LAS MAESTRAS

Me sorprendo absorto, cavilando a través del pasillo largo y estrecho en que se ha convertido mi mente, sin rumbo fijo al lado de la vereda de un río de lágrimas que se evaporan al contemplarte, y me pregunto: ¿qué mundo es este?, ¿cuál su naturaleza?, ¿en dónde se encuentra su justicia, su bondad, su sangre?…y mi cuerpo se encuentra aquí con ellas, al refugio de estas cuatro paredes de color beige, sentado frente a una cama entre cuyas sábanas permanece tumbada una mujer que se esta marchitando, y tú, mi amor, estás de pie a su lado, acariciando esa frente perlada de unas gotas de sudor frío, un sudor de amargura que tú barres con tus manos, sacando así de aquellos labios una sonrisa, esa que es la que se ve en su boca, la que aparece al instante en la mía…y aunque estoy aquí con las dos me siento muy lejos…..quizá en otro lugar, quizá con mi madre, al amparo de un cruel fuego que me arde por dentro, que me paraliza al sentir miedo ….o tal vez estoy con mi padre, en una ridícula sala de espera, aguardando a que alguien abra una puerta, suelte un suspiro y nos abrace….. muralla de consistencia recia que no entiende de pasado ni de presente, que mira hacia el futuro con recelo, pendiente de esta ensoñación que no deseo volver a encontrarme, pues es una pesadilla etiquetada para el cajón del olvido, algo que no quiero que cubra mi sueño.

De este modo, distraído en la indeterminación de mi alma, escucho a través de tu voz unas palabras difusas, un estruendo que suena como a hueco, que se aclara por momentos, y que golpea este oído que quiere más que nunca escucharte. De repente un mensaje, algo que nunca leyeron mis ojos, un “no pienses” que se repite, que me inunda de calma, tranquilizando así mis sentidos, como si fuera esa magia que todos ansían, y compruebo con cierto asombro la alegría, la ausencia de preocupación dentro del envoltorio de las terribles circunstancias en las que se encuentra envuelta Moreta….

Descubro que tú, mi estrella y mi cielo, tú eres la persona que provocas nuestra felicidad y nuestra fuerza.

Te observo mientras me acerco, plena de ese esplendor que solo desprenden las personas que saben cómo sobrevivir dignamente, mientras, alrededor ahora todo huele a sufrimiento y a muerte, pero nada de ello importa, porque tú me enseñaste a ser valiente.

Sin darte realmente cuenta eres mi maestra, y Moreta es el ejemplo de la solemnidad, y yo torpemente, paso a paso, me aproximo, comprendiendo al fin que en determinados momentos no es necesario pensar….volviéndose tan solo imperativo, sentir, acompañar y amar….

(Dedicado a mi amor y su tía Moreta en unos momentos difíciles, porque las aprecio, las respeto y admiro….pero sobre todo porque la amo).

Escrito el 03/09/2015.

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