SENTIMIENTOS DE CULPA

(Las letras que continúan aquí debajo están plasmadas porque en estas fechas siempre me acuerdo de ti. Nunca sabrás la huella que dejaste en aquel adolescente de quince años. En este momento escribo y me hago mayor…. Estuve a punto de seguirte, pero encontré a gente que supo rescatarme a tiempo.

Ahora lucho porque nadie intente emprender el viaje de la misma forma a como tú lo hiciste, ya que a pesar de que entendía tu dolor, puesto que también era el mío, ahora sé, yo mismo lo comprobé, que aunque todo parezca realmente oscuro, para personas como nosotros siempre habrá esperanza….)

Agua, brazada tras brazada tan sólo encuentro agua y silencio, y en mi mente, clavada como si fuera una estaca, tu mirada, tu amplia sonrisa, y aquellos atardeceres de juego en los que yo, pleno de felicidad por haberte tenido, te observaba.

Veía como crecías, y cuando hacía frío y tú dormías te arropaba, te despertaba con una caricia, y juntos hablábamos de nuestros sueños cuando apenas, hacía tan sólo un instante, había irrumpido por la ventana el alba.

Sin embargo esta mañana me levanté con un sabor de amargura en la garganta, no pude dormir bien, puesto que un pánico atroz se apoderó de mí. Tuve una sensación como de lejanía, como de desapego hacia estos montes, hacia esta tierra….

Te busqué por todas partes, y desesperado grité tu nombre, y a cada uno de los intentos que hice por obtener una respuesta tuya se le iba sumando la frustración del fracaso, el sinsabor de tu ausencia. Fue entonces cuando el mar embravecido me susurró que jamás volverías, y a continuación todo cuanto me rodeaba se quedó mudo, y se fue apagando, hasta que se quedó este mundo sumido en una absurda oscuridad  sin sonido.

El respirar aire puro no me calmó, mi olfato en aquel momento tan solo percibía mi angustia, y pensé si meterme en tu cama, al abrigo de tu calor, para así perderme en la belleza de lo que quedara de tu aroma. Creí que una parte de ti continuaría entre tus sábanas….

No obstante clavé mis ojos en el mar, y me adentré lentamente en él, la ropa ahora me pesa como si fuese plomo, y noto cómo mis músculos se hallan más exhaustos a cada segundo que pasa…

Brazada tras brazada todo es agua y silencio….

Hace dos días sostuve tu cuerpo inerte sobre la arena, lo que intenté hacer para reanimarte no funcionó, te saqué de este maldito mar sin vida, y en ese momento supe que también se había parado la mía….

Hijo mío, te confieso que poseo la esperanza de que como te pasó a ti, a mi nadie me impida la muerte, tú no te querías ir, mas yo deseo partir por el profundo dolor que me otorgó el no poder llegar a tiempo para salvarte.

Escrito el 30/10/2015

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