OCHO

Abro los ojos y todo a mi alrededor se halla en penumbra, se apodera de mí una sensación de extrañeza. Al mirar hacia el reloj de mi mesilla veo que marca las ocho en punto, y todavía no sé si me encuentro dormido o estoy despierto, no sé si esto es realidad o un absurdo sueño.

Me levanto y me aseo, salgo de mi casa taciturno encaminando mis pasos hacia el metro. Ocho son los minutos de espera en este andén, y me llama bastante la atención, aunque me imagino que todo en esta vida está dividido entre una tremenda irrealidad y la casualidad de que podamos respirar bajo este cielo, dividido entre la mentira y el odio, entre el ruido y la búsqueda perpetua de sosiego.

Al llegar al trabajo dudo, y pienso que es mejor no ver la fecha de hoy en el calendario. Atónito compruebo que ocho son los correos electrónicos que desde ayer me enviaron, siendo a su vez ese el número de mis respuestas, la persecución a mi mente ha comenzado. 

Es la hora de mi descanso, y me propongo dar un pequeño paseo, me topo a la entrada de un jardín cercano con un grupo de ocho mujeres que charlan, que ríen expulsando de sí mismas este silencio que en mi interior se ha refugiado. Incluso, son ochenta los céntimos que me cuesta este refresco, y cuando decido regresar, cuando me lleva mi responsabilidad de vuelta a mis labores, descubro también que son ocho las líneas que tiene pintadas este paso de cebra, ocho mis llamadas sin hallar de ti a esta hora ninguna respuesta.

Acabo mi jornada laboral, y me llama la atención que cincuenta y tres son los equipos que hoy me he revisado, sumo cinco más tres, y me pregunto seriamente si en realidad no me estaré obsesionando. 

Salgo y bajo contando los ocho escalones que hay en la entrada, y de camino hacia mi casa me encuentro algo preocupado, creo que al llegar a nuestro hogar me debo acostar, quizá será mejor descansar esta tarde, no me está haciendo ningún bien tanto trabajo.

Me despierta el sonido de una llave que está abriendo mis cerraduras, y pleno de felicidad corro hasta encontrarme contigo. Al verte alli, tan bella como tan sólo tú  lo eres, resistiendome a ello pero sin poder, con mis puños y mis dientes apretados, te lanzo un sincero  ¨te quiero¨, y me acerco agarrándote de la cintura, mientras sin vacilación alguna te beso. 

Sé que ante ti soy un hombre que ha perdido la necesidad de otros cuerpos, soy un soldado que se ha rendido ante el asedio que le ha producido un sentimiento que le está consumiendo por dentro…..Mas sin poder comprenderlo caigo en la cuenta de que lo que te acabo de expresar lo conforman tan sólo un par de palabras, y evidentemente no me salen ahora mismo las cuentas. 

Sin embargo cuando te abrazo no puedo por más que sonreírme, puesto que al contar mentalmente veo con asombro que ocho son las letras que integran esas dos palabras.

Pero no te tienes que preocupar, ya que mi enfermedad no se halla en la fijación obsesiva hacía ningún número……

En verdad, por si te interesa de algún modo saberlo, tan sólo yo sé que mi locura surgió por primera vez al probar el calor que me brindan tus labios, y se alimenta porque te tiene constantemente presente. Créeme si te digo que no te olvido, puesto que escucho tu voz aunque entre nuestros cuerpos parezca en ocasiones que existe un abismo profundo y vacío, porque tu corazón me susurra, y al escucharte con atención me calmo, y de este y de ningún otro modo puedo sobrevivir en tu ausencia….Ya ves todo lo que me ocurre, todo lo que en este anochecer te comento, entiende por fin que la única cura para mi pecho se halla en este amor que hacia ti siento. 

Ahora tranquilizate y guarda silencio, puesto que no me queda otra que proclamarme culpable y reconocer  que lo que ronda mi mente sin jamás detenerse, de lo único que sé que no me puedo desprender, es de esta ansiedad que quiere con desesperación poder contemplar una vez más tu sonrisa, es del latido de este corazón maltratado que suspira por tu amor a todas horas, que muere por la pasión que le inspiras día tras día …. .

 

ESCRITO EL 21/07/2016.

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