LO QUE DESCUBRÍ DE LA LIBERTAD.

Se despertó cuando un sol radiante inundó ese cuarto que le era desconocido, un lugar repleto de libros, cuyas páginas impresas se apilaban sobre estanterías que iban desde el suelo hasta el techo. El resto del mobiliario se componía de un armario en uno de los lados y a la derecha una silla, en la cual se sentó a pensar, puesto que todavía no llegaba a entender qué sucedía, el porqué tenía un sentimiento que le revolvía tan dentro, que le era tan sumamente extraño.

 

No podía recordar nada de su  más reciente o lejano pasado, ni siquiera lo que cotidianamente realizó ayer, y ante ello comprobó cómo crecía en él un intenso pánico, un incipiente y persuasivo temor.

 

Al calmarse consiguió reaccionar, así logró salir de aquella habitación a pesar de su miedo, de esa inmensa incertidumbre que le atormentaba y hacía temblar su cuerpo. Fue a refrescarse el rostro, cuyas facciones pudo contemplar en el espejo, las tocó con sus dedos, no llegaba a saber si todo aquello era un sueño o si se encontraba despierto. Razonó sobre su situación, lo que le  estaba ocurriendo en este preciso momento.

 

Sentía un completo desarraigo hacia todas las cosas que le rodeaban, podía empezar a ser realmente quién él quisiera, puesto que no tenía un pasado que le condicionase, ni un amanecer que le hiciese proyectarse en ningún horizonte, tampoco tenía posesiones, se encontraba en este instante aquí, pero podría estar perfectamente en otra parte. Poseía únicamente lo poco que se hallaba en sus bolsillos, que era la ausencia de preocupaciones.

 

Se veía como un vagabundo errante, alguien sin historia ni futuro, sin dinero, amigos o familiares.

 

Una felicidad momentánea y una inquietud atrayente empezaban a asediar su pecho, cuya cadencia se aceleraba, pues se abría hacia el exterior y su interior libre, no había encerrado en él el peso de ninguna carga.

 

Descendió por las escaleras de aquella misteriosa casa, deseaba salir al mundo, respirar de él su aire, pero sin quererlo fijó sus ojos en una fotografía que había colgada en una pared, y el contenido golpeó su mente confusa con crueldad, ya que le hizo recordar en ese instante quién era realmente, las responsabilidades que tenía para con los suyos y para con la sociedad.

 

Lágrimas recorrían ahora sus mejillas, parecía que una insufrible rabia e impotencia recorrían sus venas. Al tranquilizarse y recuperarse del shock entendió en qué consistía su vida, entendió todas las renuncias del pasado, los enormes sacrificios emprendidos, lo que sus seres queridos necesitaban de su persona, y lo que él esperaba de sí mismo, lo que anhelaba realizar en lo que le quedase de historia.

 

También comprendió que aquello era lo que le daba a su existir un auténtico sentido, el poder cuidar de los suyos, el esforzarse y luchar por lo mejor para ellos, en hacer lo propio consigo mismo, y así tener la esperanza de llegar a poseer una alegría compartida, una fiel a los principios del respeto y del cariño, pues su máximo deseo era sentir amor, sabiendo en este momento que no lo conseguiría jamás sin ser noble de corazón, sin realizar hacia los demás ninguna aceptada entrega, porque en esta vida tienes que renunciar a una parte de tu libertad por los que quieres, porque ellos son a los que amas, y también los que hacen que seas feliz por tu entrega.

 

Ellos sé que son un verdadero tesoro, y puedo expresar sin dudar, que prefiero las rejas de su cárcel, a una libertad sin su amor, sintiendo mi soledad.

 

 

Escrito el 31/08/2014.

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