OTRA NOCHE SIN TI

Cae la oscuridad
y cierro mis ojos,
sé que tu no estás,
que hoy no vendrás,
que no te podré arropar
con mis brazos,
y este frío que me envuelve
no es el de la calle
sino el de este cuerpo solitario.

Su único fuego es tu tacto,
y mi mayor ilusión
es que estés feliz siempre
a mi lado.

Mas me prometí nunca amar,
y no quise oír mi latir,
pero en aquel restaurante,
en ese rincón que a esta hora
rememora nuestro nombre con nostalgia,
descubrí tus ojos,
deseé tu boca,
y en el paseo de camino a tu casa
te besé.

Madrid ya será para siempre ese recuerdo
que sin pretenderlo retorna.

En ese momento empezó mi vida,
en ese instante sentí de verdad
por primera vez,
mas era consciente de lo inevitable
que sería el dolor,
porque cuando algo te importa,
cuando realmente lo amas,
una guerra interna te asedia,
al igual que tus propios celos,
y el silencio de su ausencia
te duele como si te asestaran la puñalada más violenta,
pues te sientes indefenso,
como si te desgarrasen unos afilados colmillos el pecho.

Y lo sé porque así lo siento,
sin saber aún que sentirás tú,
qué pensarás de esto que con
total sinceridad te cuento.

Tengo presente el que quizá
ves en mí a un mal escritor,
a un pordiosero sin rumbo.
Quizás notas que soy como un niño
insensato,
como un loco sin brillo,
un ser sin futuro,
o un soñador que demasiado a menudo llora,
que seguro adelanta en exceso las cosas.

Por todo esto hay ocasiones
en que me pregunto
el por qué me quieres,
y aunque me gustaría
sé que no tengo la capacidad
para expresarte cuánto te quiero.

Y duele…

Duele esta noche y su luna,
al igual que dolerá la luz
cuando me despierte al alba.

Sin embargo iré a recogerte este viernes,
e iría todos los viernes que hiciesen falta,
mi única felicidad es ver tu sonrisa,
y mi mayor tristeza nuestras siempre
torpes discusiones….

No dudes de que sufro
al notar la tibieza de este lecho
que sabes que tan sólo es nuestro,
y al que a esta hora le falta su otra mitad,
pues le falta el ardor de tu cuerpo….

Te deseo y me frusto,
porque quiero besar tu cuello
y no puedo,
tocarte a esta hora sería mi salvación,
pero sé que hoy es inutil ese sueño.

Me prometí nunca amar
e intenté no escuchar
las voces de este latir…

Mas descubrí tus ojos,
y acaricié con mis labios tu boca.
Al pasear junto a tí empecé
a sentir la vida,
y soy consciente de que este dolor
que me aqueja,
esta enfermedad que tanto me alivia,
es producto del recuerdo de tu sonrisa,
es tan sólo por lo mucho que
yo te amo.

(A Marisa Belarmino)

25/11/2015.

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