SALAS DE HOSPITAL

Siento un dolor intenso en el abdomen y a la altura de la mitad derecha de mi espalda, una enfermera me toma mis datos, revisa mis pulsaciones y apunta mi nivel de oxigenación. Quizá me encuentro un poco nervioso, hacía ya algún tiempo que no había tenido la necesidad de retornar a este escenario tan habitual para mí en el pasado.

Me adentro por un pasillo que no cesa, que se halla adherido a mi cerebro, que es recorrido por unos pasos torpes, por un caminar dudoso, que no sin cierta sorpresa descubro que es el mío.

Llegamos a una sala con personas que esperan, al igual que en este momento me encuentro haciéndolo yo. Esperan un resultado, una llamada, que sin ser la divina podría ser el preludio de esta, como la puesta a punto de una orquesta que no quisiera desafinar al hacer sonar el himno del último adiós, la música que guiará tu ascenso al cielo o tu descendimiento al infierno, un infierno que empiezas a oler, percatándote al instante que ese sabor agrio en el paladar es el del propio ambiente de cualquier hospital.

En ese lapso de tiempo que no transcurre, es cuando más reflexiono, y dudo sobre mi existencia. Cuando de repente me sobresalta una alarma, alguien agoniza detrás de una puerta, y todos los sanitarios acuden a abrirla, van a ayudar. Sé que ese es el protocolo en una situación crítica, y comprendo que un hombre o una mujer se encuentra en ese minuto entre la vida y la muerte, dependerá de si su corazón desea volver a realizar su función, o de si se encuentra demasiado herido o cansado como para dejarse ir.

Entonces, al igual que si me encontrara en un velatorio, pienso en todo el sinsentido que me rodea, en lo que yo mismo soy, en los sueños perdidos, y me veo como alguien que es muy pequeño, un enano de espíritu que es un amasijo de carne y de huesos, un mero poseedor de una pizca de sangre.

Me llega el turno, me preguntan, lo estudian, realizan algunas pruebas, y llaman a algún especialista que recomienda más pruebas. Observo caras que se me antojan serias, y presiento que algo pudiera ir realmente mal.

Otra vez esta maldita espera, esa que parece eterna, a través del pequeño ventanal que da al exterior logro vislumbrar un álamo, y me viene a la mente recuerdos de mi niñez, el patio de un colegio, el calor de aquel sol en una tarde de primavera, los mejores amigos que tuve cuando todo en nosotros era plena inocencia…. y al sonar un timbre ficticio salgo corriendo, y descubro a lo lejos a mi madre que se encuentra más joven y guapa que nunca, esperándome con sus brazos abiertos y una sonrisa, la más bella que yo jamás vi.

Sé que alguien ha pronunciado mi nombre, pero no reacciono hasta que esa persona toca mi hombro, pues deseaba permanecer en ese mundo ideal, ese universo mitificado, que entiendo al instante que es irreal.

Ahora mi realidad se me antoja cruda y despiadada, y tiemblo ante la incertidumbre, no sé si conseguiré salir algún día de este hospital o si ya no lo haré nunca más.

Un pasillo que no cesa, y en su final se encuentra una dama, ella abre sus brazos y me ofrece una sonrisa que sé que es la más bella, su rostro ha envejecido bastante, pero sigue siendo para mí la más hermosa mujer que habita en esta tierra, y comprendo en este instante con alegría junto a ella, que he recibido una nueva oportunidad .

Escrito el 30/05/2015.

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SIN EMBARGO

Hoy me pesa la vida…

Me pesa su lucha,

mis momentos de cobardía,

los reproches autoimpuestos,

las heridas que renacen,

y es que me duele mi alma,

y sin saber aún por qué

me pesa esta vida.

No me acostumbro

ni a su pulso

ni a su sabor,

no lo hago

a que mi mente

de tanto llenarla

se sepa vacía,

nunca entenderé nuestra avaricia

ni al que guarda rencor,

jamás comprenderé la necesidad

del orgullo

ni de la existencia de la mentira.

Vida que eres

de sombras y de luces,

no sé por qué a mí

a esta hora me pesas,

me rondan por las calles

tus espíritus y sus miserias,

mas sé que hay personas que todavía

merecen la pena.

Vida que apareces

con el frescor del rocío,

que te desparramas al aparecer el alba,

en mi tierra tus flores se muestran,

el rugir de mi mar al escuchar

tu nombre se calma.

Mas a pesar de los placeres

que nos otorgas,

a pesar de tu infinita belleza,

observan mis ojos confusos

este atardecer,

nota una lágrima mi piel,

veo en mi rostro marchito

hastío y aspereza….

Quizá sea por el veneno que recorre

el cuerpo enfermo de mi amada madre,

o porque comprendo que ese padre que me

educó está cada día más decaído y más viejo,

que ayer oí con dolor el delirar de mi abuela,

o porque el sol de mi ciudad hoy apareció

sin brillo.

Quizá al contemplarlo

yo perdí cierta esperanza,

y me invadió sin quererlo

el pesimismo,

quizá me atrapó la eternidad

de una condena,

o la amargura siempre espesa

de la tristeza…..

Ya que a pesar del amor

que me brindas

mi corazón es de escarcha,

y sin desearlo jamás

noto el temblor bajo mis pies,

y siento un frío intenso,

pues sé que mi voluntad

y esta juventud que poseo

como relámpagos en furia

están proclamando su adiós,

se escapan como mi inocencia

sin ningún miramiento,

huyen de mi aliento

sin compasión.

Mas comprendo que aunque

en estos momentos

se puedan tener mil y un motivos….

como la soledad y la muerte,

como una despedida

y tu olvido….

también entiendo

que mañana habrá un nuevo amanecer,

otra extraña y vibrante

emoción recorrerá mi pecho,

volverá a resurgir la ilusión,

caerá al abismo del tiempo perdido

todo el sinsentido,

y al fin encontraré en ti consuelo.

Y es que debo tolerar

que en ocasiones me pese la vida,

sin embargo tengo claro y sé,

que la amo, la necesito

y quiero vivirla.

Escrito el 25/05/2015.

URGENCIAS

Urgencia por olvidar

todo aquel cruel abismo,

la tristeza en mi pecho,

aquella enfermedad maldita,

mi odiado pasado

y todos sus misterios.

Urgencia por sonreír,

por tener la oportunidad

de perdonar,

por al fin ser feliz,

por entre mis brazos

poderte estrechar.

Urgencia de más de una amistad,

de nunca hablar sin pensar,

de ser cada día más prudente,

de conseguir así

convivir en paz.

Urgencia sin soledad,

sin contener acritud,

que no posee deshonestidad,

que pretende estar del lado

de la virtud.

Urgencia por construir….

con la voluntad del soldado,

con el esfuerzo de una hormiga,

con la paciencia del marginado.

Urgencia por acabar,

por vencer la desidia,

toda esa pereza y mi abulia,

aquellos prejuicios que hieren,

y esa locura rebelde,

por favor…..

que jamás en ti se reprima.

Urgencia por borrar

esas zonas borrosas,

las ideas incoherentes,

ese impulso de muerte,

pues queremos que aprecies tu vida.

Urgencia por salvar

esta tierra,

por hacer más sin miedo,

por silenciar nuestra pena,

y ante la más que probable caída….

tener la oportunidad

de comenzar de nuevo.

No quiero

negras nubes que hagan languidecer

mi alma,

deseo verla brillante y orgullosa

siempre en el cielo,

tanto al caer la oscuridad

de esta noche,

como al presentir los primeros rayos del alba,

ya que ellos son los componentes de este amor,

la esperanza de un bello sueño.

Y es que tengo urgencia

por sentir, por reír,

por vivir….

Mantengo urgencias

que no son de hospital,

por las que creo

que debemos luchar,

que este loco y soñador,

va sin duda a perseguir…..

Urgencias que cada uno

tendrá que pensar,

que haciendo un pacto

consigo mismo

debería intentar cumplir….

Escrito el 15/05/2015

LA COMIDA.

En la bandeja hay unas migas con su tocino y su chorizo, no están mal me digo a mi mismo, pero ni mucho menos poseen el sabor que les lograba imprimir mi abuela en aquellas felices mañanas de la niñez.

Son sorprendentes los caprichos de cada memoria, hechos que para algunos pasarían como insignificantes, a otros se les incrustan como una rémora que les acompaña durante toda su vida.

Es de este modo como recuerdo a aquella anciana, como algo agarrado a mi piel, con su puchero a fuego lento, removiendo el pan que ella había desmenuzado en esas noches en las cuales mi abuelo, recto y sereno, le leía el periódico al calor de la estufa. Ya que a esa persona seria y mayor le encantaba leer, era su máxima pasión, y se fue con la ilusión de que su nieto algún día escribiera un gran relato, un cuento que sorprendiera a todos, para así poder ver mi nombre y su apellido remarcados en una cubierta, y a ser posible qué esta fuera de color marrón e impresa con letras doradas, del mismo modo que la colección en tres tomos de Conan Doyle que él guardaba con tanto celo, tres perlas hechas libro que cuando él partió fueron para mí.

Al lado de este primer plato hay una ensalada mixta, quizá debería haber pedido otra cosa dadas las circunstancias, pero mi añoranza y la costumbre me pudo, pues no hubo un solo día de convivencia en la que mis padres no me la pusieran de acompañamiento. Ahora puedo verles como en un sueño a los dos trajinando en la cocina, y en mi paladar retengo un sabor entre dulce y amargo de su último adiós.

Mas ahora mis abuelos, mis padres y la vida, todo ello se desvanece, y lo que más lamento es el llegar a comprender su impotencia, su más que segura frustración, el poder sentir su llanto, su rabia, pues no han conseguido salvar a su hijo.

Un cura entra en mi celda, me queda poco para saber qué es la muerte, unos escasos minutos para mi ejecución.

Escrito el 13/05/2015.

AÑORANZA

Como esa breve imagen
que permite caer esta lágrima,
hay una aldea pobre,
una plantación de arroz,
y en su mismo centro una cabaña.

Tan humilde como ella es,
en su cesto solitario
tengo oculta una guayaba.

Ruego a mi Virgencita de café,
antes de echarme hoy a dormir,
que me acune al perecer,
que me acoja en el partir.

Sueño del que ya disfruté,
pues en otra historia creí vivir,
de la que no hay a esta hora un posible amanecer,
pues no lo consigo recordar,
ni ver, ni sentir.

Mango que eres del corazón,
que el canto de aquel gallo no lograste olvidar,
tan sólo tú me dejas lo evanescente de aquel dulzor,
y la amargura de otro doloroso y lejano despertar.

Pero ahora paisano mira
si es que quieres mirar …

¿No es esa de ahí la palmera
que desafía al cielo y al infierno?,
¿aquella de la que si no bebes de su savia se desvanece?,
mas dicen los sabios que no debieras desearla,
pues desde antaño se comenta que ella es la muerte.

Y sin más cuento ni leyenda,
pruebo en silencio mi pena,
la de aquel licor llamado tierra,
que en un día maldito de locura y de tormenta,
como un vacilante héroe abandoné.

Mas cobarde me siento,
en esta noche de borrachera,
del suicidio de mi esperanza,
de la renuncia de toda fe.

Y es que entre la humedad de estas sábanas,
descansa hoy mi añoranza,
llanto del que quiere
abandonar su desgracia,
danza macabra del que no tiene el poder de llegarlo a hacer.

Comprendo que mi tristeza fue el despedirme,
estas nubes de ahora son grises,
la única alegría que anhela mi alma,
es la de pensar que volveré.

Escrito el 07/05/2015.

INCOMUNICADOS

Me despierto cansado en este día de sol y pueblo andaluz. Día duro el de ayer, noche de insomnio. Busqué durante la oscuridad respuestas, argumentos, todos ellos de gente brillante, personas con el talento del que yo creo carecer, no obstante apagué finalmente la pantalla, después de leer durante horas decidí con prudencia guardar silencio.

Salgo a la calle a caminar, a pasear por senderos de piedra, y me pregunto para qué sirve discutir. Me doy cuenta de lo absurdo, de lo insensato que probablemente es vivir en un mundo construido solamente en una idea de blanco o negro, y de lo inútil que resulta el intentar llevar siempre la razón, de la ignorancia que todo eso conlleva.

Me siento en una plaza a descansar, enfrente contemplo un quiosco de música, y llega a mis oídos la eterna letanía del estás conmigo o contra mí, del orgullo del yo sé más que nadie, y de lo mío es la única verdad.

De repente me siento como un tonto, a pesar de aquellos estúpidos documentos y de su validez, sé que soy un idiota, porque también sé muy bien que las diferentes escuelas se contradicen entre sí, que a un saber se le opone otro, y que toda certeza puede tener su dosis de relatividad.

Miro al cielo despejado y azul e intento vislumbrar los ojos de ese Dios que no conozco, del que tanto estudié siendo cada vez más para mí un misterio. Sin embargo no le pido nada, no le ruego, soy consciente de la herencia recibida, de lo que escuché desde niño que era el bien y el mal, y luego de lo que yo mismo observé: de una aplicación de las escrituras que consideré incorrecta en muchos de los que se denominaban a si mismos como creyentes, en personas que presumían de ser seguidores de Cristo, pero deseando ser justo no quise juzgar.

Por eso me fui alejando, no por culpa de Dios, Él no tiene nada que ver en esto, sino por la utilización que hace de su nombre el ser humano.

Un niño se encuentra solo con su balón, siento esa soledad como propia. Yo dudo, busco la verdad, pero no deseo discutir.

Noto desde que crecí en esta sociedad una inmensa falta de empatia, una escasez en el entendimiento de que cualquiera pudiera estar equivocado, y me corroe la incomunicación por dentro, sin querer se me ha quedado muda el habla.

Es entonces cuando unas manos rodean por detrás mis ojos, me susurran al oído ” quien soy “, y noto cómo en ese momento da mi pecho un vuelco de alegría, cómo esa soledad que sentía se desvanece, y tú y yo en un universo que se queda vacío a nuestro alrededor nos fundimos en un beso.

Es en este instante en el que te miro de frente, en el que te agarro fuerte la mano, en el que yo más creo que quizá sólo así pueda uno expresarse. Dando y recibiendo amor, rompiendo tanto silencio con sentimiento, y me da igual quien lleve ahora la razón, quien diga sin saber o a sabiendas una mentira, la única palabra que sé que es verdad, la única que expreso comprendiendo sensatamente que es real, es este ” te quiero ” que en este segundo que se muestra eterno te digo.

Escrito el 04/05/2015.

A pesar de ello ha salido el sol, creo que un bello día nos aguarda.

Escrito el 03/05/2015.