SIN PALABRAS.

Daza daba pasos pensativo, una persona muy querida, alguien cercano, le dijo que tenía la sensación de que él aposenta un temor, un miedo bastante común a ser feliz. Ahora tenía pareja, una que al parecer le amaba, pero tanto su postura como su actitud permanecían estáticas, paralizadas en un estado inusual ante los hechos de melancolía.

Cavilaba sobre cuál tenía que ser su respuesta, si debía escribirla o callar, pero el impulso de hacerse comprender  pudo más que su prudencia, y en la soledad de su cuarto tecleó lo que después sería publicado en su modesto blog.

Daza expresó en su texto la continua sensación de sufrimiento, de ahogo y de angustia. Plasmó la imagen de un puñal clavado en el pecho, que sangraba con violencia, pues vive en una sociedad que rara vez le comprende, que le es a él como a otros absolutamente ajena.

Le enseñaron unos principios honestos, aprendió a sentirse valioso, le mostraron el camino de ayuda al más necesitado, mas cruelmente descubrió que nada de aquello era verdad, lo que le hicieron creer era falso, tales principios una carga con la cual convivir, además su valía, aunque objetivamente exista, a menudo es y será despreciada. También se dio cuenta de la mentira del más necesitado, que en su mayoría existe amodorrado, y de los que dicen luchar por su ayuda, de los que silencian su molesta conciencia otorgando lo que es tan sólo una limosna.

Sin embargo, y aunque lo parezca, él no se veía especial, se observaba como perteneciente a esa misma escoria, sus logros hacían salir unos milímetros el puñal de su herida, pero el acero continuaba ahí, desgarrando su vida y su alma.

Decidió entonces preguntar al que la mencionó lo que significaba para él dicha palabra, pues ninguna felicidad ni tristeza plena existe.

Daza lo que únicamente intenta atesorar son momentos bellos, minutos que dejen un dulzor especial en su boca, instantes agradables que paren el tiempo.

Ya que sus palabras de melancolía no son él, al menos no son su yo completo, es más bien un compromiso, pues en sus textos intenta relatar la realidad de gente indefensa, que es incomprendida, de aquellos desterrados de la locura que no obstante no están del todo cuerdos.

Por eso muestra una realidad cruda, quizá porque vio cercenadas demasiadas existencias.

La suya pudo estarlo, pudo ser una más de ellas, por esto con su pluma y con su grito, siempre apeló y apelará por una eterna y descarnada lucha, por una batalla sin tregua.

Quizá nunca será feliz en un sentido formal, también sabe que jamás permitirá que se apodere de él una tristeza que detenga sus pasos.

Rebelde será hasta su tumba, y buscará hasta el día en que tenga que morir del mundo su alegria y su belleza.

En contestación a tu mail.

Escrito el 03/06/2014.

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