LA PASADA NOCHE

Me despierto temprano y estás aún aquí tumbada. Tu figura tranquila y segura duerme plácidamente, y creo ver una sonrisa en tus labios, los mismos que besaron los míos anoche tan furtivamente. Siendo ambos como dos locos hambrientos, que se buscaban sin miedo entre aquellas sabanas raídas, deshaciendo con nuestras sacudidas la cama quejumbrosa, que encontró como único testigo la blanca luz de la luna.

Contemplo en mi memoria como me acariciaste la piel, y como lograste hacer que se estremeciera de placer, sin poder reprimir yo ahora un suspiro, al recordar que tu sentimiento era igual que el mío. Descubrí así una pasión que sólo podía intuir, cuando tu mirada pedía lascivamente mi tacto, acercándome la mano a tu pecho desnudo, y suplicando a mi cuerpo que entrara dentro del tuyo.

Levantándome ahora muy despacio, puesto que no quiero despertar todavía tus sueños, yo he cumplido esta noche los míos, al conseguir entregarme a ti por completo. Me siento y enciendo una tenue luz, que me sirve para plasmar este breve texto, que tantas veces escribí en mi pensamiento, sin haberlo logrado jamás en un verso.

En la soledad del silencio lo leo de nuevo, mirando a veces de soslayo tu incierta figura, esa que duerme tranquila y segura,  comprobando así que sigue a mi lado.

Mas de repente sin saber donde estoy, abro abrumado mis ojos en esta mañana, y observo como una de mis plumas se encuentra entre mis dedos, teniendo debajo un usado y arrugado papel, en el cual hay escrito, lo que aquí está expuesto. Comprendiendo en este momento, que me dormí cuando me disponía a plasmar, una bella historia, pero no consigo recordar. De quien era aquel cuerpo tan terso, del que sólo mantengo el sabor de sus besos, con la esperanza de que aquella dama olvidada, retorne a mi memoria en la próxima noche cerrada.

Escrito el 29/11/2013.

27 DE NOVIEMBRE

Hoy me pesa la mañana,
este tren y su gente,
esa lucha cercana,
que se barrunta en mi mente.

En este momento me sobra tu tacto,
todas aquellas corteses mentiras,
pues las descubrí en el mismo acto,
cortándome secretamente en tu presencia el pecho a tiras.

Mas aquello son asuntos del pasado,
ya no me importa tu falsa sonrisa,
ya que ahora vuelvo a tener un sentimiento alado,
que de tu recuerdo huye deprisa.

Aún así en este día no quiero alegría,
ni ninguna tristeza ni ningún odio,
ni que me otorguen una victoria tardía,
puesto que ya insensible me muestro ante cualquier podio.

Porque hoy me pesa hasta mi ropa,
y todas aquellas palabras deshonestas,
la dulce bebida de tu copa,
y mis torpes e inútiles protestas.

También me sobra mi infierno y tu cielo,
el polvo y la ceniza,
que es en lo que se convirtió tu sedoso pelo,
y tu alma un tanto enfermiza.

Y es que en este día no deseo ni una muerte temprana ni una eterna vida,
ni un pensamiento loco ni uno completo de cordura,
no quiero en ningún instante ni tu vuelta ni mi ida,
tan sólo pretendo tener como único amor a la belleza en la escritura.

Escrito el 27/11/2013

A TI, FIEL VAGABUNDO.

Para ti, que en París y Berlín te perdiste,
que enamorado paseaste por sus solitarias calles,
que a tu cuerpo perecer mansamente allí pediste.
Para ti, deseo que en Madrid finalmente halles.

Ese amor que tantas veces te negaste,
intentando parecer un hombre indolente,
por una culpa que injustamente te echaste,
al poseer una mente que en ocasiones se muestra del resto diferente.

Esa que vuela más rápida que el viento,
derivando así hacia los  senderos de la locura.
Ya que el odio y el amor a la misma vez siento,
teniendo que elegir con la razón entre ellos cuál perdura.

Inteligencia carácter y sensibilidad,
eso es lo que mi alma dicen que aposenta.
Quizá esto hace que me sienta aparte de una sociedad,
en la que humildemente con lo escrito mi pecho se lamenta.

Puesto que le enseñaron la falsa belleza,
con una educación demasiado exigente,
llena de soberbia moral e inhumana entereza,
que me di cuenta que no era válida para esta vida cruelmente.

Mas no me arrepiento del pasado,
no culpo de nada a ningún maestro,
puesto que me otorgasteis un pensar alado,
que a veces con plena libertad muestro.

Por eso debo estarles agradecido,
a pesar del sufrimiento contenido,
ya que por ellos he crecido,
con un sentimiento de lucha fortalecido.

Siendo ahora lo que soy,
un digno y leal vagabundo,
que subido a su tren va hoy,
queriendo continuar su viaje por este incierto mundo.

Escrito el 25/11/2013.

LOS MINUTOS

El niño juega encima de la alfombra con su coche de bomberos. Parece insensible ante lo que ocurre, imperturbable, pero sé muy bien que me observa, me mira de soslayo cuando cree que yo no me doy cuenta, como impaciente.

Yo estoy de pie al lado de la chimenea. Ojeo una foto colgada en la que aparece ella, la madre, junto a mi amada. Cierro los párpados y la puedo ver allí, en el hospital, tumbada en una camilla, preparando su alma para una posible muerte, con la esperanza de poder continuar con su vida.

Es entonces cuando recuerdo mis absurdos enfados, todos aquellos malentendidos, los momentos en que quise llevar la razón cuando la única verdad es que no nos poníamos de acuerdo. Pienso en todas mis frustraciones por una vanidad que ahora desprecio, ya que me veo tal cual soy, humano e imperfecto, pues sólo tengo el valor de haber llegado a tu fibra más íntima, la de tu corazón, ese que se encuentra en la lejanía a mi lado, pero que tengo presente que se marchará cuando el sentimiento cese. Mas soy consciente de que no hay que llorar por lo que se fue, sino que sonreír por lo que has tenido.

Pienso en que no me arrepiento de nada de lo que he hecho, pero hubiera cambiado en mi vida tantas cosas, que mirando a este zagal que es su hermano, quisiera poseer su edad, para así tener un nuevo existir por delante, y poder modificar algunas, esas que a veces perturban mi mente. No obstante me doy cuenta de los años que arrastro, de que debo asumir con valentía decisiones que tomé hace tiempo, de que otros vendrán detrás de mi, encontrándome yo de este modo más cerca de la vejez, de la última luz en mi ocaso.

Mas pasan los minutos, y no sé nada. Miro el reloj en la pared, y me parece que no marca la hora. Es entonces cuando se oye el sonido de un timbre, ante cuyo ruido no reacciono, haciéndolo el chaval, que me acerca el teléfono.

Ahora él se muestra intranquilo, y yo me siento nervioso. Una voz resuena al otro lado, una conocida, que dice “todo salió bien”, que añade al final un “te amo”.

Abrazo al instante con lágrimas en los ojos al niño, que se aferra a mi cuello llorando, le explico que todo está bien, que su madre está a salvo, que la vida continúa, y que hay que disfrutar de ella mientras ésta perdure. Quedándome ahora en silencio, con él apretado contra mi cuerpo, rogando en este momento a Dios, que aquel inocente ser jamás aposente odio, que ame y se desengañe, que sufra dolor y sienta alegría, que crezca y madure, pero que nunca desfallezca desilusionado por esta vida.

Porque el tiempo pasa, y cuando menos lo esperas, todo lo demás sobra, menos tus sentimientos y tu memoria. Debiendo en ambos casos, o al menos hacer el intento, de tanto en la mente como en el pecho, retener algo bello dentro.

ESCRITO EL 23/11/2013.

LA DECISIÓN.

Busco entre mis textos una frase,
algún verso escondido,
que con dolor no me abrase,
al darme cuenta que me he decidido.

Por un mundo aparte,
uno en el que casi nada cabe,
ni siquiera el amarte,
hasta que mi latido bajo tierra acabe.

Escogí este rumbo diletante,
en el que sólo doña filosofía me agrada,
siendo la palabra la única amante,
con la que pasar una discreta velada.

Pues todo bajo nuestro cielo es decisión,
ante mis compañeros de viaje me hallo,
ellos son los lectores de mi rebelde evasión,
y de la penosa existencia entre cuyo bullicio me callo.

Ya que un ruido inmenso la rodea,
un estrepitoso y completo sinsentido,
en la que mi mente con peligro merodea,
un terrible sufrimiento exhalando con lo escrito un alarido.

Por amar y odiar tan intensamente,
tanto que mi pecho en ocasiones revienta,
quedando mi alma paralizada cruelmente,
implorando a un Dios que por mi actitud se lamenta.

Porque únicamente pido libertad al pretender crear belleza,
sin sentir en el estómago ninguna zozobra,
del traicionero éxito y su posible riqueza,
deseando aunque pobre y humilde conseguir una magistral obra.

Escrito el 21/11/2013.

EL TIEMPO NECESARIO

Una noche me descubrí  acostado con la señora felicidad.
Estaba junto a nuestros lujuriosos cuerpos en tu cama.
Pero todo adquirió en mi mente demasiada velocidad,
teniendo que pedirte en este momento una prudente calma.

Todo se escapó de estas manos que ahora se encuentran temblando,
después de sentirse llenas de celos en un mal momento,
pues algo mucho más poderoso que una simple amistad se estaba iniciando,
algo que provocaba en mi pecho un inusual sentimiento.

Querría haberte dicho que te amo al oído.
Quisiera haber pedido al cielo que me otorgase libertad.
Querría haber merecido tu cruel olvido.
Quisiera estar contigo mientras dure la eternidad.

Mas ahora te ruego espacio,
darnos el tiempo que ambos necesitamos.
Quizá caminando más despacio,
podamos descubrir en soledad si realmente nos amamos.

(A un amigo que esta pasando malos momentos)

Escrito el 20/11/2013.

A LOS GRANDES ARTISTAS.

A lo mejor quisiste dedicar más tiempo a las personas que aprecias, sin tu ropa haber respirado completamente libre al mirar por la ventana, haber tenido en tu pecho un sentimiento aún más noble, y haber ostentado a la vista un carácter menos agrio. Pero al fin y al cabo todavía eres parte, de esta realidad que es tan imperfecta como todo lo que es humano.

Seguro que hubieras deseado haberte callado, cuando tus labios hablaron insensatamente, y haber expresado con mejores palabras, lo que ya fue al aire lanzado.

Te gustaría haber creido que el mundo era mucho más amable, y haber disfrutado de él con lujuriosa alegría. Sin tener después que contener en tu creativa mente, ningún pensamiento erróneo que te hubiera culpado.

Sonreír ante esas pequeñas cosas, las que nos brinda sin tapujos la vida. Cosas como la suave brisa en el rostro, y una taza de café en la fresca mañana, el tacto de tu mano al hundirla en la arena, y el sabor de esos besos, si llegan, del ser por ti más odiado y amado…

Pretendiste decir un «te quiero» en tu melancólico poema. Un «te amo» a la existencia que se escapaba de tu lado. Al expulsar de tu boca un último suspiro, al suplicar un abrazo con tu desconsolado llanto.

Mas no pudiste hacer otra cosa, que seguir con ahínco un sólo destino, el que fue creado por tu virtuoso talento, el mismo que mantuvo tu sustento en el camino emprendido.

Hallaste así la extrema belleza, la que muchos otros devotos anhelamos, pero que está al alcance de sólo unos pocos, los que nacieron con una estrella bajo su casi celestial brazo.

Mas a todos nos espera el mismo final, el de nuestro cuerpo marchitándose despacio, que termina convirtiéndose en liviana y gris ceniza, dentro de un ataúd cerrado allá en el campo Santo.

Con la sustancial y justa diferencia, puedes sonreír ahora postrado en tu lecho, que gracias a tu admirada y hábil destreza, sera coronado tu nombre en lo alto.

Ya que con el trabajo de tu humilde oficio, conseguiste el buscado resplandor que raramente es logrado, siendo éste el que convierte en auténtico arte, todo lo que en otras manos se ve como mundano.

Retenida ahora tu creación en pupilas ajenas, tu legado será cuidadosamente guardado, puesto que cuando caigamos en el olvido la inmensa mayoría, tu permanecerás con tu obra en la memoria grabado.

Escrito el 19/11/2013.

GRACIAS.

Como sabéis, este año he superado una cruenta batalla. Quizás la más dura de mi vida a tenor de las circunstancias.

Sé que no lo conseguí sola. Se lo debo sobre todo a Dios y a la ayuda de mis padres. A mi madre por sus rezos (a pesar de no ser plenamente consciente de lo que me ocurría), y a mi padre, que seguro que ha velado por mi desde la altura.

El resto lo hemos logrado entre todos, ya que vosotros tenéis igual o superior mérito al mío, puesto que me habéis insuflado toda la esperanza que necesitaba para luchar.

Ojalá todas las personas que sufran una enfermedad pudieran tener tanta suerte como la mía, al sentir el amor que yo he sentido tan cercano.

Me lo habéis mostrado al informaros, al preocuparos, al reconfortarme con vuestra presencia. Al poner tanto empeño en que yo no lo pasara tan mal, mimándome con el inmenso cariño que aposentais en el corazón.

Cuanto más inseguro se encontraba Paco, no pudiendo asumir lo que creía que irremediablemente se le venía encima, más crecisteis vosotros ostentando un optimismo que me ayudó a salir adelante.

Nunca podré agradeceros tanto amor, tanto alivio otorgado a mi persona.

Por eso y por más eternamente os tendré en mis pensamientos. Rezaré por vosotros. Pediré que no paséis infortunios, pero si estos llegaran, contar siempre conmigo, puesto que os quiero con toda mi alma.

Entrando aquí mis hijos, herman@s, cuñad@s, y demás familiares… Pero en especial a Paco, mi marido, que aunque hizo poco…. es porque sé que no pudo.

(Escrito con la idea original de mi madre y a petición suya, teniendo sólo yo, el autor, que aderezar sus verdaderos sentimientos)

Escrito el 16/11/2013.

SOY AQUEL.

Soy aquel al que amamantó tu pecho,
el que en escribir pone su máximo empeño,
el oyente de tu canto tumbado en su lecho.
El de tus tres hijos, el más pequeño.

Soy aquel que poseía un futuro brillante,
al que todos presumian talento,
el que ahora carece de amante,
debiendo andar en los sentimientos con bastante tiento.

Soy aquel que feliz te acompañaba,
mostrando su sentir ambivalente,
el que a corazón abierto odiaba y amaba,
necesitando cuidar en este momento su extravagante mente.

Soy aquel que intenta ocultarse,
el que en sus textos veladamente se muestra.
Pretendiendo así sincerarse,
al verte como una auténtica maestra.

Soy aquel que jamás será perfecto,
y esa persona que eternamente se sentirá culpable.
El que a veces parece carente de afecto,
al actuar siempre de manera tan responsable.

Soy aquel que pide a gritos libertad,
aposentando en su alma un apesadumbrado dolor.
El que dice en este instante toda la verdad,
al expresar que la vida junto a ti es de otro color.

Escrito el 15/11/2013.

Dedicado a mi madre.

QUISIERA PARA TI.

Quiero que el tiempo retenga toda tu inocencia.
Que seas fuerte cuando llegue la tormenta.
Que no cometas con la pasión una triste imprudencia.
Que tu mente la enfermedad nunca sienta.

Quiero que me traiga el sonido de tu risa el viento.
Que ante ajenas y crueles palabras no desfallezcas.
Que tu pecho jamás contenga un apesadumbrado lamento.
Que por un falso sentimiento nunca insensatamente perezcas.

Quiero que en la vejez poseas recuerdos agradables,
de tu estancia en esta breve existencia.
Que tu, como tus padres, cries a otro ser adorable.
Que jamás te atormente ninguna mala conciencia.

Quiero que elijas tu propio destino.
Que no te impidan nada las circunstancias mundanas.
Que valiente sigas eternamente tu camino.
Que irradies siempre la luz que ahora emanas.

Quisiera cambiar para ti este mundo,
mas me di cuenta que ni puedo ni debo hacerlo,
porque quizás tu sin contener este espíritu vagabundo,
quizás por ti misma otro existir con tus ojos logres verlo.

Escrito el 13/11/2013.

Para mi sobrina Alejandra.

TE PIDO PERDÓN.

Te pido perdón por las veces que te fallé.

Por las dudas en ti aposentadas.

Por las veces en las cuales no te amé.

Por tantas lágrimas en la oscuridad desechadas.

Te pido perdón porque te exijo demasiado.

Porque no te doy nunca lo que puedo.

Porque de ti jamás me apiado.

Porque culpable siempre te señalo con el dedo.

Te pido perdón por todas las injusticias,

que cometo hacia ti.

Por esas negadas ardientes caricias,

que te prometí.

Te pido perdón por mis propios prejuicios.

Por mi poca osadía.

Por mis erróneos juicios,

hacia tu presunta valía.

A ti que paseas por esta senda.

Que tu reflejo ves esta mañana en el río.

A ti en este momento mi alma se encomienda,

para que la ayudes en su transito triste y frío.

Por eso me pido perdón,

y continúo conmigo el camino.

Escrito el 11/11/2013.

LA VIDA.

LA VIDA ES UNA OBRA DE ARTE.

EL LIENZO ES TU CAMINO.

LA PALETA SON LOS PILARES,

EN DONDE SE APOSENTAN TUS CIRCUNSTANCIAS,

QUE SON ESOS COLORES

CON LOS QUE PINTAS TU PAISAJE.

TU ESENCIA ERES TU MISMO.

EL PINCEL ES TU OSADÍA.

TIENES QUE TENER VISIÓN Y CORAJE,

PARA HALLAR LAS DIFERENTES TONALIDADES

DE LA ANHELADA MAESTRÍA.

DEBES DIBUJAR TU EXISTENCIA,

COMO A TI MÁS TE PLACE.

ÉSTA PUEDE SER OSCURA,

TAMBIÉN PUEDE SER BRILLANTE,

PERO TIENE QUE ACABAR SIENDO BELLA,

COMO TODA BUENA OBRA DE ARTE.

Escrito la noche del 09/11/2013.

HOY A MI ABUELA.

Aquí esta ella, a mi lado,
en una mañana que se torna por momentos gris, pero que aún resplandece. Como su sonrisa, la misma que muestra al ver a su gente, la misma que de ella permanece pendiente.

Sus arrugas ensamblan su vetusta figura, su porte es tan señorial como sereno, su tembloroso hablar es el más dulce, con él ostenta su experiencia y algún misterio.

Sin atisbar en su rostro ningún mal sentimiento, sólo aposentando en la mente buenos recuerdos, que con su debilitada voz intenta expresar al viento.

En donde sus seres queridos cuidadosamente los recogen, acariciando su celestial sonido con los dedos.

Aquí esta ella, mi abuela,
nuestro orgullo perpetuo, la dama hoy más querida, la que con sincera alegría, y una bondad extrema, escucha estas humildes palabras, que pretenden ser para ella unas de las más bellas.

Escrito el 09/11/2013.

EL REFLEJO.

Hoy tuve una charla con mi médico que se tornó dificultosa. Le hablé de un hombre al que observo a menudo, como si fuera una estatua al aire libre que se mueve. A veces hasta sueño con él, preguntándome si no habrá llegado a ser una obsesión.

El doctor contemplaba mi cara desolada, y me incitó a que escribiera, a que buscase su esencia.

Y yo salí de la consulta desesperado, con mi lápiz en la mano, sacando algunos papeles de mi cartera, esa que me acompaña siempre fiel, metiéndome en la primera cafetería que encontré en mi tránsito.

Pensé en él. Sentado en una mesa de mármol blanco recapacité sobre ese ser que parecía tan desgraciado, que poseía ese rostro tan melancólico, que tenía un hablar tan pausado. Ese hombre de silencios profundos, que intuía que me ocultaba algo.

Llegué a la conclusión de que era preciso tener una entrevista con él, los dos solos, yo con mi libreta en la mano, él teniendo que satisfacerme, teniendo que pronunciarse honestamente. Si no, nunca hallaría su verdad, lo que era y es para mi en esta vida lo más preciado.

Me marché de aquel antro y me encaminé a la estación ferroviaria. ¿Quién es esa persona de pelo largo y seriedad extrema? ¿Qué pretendía evadiéndose de la raza humana?.

Al rato, el tren circulaba raudo por los raíles. Me guiaban a otra ciudad, a un distinto ámbito. Fue entonces, en la última estación, justo al apearme del vagón, cuando me le encontré de bruces, cual máscara viviente. Estaba apoyado en una farola, esperando el autobús.

Al instante, decidí seguirle, agarrando una hoja entre mis manos. Parecía ausente, como moribundo. Contenía la tristeza de la belleza que se va marchitando.

Bajamos en la misma parada, yo le seguía muy de cerca, observando su andar inseguro, su melena bailando al viento. De repente, al torcer una esquina le perdí, descubriéndome de súbito en mi misma calle, la del hogar compartido con mis padres.

Entré atropelladamente en mi casa. Alguien balbució algo a mi espalda, pero no hice ningún caso. Casi estaba al final de las escaleras, entrando en el cuarto de aseo, cuando la realidad empezó a clarearse.

Ahí estaba él, mirándome con expresión burlesca a través del espejo.

Fue entonces cuando este autor cogió su pluma, y encerrándose en su habitación no volvió apenas a salir de allí. Quedándose así medio muerto en vida, medio vivo en su escritura.

Escrito el 08/11/2013.

CARTA DE DESPEDIDA

No quise ser falso,

y me mostré por entero.

Tu eras de entre todas la más bella,

quizá por fuera, seguro por dentro.

Me ocultaste tantas cosas,

tantos sentimientos,

tantos secretos internos.

Y yo cometí tantos errores,

sobre todo intentando ser contigo tan sincero.

Quise agarrar una rosa,

la más hermosa,

la más dolorosa.

Sus espinas me han desgarrado el alma,

diciendo tarde mis labios un te quiero,

innecesario en estos momentos.

Reflejando ahora una lágrima en el rostro,

pues mi mente ha comprendido,

que  perdí a la persona amada,

a la persona deseada.

Prometiendo con mi corazón en la mano,

que su recuerdo con honesta ternura,

será eternamente guardado.

 

Para JOI.         06/11/2013.

 

EL DOCTOR JEKYLL Y EL SEÑOR HYDE QUE HAY EN MI.

En los últimos tiempos, el doctor Jekyll que habita en mi, el de vida austera en el sentir, el de pensar diletante, el que tiene un razonamiento libre apartado de posibles prejuicios y dogmas. Ha experimentado consigo mismo. Ha dado rienda suelta al señor Hyde, siendo esta la parte con la que siempre se ha mantenido en lucha.

El señor Hyde es melancólico, visceral, actúa por impulsos, y se encuentra muy necesitado de amor y de comprensión. Por eso siente un deseo inusitado de expresarse.

Pues bien, el resultado de mi investigación (sin entrar en pormenores desagradables), es el siguiente:

El intento de comunicación por parte del señor Hyde se ha convertido en un auténtico fracaso. Algo caótico. Se ha encontrado con lo opuesto a lo pretendido, es decir, que ha encontrado la incomprensión generalizada. Ante ello ha reflejado un estado de profundo abatimiento, llegando de este modo a enfermar tanto física como psíquicamente. Por lo que está en un periodo de reconcentración, de repliegue de sus impulsos, dejando en mi persona de nuevo la tarea de encauzar su camino. Teniendo ahora yo que enderezar las riendas de su vida, puesto que su tránsito se hallaba cada vez más turbio, conduciéndose a si mismo (y por consiguiente a mi también) de manera inevitable, y probablemente irreversible, a la temida locura.

CONCLUSION:

Mi amigo y compañero, el que siempre va a mi lado y nunca me abandona, tiene que estar bajo mi tutela, inhibido constantemente, dándole algo de vida en algún escrito, o quizá en alguna improbable noche de lujuria. Puesto que mi parte Hyde da miedo, por ser honesta y sincera, porque intenta no engañar, siendo esto lo que la gente menos espera.

Por ello debo ocultarle, confiar en que por mi mismo puedo mantenerle, queriendo que contenga eternamente su carácter salvaje, pero teniendo yo que ostentar la cordura en su presencia y en su lenguaje.

Escrito el 06/11/2013.

AÑORANZA

El sol de otoño entra por los cristales.

Me sorprendo mirando al gris asfalto.

Medito sobre lo que debo hacer, dudando de mi improbable valía. Sintiéndome abandonado, sintiéndome olvidado.

Como en tantas mañanas tristes como esta, intento recordar otras más felices. En las que me encontraba en la escuela, en una edad que lindaba entre la niñez y la adolescencia. Habitando en una tierra de miel, en donde todo lo que me rodeaba me ilusionaba. Siendo este un lugar, en donde me mostraba lleno de esperanza.

Reconociendo con amargura en este momento, que es una época ya pasada. Que sin embargo alivia mi angustia, siempre que consigo evocarla.

Como en tantas melancólicas tardes como esta, intento vislumbrar tu mirada, esa que se cruzaba siempre con la mía, puesto que ambas se buscaban. Paseando juntos por alamedas hacia tu calle. Despidiéndonos dulcemente en el portal. Sin atrevernos a besarnos, sin atrevernos a tocarnos, aposentando un deseo jamás realizado.

Siendo este mi primer sentimiento,  el único que considero verdadero.

Como en tantas noches como esta lloro, al pensar que no te despediste. Que un mal día a la salida del colegio me topé con tu ausencia. Que al tercer día sin verte corrí desesperado hacia tu barrio. Llamando al timbre de una casa vacía, que me dejaba el corazón tiritando. Indicándome de este cruel modo, que intentase olvidar tu rostro.

Encontrándome así ante mi primera frustración. Teniendo que seguir de nuevo mi solitario camino.

Como en tantas madrugadas como esta, no puedo dormir. Entrándome dudas de lo que soy, de lo que hago. Viendo a veces tu presencia en la oscuridad, a mi lado. Notando ahora  el vacío invadiéndome por dentro. Dando vueltas por esta helada cama. Que te echa de menos. Que retiene tu perfume entre sus sábanas.

Sintiendo hoy mi corazón hacia ti, una insensata añoranza.

Escrito el 28/10/2013.

EL PRIMER INTENTO

En este, mi primer pretendido poema,

con alejandrinos, al estilo del maestro,

quisiera plasmar a fuego algún gran lema,

reflejo de la esencia de lo más nuestro.

El amor hacia este transitado camino,

el llamado vida, que busca esperanza.

Sin intuir que nos deparará el destino,

teniendo las manos ajadas por la labranza.

Con un latir noble aposentando el alma,

y una pluma indeleble mostrando su don.

Intentando mantener la sosegada calma,

que ostenta el susurrar de mi humilde canción.

La misma que la belleza desea alcanzar

con tinta, esfuerzo, y un merecido placer,

que algo de dulzor deje en el agrio paladar,

del buscador de palabras que ve amanecer.

Escrito el 24/10/2013.

REFLEXIONES MUNDANAS SOBRE TEMAS DIVERSOS VII.

ALGO REALMENTE PERJUDICIAL.

Hay muchas circunstancias diferentes en la vida, de las cuales unos sacan provecho, y otros se hunden poco a poco en  un lodo que cada vez es más espeso.

Errores de los que no se tiene culpa:

Primero: de tener una sensibilidad  fuera de lo común, que puede ser dañada ante cualquier gesto o palabra fuera de tono, y ser profundamente conmovida ante las injusticias propias y ajenas.

Segundo: Además de esa mencionada hipersensibilidad, o debido a ello, poseer una devastadora ambivalencia, es decir, tener dos sentimientos opuestos al mismo tiempo. Cosa poco comprendida, incluso para el sujeto que la padece, hallándose en la tesitura de una continua elección. A que sentimiento prestar atención y a cual no, aunque ambos sean reales e igual de intensos.

Errores de los que sí se tiene culpa:

Primero: del estar demasiado pendiente de los demás, los cuales, en vez de agradecerlo, piden más y más, siendo a menudo malinterpretado cuando no puedes dar de ti lo que ellos consideran, o a lo que les has acostumbrado. A lo que intentas dar explicaciones, que son rechazadas. Encontrando así una imposibilidad de comunicación.

Segundo: La incomprensión hacia tu persona, por no actuar como el común de la sociedad, creyéndose ésta que sí, encontrándote situaciones en las que no entiendes como puedes ser criticado, cuando has intentado hacer lo mejor para la otra persona. Viendo dicha persona intereses ocultos, cuando sólo hay espíritu de ayuda y altruismo.

Tercero: Tener unos valores exacerbados, que no sirven para manejarse en este mundo, en el que lo que importa es aparentar, siendo la persona sincera la más despreciada, porque dice cosas que muchos no quieren oír, prefiriendo una falsedad que halague, y una amistad barata. Esa que no exige, pero que se esfuma cuando intuye problemas.

Conclusión:

Cada uno tiene que fijarse en sí mismo, siendo un poco egoísta en sus intereses, sin importarle el parloteo ajeno, pues siempre serás criticado en mayor o menor medida, hagas lo que hagas. Creándote así una psico-coraza, e intentando ser indiferente ante ataques externos. Pues su lucha es otra, y está demostrado que la entrega abnegada a los demás no obtiene recompensa, sino frustración, y un sentimiento continuo de inutilidad. Porque el que no se quiere ayudar a si mismo no puede ser ayudado por los demás. Porque como ya se ha dicho: no hay más sordo que el que no quiere oír, ni más ciego que el que no quiere ver.

Lo intenté todo por ser entendido, pero la gente sólo ha mirado las cosas desde su propio punto de vista, sesgado y parcial, sin importarle mucho el mío.

Esto ha hecho que pierda unos ideales que ya caducaron. Aprenderé con esfuerzo desde ahora a centrarme más en mi. Pues es necesario para una salud que ahora está invadida por el sufrimiento, y  cuya existencia quiere que sea lo más posible feliz.

Escrito el 20/10/2013.

LAS DUDAS.

A veces me cuestiono seriamente la amistad.
Constantemente lo hago con los sentimientos.
Busco de manera ilusa una irreal verdad,
que revuelve mi ya de por si enloquecido pensamiento.

Ese que nunca llevará la razón,
que se ve completamente inútil.
Pues con tanto bandazo al corazón,
ha hecho de éste un organo fútil.

Que aposenta sentimientos opuestos,
sin saber realmente lo que siente.
Al que en su crecimiento todos sus maestros,
le inculcaron un verbo que nunca miente.

No hallando en ello mi persona orgullo alguno,
mas bien una profunda e incipiente tristeza.
No teniendo en absoluto culpa ninguno,
sino su alumno que creyó en tanta falsa pureza.

La que no es encontrada en este mundo,
ese que trata a la sensibilidad de forma cruel.
Convirtiendome asi en el solitario vagabundo,
que hacia si mismo intenta siempre ser fiel.

Y es que hay dias de acuciante duda,
en los que siento una profunda tristeza.
Siendo esto una dolencia aguda,
ante la cual pretendo mostrar entereza.

Hallando en esa duda propia, una inocente alma rota,
y al derrumbado pecho que poseo, desangrándose gota a gota.

Escrito el 19/10/2013.

A LA PEQUEÑA ROBA CORAZONES

Hay momentos en la vida, en que todo tiene un sabor agrio. En que te levantas cansada, con una insistente ausencia de esperanza. No ves puertas abiertas, ni brazos dispuestos a acogerte. Tan sólo las mismas calles, el mismo transitar indiferente.

Yo en esos instantes, observo una fotografía en la que tu apareces, con postura graciosa, con rostro sonriente. En ella corres haciendo que tus pies vuelen libres, recordándome de ese modo al niño que fui. A ese que escapaba de toda desidia, del horror que le esperaba apostado en lo alto, del mundo que a veces se le mostraba ingrato.

En aquellas edades tempranas, mi lucidez era admirada, era poseedor de un futuro brillante, y caí en la trampa de creerlo, totalmente iluso, como todos aquellos que depositaron en mi su fe. Muchos de los que ahora se preguntan incrédulos, las causas de tan devastador derrumbe.

Con sonrisa ironica, cual mueca grotesca, a veces cínico, a veces disperso, escribo con esta pluma que aún no está seca.

Con lágrimas en los ojos reconozco ante ti, que perdí mi apuesta. Porque no supe usar los dones otorgados, porque la melancolía se apoderó de mi alma, esa que camina solitaria y vagabunda, intentando no lamentarse del vil y doloroso pasado, ese que de rememorado es cada vez más odiado.

Utilizado, criticado, deshonrado, en ocasiones apartado, así es como me ha tratado el día a día, al que ya no tengo más remedio que proferir halagos, convirtiéndome así en otro de sus repugnantes esclavos.

Haciéndolo igualmente de esta sociedad, que lentamente me ha atrapado, a la que quisiera volver la espalda, mas el sufrimiento y la soledad hacen débil y cobarde mi pecho, sintiéndome falso a veces, a veces ostentando un orgullo insensato, pues no soy más que un ser con harapos, que con dificultad su existir como una pesada carga va arrastrando.

Deseo para ti todo lo contrario, una libertad y felicidad plena, que crezcas sin dar tantos bandazos, con una personalidad fuerte, carente de penas. Que mires siempre al futuro, con los pies en el presente. Que tengas un corazón puro, que aposente un sentir sincero eternamente.

Lucha por no fallarte nunca Alejandra, porque la vida no consiga corromperte. Brega por tus sueños sin contemplaciones. Ayúdate a ti misma, antes que a los demás. No cometas los mismos errores que tu tío, que perdió su propio trayecto en aras de un ideal,  uno completamente utópico, irreal en este paraje terrenal.

Hazlo por tu latido, en este lugar que a veces hostil se muestra, pero que en algunos resquicios, contiene felicidad y belleza.

Por último te pido, que no hagas mucho caso de estas palabras, que aunque están escritas honestamente, son fruto de una mente hoy nublada.

Tu tendrás también momentos de profunda tristeza. Mas yo sólo puedo prometerte, que mis oídos estarán siempre atentos, si tu quieres con confianza hacia ellos mostrarte.

Siendo el único honor que me queda, el de poder en tu senda ayudarte.

A mi sobrina Alejandra.

Escrito el 16/10/2013.

CARTA A UN AMOR IMPOSIBLE.

Las calles de Madrid fueron testigo de nuestros paseos, de nuestros encuentros. LLegado el momento yo decidí ser honesto, quise no mentir a un sentimiento que comenzaba a crecer, que comenzaba a mostrarse como verdadero. No por miedo alguno, sino más bien por bondad, porque intuía que tu te alejarías de mi vera sombría, siendo lo pretendido una realidad. Lo deseé y ahora lo comprendo, quise de nuevo solo emprender mi vuelo.

El rumbo de la vida nos unió en un tramo del trayecto, bifurcándose en este instante el camino, tú siguiendo tu senda religiosa, yo andando solitario hacia mi incierto destino.

Ese que  estará alejado de tu presencia, aunque de mi mente jamás serás borrada. Ni tú ni aquellos maravillosos días, en los que la felicidad nos fue entregada.

Porque como dijo un sabio poeta, ¨Donde fuiste feliz, no has de intentar volver¨. Manteniendo así bello tu recuerdo, evocándolo un instante a cada amanecer.

Tan sólo te ruego, que busques un hombre que te cuide, un hombre que te respete, te alabe y te ame. Y que tú con él hagas lo mismo, pues no hay nada más triste que un sentimiento falsamente compartido. Hallando así en vuestro mutuo amor a un compañero, que si Dios lo permite será eterno.

Mas no lo busques exclusivamente en el mundo religioso, puesto que ello no es garantía de nada, es preferible encontrar un noble corazón que en su honradez no tenga tacha, a un piadoso malvado, de fines truculentos. Eso te aseguro que es lo que más importa, te lo dice mi maltrecho corazón, el mismo que a pesar de su breve existencia, de desengaños tiene bastante escarmiento.

Deseándote al fin un buen viaje, y un mejor destino. Ofreciéndote mi sincera amistad, pues a tu llamada acudiré siempre raudo, pretendiendo mi corazón que a tu Dios nunca abandones, y que en tu interior a Él siempre le halles.

Yo continuaré paseando solitario, hacia un incierto destino. En mi pecho estará aposentado, tu recuerdo hasta mi ocaso.

Y es que lo deseé y ahora lo comprendo, quise de nuevo emprender solo mi vuelo.

Escrito el 13/10/2013.

UN CAMBIO DE RUMBO.

En una habitación a oscuras, entre libros ya leídos, otros que se leerán. Algunos cuyos párrafos no serán escrutados por estos, mis cansados ojos, los cuales contemplan la negrura imperante, la que bordea el abismo, del que se encuentra delante, del que en mi transitar dejé atrás, no hallando aún el esperado y deseado olvido.

Pues mi camino está lleno de espinas, que se clavan,  que producen dolor en mi humilde y ajada alma. Que posee un latido que va dando tumbos, sin llegar nunca a desfallecer, encontrándose un poco aturdida, convirtiendo de este modo suplicio en armonía, la de la escritura, si, la de mi alegría. Aposentando ahora en mi vida un corazón vacilante, dudoso entre el amor y la belleza, el de una mujer, o el de mi pretendido arte.

Cogiendo al instante mi pluma, garabateando palabras vencidas, las mismas  ya escritas por otros hombres, por otras manos más brillantes. Mezclándolas y rebuscándolas en hojas sucias, en un papel permanentemente condenado, al deshecho en un cajón, a un posible encuentro fortuito, lejano en el tiempo, quizá muy lejano.

Pensando, reelaborando, tachando, añadiendo…..aprehendiendo.

Encontrándome ahora en un jardín luminoso, entre el césped escarchado del alba, con mi cuerpo desnudo y temblando. Paseando al desperezarse el sol, que levanta su dorada cabeza, ascendiendo, si, subiendo hasta poder observar lo que a él más le interesa.

Siendo esto el ajetreo de la existencia, con sus soñolientos habitantes, de esta que es nuestra tierra, y de cuyo sentido, nuestra mente sin quererlo se muestra distante.

Haciendo en este momento un viraje en mi rumbo, antes que el crepitar de mi llama se extinga. Porque aun teniendo tiempo inestable, mi voluntad decidió ser fiel a su espíritu. El cual ostenta en su esencia, un sentimiento por siempre libre y diletante.

El de un vagabundo, que eligió emprender su propio camino, volando a ras de suelo, sin hacer mucho caso a los obstáculos de su accidentado camino.

Escrito el 12/10/2013.

 

 

LA ESCAPADA.

En una recóndita localidad andaluza de la provincia de Jaén, entre floreadas sendas y misteriosas laderas, llegan a un hotel pintoresco de fachada antigua, poseedor de una sala de recepción acogedora y unas habitaciones que no están exentas de cierto lujo. Siendo allí recibidas con afectuosos gestos de amabilidad, en el principio de un fin de semana que se les antojaba pleno de libertad, carente de toda carga.

Ellas, las seis, las cuatro hermanas y sus dos cuñadas, decidieron hacer un breve paréntesis, una escapada de sus preocupaciones cotidianas, las del día a día, con el pretexto bien fundado de una celebración, perpetrada a modo de sorpresa para una de ellas, pero necesaria y necesitada por todas y cada una. Por el reciente tiempo que se les había mostrado cruel, y que pretenden que en este lugar sea olvidado.  Cogiendo un renovado respiro, una bocanada profunda, para afrontar la temporada que viene, la que discurrirá hacia un nuevo camino, que todas esperan y desean que les sea más amable, a su tránsito menos hostil.

Viviendo este momento con alegría, saboreando cada instante presente. Sintiendo la exaltación que crece en sus corazones a cada segundo. Entre copas de dulce y jovial vino de Azpilicueta, manteniendo charlas recurrentes que al anochecer se tornan en sinceras confidencias. Consiguiendo hallar así un dormir sereno, un sueño profundo, lleno de bellas evocaciones que moldean el pasado, el cual se les representa en la mente como algo alegre, produciéndoles de esta forma una sensación de tremenda nostalgia.

Al amanecer, la mayoría continúa durmiendo, sólo dos se levantan al alba, dándole los buenos días a ese sol rojizo que empieza a invadir los valles. Acariciando con sus rayos las flores, que a modo de respuesta, le abrían sus pétalos ofreciéndole sus dulces y hermosos encantos.

Ambas se fueron a dar un paseo, y a su regreso se encontraron a todas levantadas, acicalándose para ir a tomar el desayuno y para la extenuante jornada de senderismo que les esperaba.

Al rato ya estaban caminando entre montañas, observando unos arroyos que  hacían que resbalasen sus aguas a través de pequeñas precipitaciones, deslizándose por la piedra, corrompiéndola, en constante y voluntariosa lentitud. Diminutas mariposas pululaban de un lado para otro, ajetreadas ante la certeza de su corta vida. La frondosa fauna, los escarpados exabruptos del terreno, eran contemplados por unos ojos ahora diáfanos, carentes de la desidia que produce lo cotidiano. Pensando únicamente en el paso siguiente, en el nuevo paisaje que les será revelado a cada recoveco del camino. Dejando al pasado de lado, manteniéndolo en un pasajero olvido.

Descansaron al atardecer, y cuando la luna empezaba a mostrarse briosa, montaron en un tren renqueante, que traqueteaba dudoso por unos finos railes, los cuales les conducían a otro diferente paraje, en cuyo seno se auspiciaban tranquilos los ciervos, y saltarines los gamos, y donde también se hallaban a su paso Jabalíes, o ¨coshinos¨, como los denominaba el rudo guía a su manera un tanto tosca.

Llegando así al culmen de su dicha en el regreso, subiendo al mismo tren, las mismas seis mujeres, las cuales se sentían en completa armonía­. Unidas por un aprecio sin astas, que en estos dos días se había sorprendentemente arraigado fuerte en sus entrañas. No pudiendo después de inmediato acudir a los brazos de Morfeo, saboreando aún esta noche que se les antojaba plena de libertad, carente de toda carga.

Mas siempre traicionera, llegó la cruenta mañana, y con ella el día de regreso de aquel pequeño y placentero ensueño. Rumbo a una realidad que no obstante será diferente, porque algo ha cambiado en sus miradas, algo se transformó dentro de sus pechos, que ahora laten intensamente en la lucha diaria, esa que a todos nos acomete.

Siendo para ellas aquella escapada un recuerdo de bienestar, que eternamente será recurrente.

ESCRITO EL 09/10/2013

CAPÍTULO CERRADO.

Por unas angostas calles de Madrid, entre su gris asfalto y el ajetreo de sus castizos ciudadanos, tuvimos un primer encuentro, al que siguieron varios.

Los emprendimos con algo de ilusión, yo ausente de esperanza, y el tiempo me indicó que no me equivocaba.

Y sé que no mereces ningún texto, por tu burdo y vil sentimiento, que aposenta su dulce rostro, en el hombro de otro cuerpo. Que seguro que amará tu joven belleza, pero que jamás sabrá amar tu esencia.

Tienes que saber, que el paso de los años con su inevitable desgaste, hará que se esconda de tu cara esa pureza. Que tus ahora fieles admiradores desaparecerán, que llegará un momento en que ya no llamen a tu puerta, y que tu ardiente lecho, frío quedará. Mas tú en este momento no te das cuenta, tan inocente como eres.

Mientras, yo seguiré buscando algún rumbo que me guíe hacia un corazón sincero, pues lo prefiero, antes que compartir un mismo colchón a cada vez más breves momentos.

Porque conozco tu futuro, ¡quiera Dios que me equivoque!, al ser el mismo del de tantas, que se creyeron nobles, y al final la realidad les hizo en el barro revolcarse.

De este modo sufrirás y te refugiarás en el salvador rezo, como hiciste siempre, puesto que en tu cobardía no supiste nunca afrontar en soledad esta vida, no hallando así, una por ti buscada alegría.

Y yo ya no estaré ahí para amortiguar tus golpes. Habré volado a otros labios más honestos, hacia otro querer que sea más auténtico.

Poseyendo así fidelidad eterna a esta mi alma, que se muestra vagabunda y sincera.

Dándote las gracias, por hacer que abriera mis cegados ojos. Esos con los que empezaba a amarte. Contemplando en la lejanía, la falacia de aquel mayo, en el que juntos nos creíamos felices, siendo el mutuo latir falso.  Marchando yo al fin de una senda por ambos brevemente compartida. Abandonando a esa rosa marchita, que es tu presencia, y que en este instante se pudre en un rincón olvidado, puesto que de mi pensamiento raudamente  desaparece.

Sabiendo que no mereces ningún texto, por tu burdo y vil sentimiento, que aposenta ahora su dulce rostro, en el hombro de otro cuerpo. Que seguro amará tu joven belleza, pero que jamás sabrá amar tu esencia.

No malgastando en ti más mi tinta, sin rencor eternamente me despido.

Contento estoy al haber mantenido la promesa, de tener un verbo auténtico, que intenta no mentir nunca, ni siquiera por un amor, que se mostró deshonesto.

Reescrito el 09/10/2013.

EL ENCUENTRO CONTIGO.

No voy a hablar de cuando te tuve a mi lado,
ni del maldito alba en el que de tu lecho partí,
tampoco del mutuo latir que en nuestro pecho fue hallado.
Hoy tan sólo lo haré de tí.

De tu bella y alegre sonrisa,
de esa mirada hacia mi penetrante.
De la cobarde huída con la brisa,
de por ti ahora mis labios suplicantes.

Puesto que apareciste entre una nebulosa,
siendo esa maravillosa presencia,
a veces real, a veces dudosa.

Porque me quedo con la esencia,
de tu seductor coqueteo de mimosa,
que me hizo creer que de la soledad, aquella noche, tenía carencia.

(para nadie en especial).

Escrito el 05/10/2013.

MALOS MOMENTOS.

Hay días en los que te quieres quedar en la cama, en completo silencio, en perpetua oscuridad. Por no ser comprendido, por estar cansado de tanta lucha sin hallar recompensa. Dándote cuenta del desprecio, del prejuicio, del miedo que irradias con tu mera presencia. Puesto que no entienden en su inmensa ignorancia, que tu posees una mente mucho más lúcida que la suya, pero que callas por prudencia, porque cuando hablas no te escuchan. Porque te acallan alegando tu presunta locura, a pesar de que lo que dices es sincero y lo pensado coherente y honesto.

Por eso comprendo a los que abandonan, entiendo su frustración plena, porque son golpes bajos recibidos todos los días. Porque los que tendrían que ayudarte y apoyarte, en su mayoría, no saben hacerlo. Porque muchos son tan hipócritas como denuncian que lo es esta sociedad. Sin llegar nunca a saber que tienen a personas a su cargo que en mayor o menor medida dependen de su guía analítica. Sin comprender que de que se les conduzca o no de manera certera depende su futuro. Uno con tenue luz, u otro lleno de sombras. Truncando a veces por negligencia o descuido realidades favorables. Por sus malos gestos, por su altiva desfachatez de creer tenerlo todo sabido en una ciencia tan compleja, que se halla todavía en su comienzo. Poniendo de este modo etiquetas, que todos aceptan sin entender su significado, lo que ellas provocan.

Tanta lucha perdida, tanto sufrimiento y dolor, en estos días en que prefieres quedarte en la cama, quizá hasta con el legítimo deseo de morir de inanición. Por tantas renuncias impuestas, demasiadas pruebas a tu valía. Que sin embargo, hagas lo que hagas, será cuestionada, cualquier acto tuyo explicado bajo un mismo punto de vista, el de un maldito diagnóstico, eso que nunca serás tu, pero que a nadie parece que le importe.

Para colmo, hay quién te tacha de débil, sin ni siquiera llegar a intuir cuanto cuesta a veces sonreír, teniéndote que tragar tanta mentira. Sin que se den estas personas cuenta de que las superas en inteligencia, que tu patología no es la de la estupidez, y que hace mucho que ya no te valen simples palabras, puesto que en ellas dejaste de creer.

Por todo ello, cualquier otro no se hubiera levantado jamás. Al veinteavo golpe se hubiera quedado anclado, sin que nadie pudiera hacerle ningún tipo de reproche. Sin embargo, yo enderezo mi cuerpo y sigo en la batalla cotidiana. A pesar de aposentar una cruenta guerra interna, y a que me hallo en un ambiente hostil. Ese que a seres humanos como a mí nos ofrece la vida misma.

Confesando que a veces deseo tirar la toalla. Frustrado, cansado, reventado por el desánimo. Mas continuaré caminando mientras mi pecho no cese de latir, mientras no se pudra en el infierno que sé que me espera.

Por ello, en mi ocaso, cuando me tumben en el lecho eterno, los que en verdad me quieran en lugar de llorar con tristeza, sonreirán con tremenda alegría.

Puesto que cuando llegue mi hora, con brindis festivo quiero ser despedido. Aunque creo y deseo que aún mi fallecer está lejano.

Pretendiendo en el tiempo que me queda, el que me ha sido otorgado, con tinta y papel continuar luchando.

Escrito el 04/10/2013.

PRESENCIAS PERDIDAS.

Tú, que tiraste por el sumidero seis años de felicidad relativa, entre discusiones y escenas apasionadas en el sofá. Que ahora tienes en las manos una botella, la cual hiciste añicos al arrojarla contra la pared, provocando así que se expanda al deslizarse aquel licor, que empapara la pintura de un blanco que ya no volverá a ser el mismo. Que ya no será puro.

Pastillas dispersas por la mesa, un lecho vacío, una fotografía entre los dedos, ora acariciada, ora arrugada y tirada a un rincón, el de la estancia sin ella, el de una habitación olvidada por el amor.

Llaman al teléfono, tu corazón late más intenso, piensas, será ella. Descuelgas y oyes un tímido sollozo que tu esperanza desea de sincero arrepentimiento, pero de súbito descubres que no es la persona que tu creías, sino otra.

Tu padre te acababa de dar la más amarga de las noticias. Una que siempre acontece o antes o después, pero nunca en buen momento.

Al colgar, encaminaste tus pasos a la terraza. Por un instante observaste a los transeúntes pasear y a los vehículos circular, dándote unas ganas tremendas de arrojarte al vacío, de escapar de ese intenso dolor que devoraba tu alma. Mas sensatamente regresaste a tu solitario hogar, puesto que tenías que prepararte para el viaje.

En otro momento estabas rodeado de lúgubres tumbas, en un cementerio de una localidad cualquiera, pues tu mente se negaba a reproducir su nombre. El sacerdote expresó unas palabras, unos fonemas que no conseguíste descifrar, pues te hallabas absorto, casi en estado de shock. Preguntas carcomian tu mente, recuerdos lejanos, ¿fuiste un buen hijo?, ¿alguien de quién sentirse orgulloso?, encontrando dudas, creciendo en ti un sentimiento de miedo. Por tu existencia vacía de sentido, llena de odios y rencores, que se hallaba expirando al fijarse en demasía en cosas superfluas, totalmente banales. Queriendo ahora encontrar tu esencia, descubriéndote vivo.

Ves como desciende el ataúd, vislumbras por segunda vez que recuerde tu memoria el llanto de tu padre. En esta escena por su esposa, en otra de antaño sus lágrimas fueron por ti, por tu ingreso.

Miraste la losa tapada y decidiste continuar luchando, bregando en esta vida que a veces se nos antoja cruel. Contemplas a tu compungido padre, que se encuentra más ausente de lo normal, perdido en un mundo de horror y de tristeza. Prometes con tu amor y compasión adquirida, que cuidarás de él, ante el inevitable y deseado retorno con su amada.

Volviste los ojos a un cielo azul y despejado, y sonreiste con nostalgia, puesto que el calor y el querer sin interés de tu madre habías sentido. Aunque su presencia en este día habías perdido.

Escrito el 03/10/2013.

UN PASEO CON MI TÍO.

Por una carretera en cuya cuneta se hallaba a un lado el manso mar, y al otro una escarpada montaña. Circulamos en un vehículo pequeño pero decente los dos, mi tío Albino y yo.

Llegamos después de un corto trayecto, en el que circundamos varias rotondas, a la calle principal de esta soleada urbe. Estacionando el coche en un aparcamiento público, que se encontraba cercano al puerto, en pleno centro neurálgico de Alicante.

Paseamos por su casco antiguo, observando su arquitectura llena de antiguos ventanales. Recorremos empinadas cuestas, envolviéndonos un olor a salitre y rosas, las mismas que vislumbramos a cada paso, en las macetas de barro de cada ventana.

Familias enteras se sientan a la oscuridad de los portales, o en la sombra existente entre fachada y fachada. Dejaban escapar su tiempo entre conversaciones banales, hallando de este modo una paz y un sosiego pleno.

Se asemejaba aquel paisaje a algún rincón de una ciudad andaluza, sorprendida ahora en diferente contexto. Descendiendo al cabo, el recorrido ascendido.

Visitamos también un museo de Belenes que se encontraba cercano, serpenteando por callejuelas repletas de bares nocturnos. Observando allí figuras de gran belleza, las cuales representaban escenas de la Sagrada Biblia. Aquella por ambos antaño estudiada. Llegando después hasta el ayuntamiento, poseedor de amplios salones. Que contenía también una pequeña exposición sobre historia, la de esta propia ciudad, cuya situación está en la Costa Blanca.

Encontrándonos a medio día en el paseo de «Las Palmeras», con sus baldosas con relieve de forma ondulada, con su color alternante entre rojo y blanco.

En ese instante le invité a comer, y me hizo el honor de aceptar. Degustamos ambos una sabrosa comida en un restaurante cercano al puerto. Y conversamos allí, rodeados de aquella frondosa flora tropical, de intentar llevar una vida que contenga un verdadero sentido. Haciéndome así yo en el camino de vuelta la osada promesa de no fallar jamás a mi alma.

Esa que ahora comienza un vuelo libre, gracias al uso de la mente que en esta vida me ha sido otorgada.

Recordando en el tren con cierta nostalgia, aquellos paseos de conversaciones profundas, que me dieron fuerza para continuar en mi lucha.

Buscando de esta forma un amado existir lleno de loable esperanza.

Escrito el 30/09/2013.

EL SUEÑO ALADO.

Paseando por callejuelas empedradas,
por parques urbanos de hormigón y cemento,
entre este sol que acaricia las olas,
ahora marcando con mis pasos la arena que juega con el viento.
Pensé en todo lo bello que rodea,
mi existir diletante y solitario,
que aspira a convertir con tinta en arte,
una hoja en blanco en bastantes ocasiones distante.
Que vuelve la espalda al fiel escribiente,
hallando éste con sorpresa que a veces le es permitido,
plasmar la hermosura de un pensar delirante,
al que en breves momentos miman las musas,
siendo en otros instantes que ellas le rehuyen.

¡Y qué le voy a hacer yo,
si me atrapó este latir ambicioso!
Siéndome vedadas las uniones con amor,
y ese sosiego alegre de convivir a tu lado.

Ya que por sendas de concupiscencia,
quizá me encuentre sumido en el lecho,
de dulces mujeres que escapan de lo auténtico.
Pues la soledad quebranta en ocasiones dolorosamente mi alma,
esa que no cree en un amor verdadero,
perdiendo en su existencia cualquier esperanza,
prefiriendo ser con su habla sincero,
a mantener por propio temor a una deshonesta dama.

¡Y qué le voy a hacer yo,
si me atrapó este latir ambicioso!
Siéndome vedadas las uniones con amor,
y ese sosiego alegre de convivir a tu lado.

Y es que la escritura y el saber,
invaden todo el tiempo otorgado.
Con mi pluma activa quiero perecer,
construyendo el renglón con más belleza encontrado.
Siendo todo ello mi más triste decisión,
y la productora de mayor alegría,
emprendiendo mi camino con esta canción,
que humildemente mi despejada mente predica.
Ostentando ahora en mi interior,
una amplia y real sonrisa.
Hallando al fin en mi una felicidad superior,
a la que cualquier cobarde vasallo aposenta,
al preferir el querer de un interesado amor,
antes que el intento de alcanzar su deseo soñado.

¡Y qué le voy a hacer yo,
si me atrapó este latir ambicioso!
Siéndome vedadas las uniones con amor,
y ese sosiego alegre de convivir a tu lado.

Escrito el 29/09/2013.

LA VISITA.

Llegamos por sendas del sur a la Sierra de Aitana. En concreto al pueblo de Guadalest, con su vetusta piedra e imponente paisaje, y con el solitario campanario que se alzaba entre la escarpada roca.

Ascendimos por la empinada cuesta que conducía a la plaza principal, haciendo instantáneas con la cámara que integra el teléfono móvil. Yo los observaba evocando escenas del pasado, momentos en reuniones navideñas, en donde nos encontrábamos todos juntos, los que se fueron ya de este mundo, y los ausentes, los cuales se hallaban en otras urbes castellanas y castizas.

Aquí estaban tres de mis tíos, dos tías y un primo. Me invitaron a conocer aquel frondoso paraje cuyo verdor contrastaba con el desértico clima alicantino, asemejándose así a un elemento discordante que sin embargo no distorsionaba este sitio siempre luminoso de la Costa Blanca. Lugar de eterno verano y de deseada tranquilidad.

El agua del pantano era de un color verde turquesa casi irreal, y permanecía estática entre los montes de aquella Serranía.

Visitamos el castillo, poseedor de unas escaleras que parecían no acabar nunca, alcanzando a través de ellas la cima de un torreón que se encontraba cercano a un cielo diáfano y azul, con un sol radiante, cuyos rayos doraban y hacían fértil este bello lugar.

Descendimos y nos metimos en el vehículo, yendo por una carretera sinuosa hasta el restaurante de l’Obrer, en cuya estancia saboreamos un suculento y sabroso cordero, rodeados de gente amable, entre un ambiente lleno de risas y alegría.

Después fuimos al pueblo de Benifato, cuya localidad se hallaba en fiestas. Por sus calles había tenderetes repletos de objetos artesanales hechos por las propias manos de los lugareños. De fachada a fachada se extendían coloridos toldos que nos protegían del sofocante calor. Uno de mis tíos compró la cebolla más grande que hasta ahora han contemplado mis ojos, terminando tomando algo de beber en una pintoresca taberna.

Regresando al final en el ocaso por el mismo valle, después de un agradable día familiar, cuyo recuerdo encontraré en un recoveco de mi ajado corazón, en el mismo instante en que la añoranza atrape mi alma. Y cuyo pensamiento retornará con sentimiento alegre a este sitio de perenne brillo, que se denomina Alicante, y en la que en aquella noche estrellada reposó mi cuerpo agradecido y completamente satisfecho. Consumiéndome así la dicha de aquellos hermosos días que me acompañarán hasta mi muerte.

Dedicado a mi familia alicantina.

Escrito el 28/09/2013.

SIN MIEDO

A la oscura y bella dama,
que detiene el latir de los corazones.
A ese auténtico sentimiento que ama,
dando confianza a retraídos caparazones.

Al existir ajetreado,
de la gran urbe.
A mi melancólico pasado,
y a todo lo que a mi pecho turbe.

Al futuro incierto,
viviendo el presente.
Siendo un experto,
de una alocada y disidente mente.

Ya que esto dura tres días,
deseo sentirlo plenamente.
Mientras tú lleno de esperanza te mentias,
pues en este mundo la eternidad está ausente.

Todo fluye,
nada me pesa,
mi alma intuye,
que deja de estar presa.

Del temor a esa dulce dama,
cuyo nombre es muerte.
Que en un ocaso me postrará en la cama,
lleno de paz, si me acompaña la suerte.

Mas ello no sé en qué tiempo será hallado,
siendo largo el querido,
dejando detrás mío un legado,
de un escribir, que sincero es pretendido.

Escrito el 28/09/2013.

LA PAZ

Se encontraba sentado en la terraza de su hogar, mirando hacia el mar de la tierra de Alicante, el mismo que contempla desde hace cuatro años, con el cigarro en los labios y la misma expresión soñadora que le acompañó siempre, que nunca le abandonaba. Todo ello después del exilio consentido de su añorado Madrid, cuyas calles continuaban con su ajetreo constante, en contraposición con el sosiego al que ahora se enfrentaba.

Se levantó y se miró al espejo. Más arrugas, menos pelo. Observó el cigarrillo, le dio una última calada y lo arrojó por el retrete, contemplando como se escapaba la vida, dando vueltas, aunque aún sabía que le quedaban mundos por descubrir y momentos  en los cuales disfrutar.

Cogió su gorra y se encaminó a la playa de la Albufereta para dar su paseo matutino y así exhalar aquel paisaje, aquel sentimiento exaltado de amor. Amor a una existencia que no deseaba que acabara, que comprendía que irremediablemente llegaría a su fin.

Su latir, en la vida, había aposentado la culpa, la tristeza, la angustia. Su mente había poseído brillantez e inteligencia, con los inconvenientes y privilegios que ello conlleva. Había buscado una sabiduría siempre humilde, una liberación de su alma encarcelada.

En ese momento, mirando al horizonte, evocaba historias pasadas. Con sus ojos se fijó en sus trabajadas manos, esas con las que en ocasiones creyó alcanzar la felicidad, entre cuyos dedos se le había escapado.

Caminó hasta una solitaria cala, ausente de gente, buscando una tranquilidad por todos deseada. Se quitó la ropa quedándose completamente desnudo, y abriendo sus brazos de cara al agua mediterránea, se quedó estático y en armonía con el medio. Siendo algo bello y natural.

Entonces, paso a paso, se sumergió en la espesura de las olas, sintiendo una libertad plena. Perdiendo todo temor. Hallando en ese instante su anhelada felicidad.

Dedicado a mi tío Albino.

Escrito el 27/09/2013.

LA HUIDA HACIA UNO MISMO.

Salió de uno de los hoteles que se ubicaban en frente de la playa del Sardinero, con su cámara en las manos y su mochila al hombro. La cadencia de su respiración se tornaba cada vez más pausada, más acompasada. Le iba envolviendo una tranquilidad que proporcionaba a su cuerpo un sosiego deseado por todo ser humano. La brisa marina le acariciaba el alma. Aquellos cinco días de descanso le fueron necesarios para reflexionar, para continuar el camino que se había propuesto hace un año, y que por motivos familiares tuvo que posponer.

Miró hacia el horizonte respirando su olor a sal y arena, poniéndose a andar sin un destino prefijado, caminando en dirección opuesta a la salida del sol, que vigoroso y brillante invadía con sus rayos la ciudad de Santander.

Llegó a un parque repleto de palmeras que circundaban una pequeña plazoleta que tenia un mirador en uno de sus extremos, el cual apuntaba, entre desafiante y dubitativo, a esas aguas hoy tranquilas del mar Cantábrico. Se sentó observando el vaivén de las olas, que chocaban contra la orilla retrocediendo al momento, con un ritmo monótono y contenido. Con la voluntad férrea de la constancia.

Fue entonces, ante aquella visión de calma plena, que sintió paz. Una paz interior jamás conocida por él, liberando así su mente de antiguos grilletes, los cuales le habían tenido amarrado al pasado, a una moral intransigente que ahora se alejaba de su pecho jugando con el viento, permitiendo a su corazón tener un latir más intenso. Más real. Preparado ahora para amar y ser amado. Listo para soñar, para dibujar un futuro lleno de esperanza, carente de odio, completo de pasión. Pasión por esta vida que se le antoja única, que no quiere que desaparezca sin haberla sentido auténticamente, sin haberla amado con intensidad.

Se levantó y extendió los brazos, invadiéndole así la energía positiva que posee el cosmos, del que él es parte. Exhalando alegría. Gritando con su voz un tanto áspera la palabra: LIBERTAD.

Escrito el 24/09/2013.

Publicado desde WordPress para Android

VIAJAR.

Rumbos lejanos,
tierras sombrías.
Que ostentan su serena belleza,
entre sinuosas sendas floridas.

Por los bosques paseo,
por las calles trasunto,
con un pensamiento errante,
y mi pausado caminar vagabundo.

Cogí la mochila al hombro,
abandonando todo el pesar de mi pecho.
Me escapé pretendiendo dejar detrás,
mi monótono y cruel parloteo.

Huyendo de ese melancólico lugar,
que sume mi alma en perpetuo rechazo,
y de todo mirar errático,
y de la malintencionada mentira que son tus lazos.

Hacia mi sencilla y dolida persona,
que con ojos renovados,
observa un mundo distinto,
otro paisaje para mundanos vedado.

Aposentando en mi corazón el deseo,
de nuevas y enriquecedoras experiencias.
De otros sinceros labios de mujer,
que me amen sin cautela en mi existencia.

Que con besos y caricias,
y un hablar siempre honesto,
no me consiga herir nunca,
al aposentar un sentir auténtico en el pecho.

Mas sólo el tiempo dirá,
si es por ambos querido,
consumar nuestro amor en un lecho,
siendo el símbolo de un mutuo anhelo desinhibido.

El de emprender juntos un viaje hacia el cielo,
que quizá nuestro latir desee que se convierta en eterno.

Escrito el 19/09/2013.

MEZCLARSE CON LAS OLAS.

Miro por la ventana y vislumbro un campo diáfano, cuya senda conduce a la escarpada costa. Tomo un sorbo de café ensimismado con su humo. Con el color oscuro del caliente liquido que contengo entre mis manos. Que se encuentra preso en la taza. La habitual, la de cada día.

Miro la estancia atestada de muebles. Tan saturada como mi delicada mente. Que está exhausta de tanto pensar. Triste ante lo que sus ojos ven. Por este mundo en el que habita. Por la historia que le ha tocado en desgracia vivir.

Me pongo el abrigo de ante negro. Reflejo de mi alma sombría. Que ostenta un corazón melancólico. Aquel que posee mi cuerpo desde hace mucho tiempo. Tanto, que no lo recuerdo.

Salgo por la vetusta puerta que da al exterior. A la cruel realidad. Y encamino mis dubitativos pasos a través de un campo de amapolas. De un rojo tan intenso como el de la sangre que recorre mis venas. Que circula debido al bombeo de mi cansado corazón. Cansado de latir. De su continuo uso. Del abuso producido en él por el dolor. Por el exceso de sufrimiento.

Evoco buenos momentos. Los que se encuentran lejanos. Los que se hallan en la niñez. Cuando los brazos de mis padres me protegían de las cruentas tempestades. De la lluvia incesante. La que asola mi pecho en este momento. Debido a su sentimiento de absoluta soledad. La que contiene mi ser errante. Mi personalidad vagabunda.

Llegando al fin a la escarpada costa. Descubriendo ante la mirada el poder del mar embravecido. Que me insta a seguirle con su obsesivo rumor. Que atrae mi cuerpo con pasión. La de la deseada muerte. Que hasta ahora siempre se ha mantenido en espera. Que en este momento llega como un dulce regalo de liberación. El pretendido por esta  carne que comienza a pudrirse. Aposentando mi ser bajo las olas salvajes que rompen contra las rocas con fuerza inusitada. Sucumbiendo así mi persona a los encantos de este querido lugar.

Hallándome en este instante entre las olas que marcan el fin de mi existencia.

En esta amada tierra que en este preciso momento me ve perecer.

Escrito el 14/09/2013.

Publicado desde WordPress para Android

REFLEXIONES MUNDANAS SOBRE TEMAS DIVERSOS VI

LA IMPORTANCIA DE LA CRÍTICA.

Hay alguien que decía, que cuando únicamente lo que recibes son halagos, es que las cosas van realmente mal. Puesto que pueden ser actitudes de personas falsas o interesadas, carentes de cierto fundamento crítico, o dispuestas por gente poco objetiva. Afines a un mismo ideal o pensamiento. Que gustan del mismo arte sin apreciar el valor del que no es de su querencia o simpatía. Inclusive, dichas gentes pueden poseer el deseo de aceptación dentro de un grupo, creyendo creer cosas que en realidad no creen. Siendo así políticamente correctas. No comportándose de este modo como la nota discordante, y en consecuencia, la rechazada.

Hay autores que sólo aman el halago, que enseñan los dientes ante cualquier tipo de crítica, provenga del lugar que provenga, pudiendo así caer en las redes de la autocomplacencia, cuya presencia es lo peor que le puede pasar al autor para avanzar. Y quizá movido por dicho motivo, aún sin darse cuenta, se acurruca en los laureles que le fueron otorgados. Sean estos merecidos o no.

Por todo lo anterior, considero que es importante el papel desempeñado por la crítica para el autor poco soberbio que humildemente la acepta. Porque ésta le ayuda a crecer, intentando mejorar en su disciplina, aún pudiendo no estar del todo de acuerdo con dicha crítica.

No obstante, de mayor relevancia si cabe, es la que realiza uno mismo hacia uno mismo.

Un sacerdote me dijo una vez, que una Fe con dudas es una Fe viva. Del mismo modo pienso que un autor que duda de su arte, mantiene a éste vivo. Abierto a cualquier posible transformación por alcanzar un nivel superior al que ahora posee.

Para algunas personas, entre las que me incluyo, la crítica ácida, demoledora, vitriolica (si se quiere expresar de ese modo), en definitiva, la perpetrada para causar un efecto destructivo, con la intención de romper los cimientos, me resulta el símbolo inequívoco de que no soy el causante de una temida indiferencia, cuya consecuencia es la desaparición de la voz del artista, cuya única lucha es la de ser escuchado. De intentar ser comprendido.

He ahí el por qué considero la crítica ajena y la propia tan necesaria para cualquier autor al menos para el que quiera traspasar los límites de su posible arte.

Escrito el 13/09/2013.

LA BRISA.

El cielo se encontraba encapotado. El mar embravecido. Las olas estaban acosando a los peines del viento. Y a lo lejos su visión. La de una figura difusa que se acercaba lentamente. Con sus pies descalzos acariciando la fina arena de la orilla de aquel vetusto mar. El mismo en cuyo seno se disputaron cruentas batallas. Recordadas ahora tan sólo en los libros de historia. En algún vestigio de la ciudad.

En aquella playa. La que el artista descubrió con aspecto de payaso. Se aposentaba mi cuerpo. Puesto que mi mente se hallaba lejana. En otro mundo. El suyo. Retornando ahora a la tierra.

Debido a su presencia abandoné la compañía de Morfeo. Sustituyéndola por la de Cupido. Cuya flecha acechaba en aquel instante mi corazón.

Mientras, ella, paso a paso, cada vez se acercaba más. Permitiéndome así por un momento abandonar mi sentimiento de absoluta soledad. Y el auto convencimiento de un desarraigo mantenido con la vida y con el amor.

Su pelo moreno bailaba con la brisa. Su cuerpo grácil y esbelto ostentaba la más bella obra de arte. Debido a ello no pude reprimir un latir desbocado. Que me ahogaba. Que con su fuerza luchaba por escapar de mi pecho.

Su mirar nunca se posó en mi ser. Jamás sabrá de mi existir. Con su mochila al hombro la recordaré. Así fue como huyó de mi deseo. Que ahora se mantiene errante. Como el fiel vagabundo que soy.

Mas en mi pensamiento. Cuando la nostalgia me conmueve. Evoco aquel día nublado ayudado por una fotografía furtiva. En cuyo objetivo se reflejó un ángel. Aquel que su presencia para siempre perdí.

Escrito el 12/09/2013.