PRESENCIAS PERDIDAS.

Tú, que tiraste por el sumidero seis años de felicidad relativa, entre discusiones y escenas apasionadas en el sofá. Que ahora tienes en las manos una botella, la cual hiciste añicos al arrojarla contra la pared, provocando así que se expanda al deslizarse aquel licor, que empapara la pintura de un blanco que ya no volverá a ser el mismo. Que ya no será puro.

Pastillas dispersas por la mesa, un lecho vacío, una fotografía entre los dedos, ora acariciada, ora arrugada y tirada a un rincón, el de la estancia sin ella, el de una habitación olvidada por el amor.

Llaman al teléfono, tu corazón late más intenso, piensas, será ella. Descuelgas y oyes un tímido sollozo que tu esperanza desea de sincero arrepentimiento, pero de súbito descubres que no es la persona que tu creías, sino otra.

Tu padre te acababa de dar la más amarga de las noticias. Una que siempre acontece o antes o después, pero nunca en buen momento.

Al colgar, encaminaste tus pasos a la terraza. Por un instante observaste a los transeúntes pasear y a los vehículos circular, dándote unas ganas tremendas de arrojarte al vacío, de escapar de ese intenso dolor que devoraba tu alma. Mas sensatamente regresaste a tu solitario hogar, puesto que tenías que prepararte para el viaje.

En otro momento estabas rodeado de lúgubres tumbas, en un cementerio de una localidad cualquiera, pues tu mente se negaba a reproducir su nombre. El sacerdote expresó unas palabras, unos fonemas que no conseguíste descifrar, pues te hallabas absorto, casi en estado de shock. Preguntas carcomian tu mente, recuerdos lejanos, ¿fuiste un buen hijo?, ¿alguien de quién sentirse orgulloso?, encontrando dudas, creciendo en ti un sentimiento de miedo. Por tu existencia vacía de sentido, llena de odios y rencores, que se hallaba expirando al fijarse en demasía en cosas superfluas, totalmente banales. Queriendo ahora encontrar tu esencia, descubriéndote vivo.

Ves como desciende el ataúd, vislumbras por segunda vez que recuerde tu memoria el llanto de tu padre. En esta escena por su esposa, en otra de antaño sus lágrimas fueron por ti, por tu ingreso.

Miraste la losa tapada y decidiste continuar luchando, bregando en esta vida que a veces se nos antoja cruel. Contemplas a tu compungido padre, que se encuentra más ausente de lo normal, perdido en un mundo de horror y de tristeza. Prometes con tu amor y compasión adquirida, que cuidarás de él, ante el inevitable y deseado retorno con su amada.

Volviste los ojos a un cielo azul y despejado, y sonreiste con nostalgia, puesto que el calor y el querer sin interés de tu madre habías sentido. Aunque su presencia en este día habías perdido.

Escrito el 03/10/2013.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s