UN PASEO.

Por estos jardines de Aranjuez, cuyos caminos están cubiertos por un manto de hojas, que tantas veces fueron por mi recorridos en solitario, cuando mi cuerpo estaba en aquellos años en los que se alejaba raudo de la niñez. Hoy camino junto a ti, mi fiel amigo.

Hablamos de hermosas mujeres que invaden nuestra mente, de las complicaciones que trae consigo la pasión,  y de todos tus éxitos y algunos fracasos, que encontramos ambos en nuestro desgastado corazón. También de aquellas montañas, en donde existen sendas en las que te sientes libre, bajo la luz  brillante de este sol, que ahora con sus rayos nos envuelve.

Y mientras comentamos ciertos asuntos cotidianos, que a veces nos causan dolor, yo recuerdo que allí fue donde me concedieron mi primer beso, y donde sentí la esperanza de que fuera eterno ese primer amor.

Después vendrían tiempos de zozobra, llenos de sufrimiento y oscuridad. La soledad de mi cuarto, y cierto desarraigo de la humanidad. Momentos en los que  me sentí como un alma en pena, al que todos trataban con caridad. Como si fuera su buena obra, notando su cruel condescendencia, que producía mi llanto cada noche, yo con la puerta cerrada, sin querer ver a nadie, deseando morir en paz.

Porque nunca me apoyaron, siempre fui un incomprendido, que contiene mucha paciencia, y gracias a eso y a una inmensa fortaleza, en este hostil mundo, he logrado hasta esta hora dignamente sobrevivir.

Mas a veces tanto esfuerzo, con tan poca recompensa, produce que desfallezca mi cansado cuerpo, en su vacío y triste lecho. Pasando allí horas, perdido en mis sueños, esos en los que aún hay deseo, e ilusión por otro nuevo encuentro.

Dejando en ese instante detrás los jardines, con su manto de hojas, todavía caminando contigo, mi fiel y auténtico amigo. Pues eres una de esas pocas personas, por las que me siento menos solo, puesto que me prestas tu tiempo, y noto tu cariño siempre sincero.

Por momentos como este, seguiré luchando, pues en el mundo todavía hay belleza, y sentimientos verdaderos que compartir con los demás.

Mas espero nunca perder tu amistad, que aprecio como un tesoro, pues sin ningún interés te mostraste, y allí estabas aunque no lo sepas, cuando yo necesitaba más tu apoyo.

Pues en esta vida hay todavía belleza, y por instantes como los de hoy, seguiré en ella luchando.

Escrito el 29/12/2013.

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