UN PASEO CON MI TÍO.

Por una carretera en cuya cuneta se hallaba a un lado el manso mar, y al otro una escarpada montaña. Circulamos en un vehículo pequeño pero decente los dos, mi tío Albino y yo.

Llegamos después de un corto trayecto, en el que circundamos varias rotondas, a la calle principal de esta soleada urbe. Estacionando el coche en un aparcamiento público, que se encontraba cercano al puerto, en pleno centro neurálgico de Alicante.

Paseamos por su casco antiguo, observando su arquitectura llena de antiguos ventanales. Recorremos empinadas cuestas, envolviéndonos un olor a salitre y rosas, las mismas que vislumbramos a cada paso, en las macetas de barro de cada ventana.

Familias enteras se sientan a la oscuridad de los portales, o en la sombra existente entre fachada y fachada. Dejaban escapar su tiempo entre conversaciones banales, hallando de este modo una paz y un sosiego pleno.

Se asemejaba aquel paisaje a algún rincón de una ciudad andaluza, sorprendida ahora en diferente contexto. Descendiendo al cabo, el recorrido ascendido.

Visitamos también un museo de Belenes que se encontraba cercano, serpenteando por callejuelas repletas de bares nocturnos. Observando allí figuras de gran belleza, las cuales representaban escenas de la Sagrada Biblia. Aquella por ambos antaño estudiada. Llegando después hasta el ayuntamiento, poseedor de amplios salones. Que contenía también una pequeña exposición sobre historia, la de esta propia ciudad, cuya situación está en la Costa Blanca.

Encontrándonos a medio día en el paseo de “Las Palmeras”, con sus baldosas con relieve de forma ondulada, con su color alternante entre rojo y blanco.

En ese instante le invité a comer, y me hizo el honor de aceptar. Degustamos ambos una sabrosa comida en un restaurante cercano al puerto. Y conversamos allí, rodeados de aquella frondosa flora tropical, de intentar llevar una vida que contenga un verdadero sentido. Haciéndome así yo en el camino de vuelta la osada promesa de no fallar jamás a mi alma.

Esa que ahora comienza un vuelo libre, gracias al uso de la mente que en esta vida me ha sido otorgada.

Recordando en el tren con cierta nostalgia, aquellos paseos de conversaciones profundas, que me dieron fuerza para continuar en mi lucha.

Buscando de esta forma un amado existir lleno de loable esperanza.

Escrito el 30/09/2013.

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