA HUIDA HACIA UNO MISMO.

Salió de uno de los hoteles que se ubicaban en frente de la playa del Sardinero, con su cámara en las manos y su mochila al hombro. La cadencia de su respiración se tornaba cada vez más pausada, más acompasada. Le iba envolviendo una tranquilidad que proporcionaba a su cuerpo un sosiego deseado por todo ser humano. La brisa marina le acariciaba el alma. Aquellos cinco días de descanso le fueron necesarios para reflexionar, para continuar el camino que se había propuesto hace un año, y que por motivos familiares tuvo que posponer.

Miró hacia el horizonte respirando su olor a sal y arena, poniéndose a andar sin un destino prefijado, caminando en dirección opuesta a la salida del sol, que vigoroso y brillante invadía con sus rayos la ciudad de Santander.

Llegó a un parque repleto de palmeras que circundaban una pequeña plazoleta que tenia un mirador en uno de sus extremos, el cual apuntaba, entre desafiante y dubitativo, a esas aguas hoy tranquilas del mar Cantábrico. Se sentó observando el vaivén de las olas, que chocaban contra la orilla retrocediendo al momento, con un ritmo monótono y contenido. Con la voluntad férrea de la constancia.

Fue entonces, ante aquella visión de calma plena, que sintió paz. Una paz interior jamás conocida por él, liberando así su mente de antiguos grilletes, los cuales le habían tenido amarrado al pasado, a una moral intransigente que ahora se alejaba de su pecho jugando con el viento, permitiendo a su corazón tener un latir más intenso. Más real. Preparado ahora para amar y ser amado. Listo para soñar, para dibujar un futuro lleno de esperanza, carente de odio, completo de pasión. Pasión por esta vida que se le antoja única, que no quiere que desaparezca sin haberla sentido auténticamente, sin haberla amado con intensidad.

Se levantó y extendió los brazos, invadiéndole así la energía positiva que posee el cosmos, del que él es parte. Exhalando alegría. Gritando con su voz un tanto áspera la palabra: LIBERTAD.

Escrito el 24/09/2013.

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MEZCLARSE CON LAS OLAS.

Miro por la ventana y vislumbro un campo diáfano, cuya senda conduce a la escarpada costa. Tomo un sorbo de café ensimismado con su humo. Con el color oscuro del caliente liquido que contengo entre mis manos. Que se encuentra preso en la taza. La habitual, la de cada día.

Miro la estancia atestada de muebles. Tan saturada como mi delicada mente. Que está exhausta de tanto pensar. Triste ante lo que sus ojos ven. Por este mundo en el que habita. Por la historia que le ha tocado en desgracia vivir.

Me pongo el abrigo de ante negro. Reflejo de mi alma sombría. Que ostenta un corazón melancólico. Aquel que posee mi cuerpo desde hace mucho tiempo. Tanto, que no lo recuerdo.

Salgo por la vetusta puerta que da al exterior. A la cruel realidad. Y encamino mis dubitativos pasos a través de un campo de amapolas. De un rojo tan intenso como el de la sangre que recorre mis venas. Que circula debido al bombeo de mi cansado corazón. Cansado de latir. De su continuo uso. Del abuso producido en él por el dolor. Por el exceso de sufrimiento.

Evoco buenos momentos. Los que se encuentran lejanos. Los que se hallan en la niñez. Cuando los brazos de mis padres me protegían de las cruentas tempestades. De la lluvia incesante. La que asola mi pecho en este momento. Debido a su sentimiento de absoluta soledad. La que contiene mi ser errante. Mi personalidad vagabunda.

Llegando al fin a la escarpada costa. Descubriendo ante la mirada el poder del mar embravecido. Que me insta a seguirle con su obsesivo rumor. Que atrae mi cuerpo con pasión. La de la deseada muerte. Que hasta ahora siempre se ha mantenido en espera. Que en este momento llega como un dulce regalo de liberación. El pretendido por esta  carne que comienza a pudrirse. Aposentando mi ser bajo las olas salvajes que rompen contra las rocas con fuerza inusitada. Sucumbiendo así mi persona a los encantos de este querido lugar.

Hallándome en este instante entre las olas que marcan el fin de mi existencia.

En esta amada tierra que en este preciso momento me ve perecer.

Escrito el 14/09/2013.

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