EL SONIDO DE TU VOZ.

Mírate en el espejo, ese que refleja tu rostro, el que se encuentra en frente tuyo.

Observa ahora a este ser decrépito, que consiguió en su lejano pasado un doctorado en filosofía. Prometías tanto en aquellos días….. sin embargo, casi nunca realizabas aquello que te proponías.

Coge un papel limpio e intenta plasmar algo cruel, pero preséntalo de una forma sutil y bella, y di la verdad, grita que mueres por dentro, que vives en un mundo que posee cuatro latitudes que son las rejas de tu cárcel, celda en la cual el horror se crió en tu pupila, que al crecer contrajo matrimonio con tu perpetua melancolía, decidiendo ambos sentimientos hospedarse juntos en tu pecho.

Latido que esparce tu sangre por la moqueta, que mancha de lágrimas las sábanas.

Sí, mírate ahora, en el momento en que comprendes que perdiste hace tiempo tu amor, justo en aquel instante que te abandonaste, en el que olvidaste el rumbo de la senda que te podría haber hecho feliz. Todo por tu indecisión, por tu cobardía, por escudarte en una enfermedad, la misma que expresaste con brillantez en un ensayo, cuyas palabras nunca saldrán a la luz, cuyo borrador guardaste bajo llave para siempre en un cajón.

De repente suena el teléfono, su estridencia me despierta de mi letargo, al otro lado escucho tu sugerente voz, disipándose así mi pesadilla gracias a la dulzura de tu susurro, al ‘’te quiero’’ que al final de nuestra conversación me otorgas.

Me sorprendo con mi pluma en la mano, una hoja en blanco debajo de ella está aún por escribir, todavía no terminé mis estudios de filosofía, mas tomé la determinación de volverlos a emprender.

Veo en este ocaso el reflejo de un hombre joven, en cuya existencia se vislumbra un incierto horizonte. Esta persona que soy yo mismo tiene que escribir una gran obra, la más importante de todas, la que únicamente puede componer mientras respire, que no es otra que la de su propia vida.

En ella desea encontrar su libertad, quiere hallar la eternidad para poder amarte, y la esperanza necesaria para no ahogarse, pues anhela una ilusión que le haga soñar con un mundo alegre, junto a aquello que más le importa, aquello que se encuentra del resto que es un sinsentido aparte.

Escrito el 17/06/2014

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