EL CORTO

Brotan imágenes desde el ordenador hasta mis pupilas, recorren un camino que yo mezclo con el licor de mi escritura, y una voz se apropia de mi pensamiento, dice palabras que me son tan familiares que podrían sin hacerlo salir de mi pluma…. Porque desde que nací me enseñaron la individualidad de mi persona, pero a la vez ella se siente como multitud de ellas; la que odia y la que ama, la que ríe mostrando su melancolía, la mediocre que jamás creerá ser brillante, a pesar de que alguno así con su razón lo considere.

Soy un ser ajeno que sueña su vida, que nota sin comprenderlo del todo cómo está muerto. Oigo en el mercado ruido y silencio, trasiego de un capital al que no quiero pertenecer, con el que convivo, por el que lucho para poseer mi propia parcela, tal como hicieron mis padres, cuyo sudor me sacó adelante, como lo hicieron los suyos para cumplir su proyecto, del que yo soy ahora la cúspide, la culminación de sus callos y de su esfuerzo.

Mundo de incomunicación, estatuas ante mi voz pausada, que no grita porque no puede, pues sería despreciada como la libertad de mi alma.

Me encuentro en frente de una burocracia que no entiendo, leyes que revuelven mi enfermizo estómago, puesto que soy un individuo que sólo desea expresarse por medio de este arte, aunque veo el mundo que lo rodea contaminado y sin sentido. Por ello ruego ser algo más que ser un mercenario del papel en blanco y la letra vacía, cuyo triste y único valor estriba en la moneda del prosaico.

Ante esto me lavo las manos, me olvido de mi y del universo, soy un ser sin esperanza, un hombre falto de ilusión que observa como sus padres comen y callan, entreteniéndose como están los dos con el juego de su lamento.

Más incomunicación, entre ellos y yo, entre mi persona y el mundo. Retorna el aburrimiento de vivir, me ahogo en esta existencia en la que me escondo a través de un rostro impasible, que busca en otros su motivación, que desea aprender sintiendo y mostrando emoción, ya sea ello para mal o para algo que le impulse a ser mejor.

Sociedad joven convertida en adultos inertes, y yo quiero en ella tantas cosas….

Quiero amar a esa mujer que pisotea mi sentimiento, necesito respirar aire puro, poseer entre mis manos algo bello, pero frustro todos mis sueños, como hicieron antaño aquellas personas a las cuales conozco, pues soy sin remedio un espejo de ellos.

Escucho sermones en los que no creo, peroratas de salvación, gente que proclama un mundo justo, y descubro que en ello no tengo fe, mire a donde mire sólo vislumbro un desierto, y yo, figura ingenua e impotente, me encuentro en su inmensidad, sin saber jamás hacia dónde debo guiar mis pasos, sin entender nunca dónde terminarán.

Apago la pantalla que ahora se halla en oscuridad, contemplo lo negro de mis pensamientos, y siento el deseo de continuar en la lucha, necesito renacer en el alba, descansar ahora en este ocaso, para poder mirar con dignidad al sol en la próxima mañana.

Escrito el 26/05/2014.

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