LA PRÓXIMA ESTACIÓN.

Está a punto de terminar la noche. El tren que me lleva en dirección a otro país, a diferente ciudad, parece que no atiende ni a los asuntos de la memoria ni a mis recuerdos. Les da la espalda, los desprecia, y deja atrás, oculta entre sus raíles, olvidada por convicción propia, lo que a esta hora es en mí una profunda añoranza.

Pero a pesar de la nostalgia que siento por mis padres, por esa tierra con la calle que tanto recorrí, sus gatos, y aquel almendro que aún se halla seguro en un rincón del frondoso prado, comprendo que esta sensación es el primer pago que hago por el intento de conseguir mis sueños. Por eso dejo a mi entorno en un punto de suspensión, nadie me dijo que fuera a ser fácil, cogí mis cuatro camisas y un par de pantalones y en este instante me encuentro aquí, rumbo hacia un destino que entiendo que sólo yo puedo crear con esfuerzo y coraje, mas no tengo miedo, pues sé que esta es el única senda que me puede guiar hacia mi libertad.

Presiento que el alba está ya cercano, las negras siluetas de los árboles en la oscuridad se esfuman a un ritmo vertiginoso, y la próxima estación a la que llegaré me es aún desconocida. Está impregnada de la ilusión y el misterio que produce siempre algo que se nos representa como nuevo, y me doy cuenta de que mi mente es recia y obstinada. Sé que no flaqueará, que se mantendrá firme a pesar de que el barco de la realidad se resquebraje mientras zozobra.

El sol manda sus primeras muestras de amenaza, pronto aparecerán los primeros rayos de luz, y en mi mano se encuentra un libro a medio terminar de economía aplicada. Entre sus páginas, se halla una carta que en la madrugada anterior escribieron a dúo mis padres, intentando darme el aliento del que son capaces, y por supuesto, toda su confianza.

Releo este papel con tinta que sin mencionarlo expresa lo orgullosos que ellos se sienten de mí, este joven que intencionadamente se para en la parte final de este folio. En este tramo, cuando tiene que sentenciarse lo expuesto quizá con un breve te quiero, quizá con un sencillo hasta pronto, pone algo totalmente diferente, algo que me hace mirar hacia el aún oscuro horizonte y reflexionar ante lo que se me viene encima. En este último párrafo dice:

Hijo, como dice el maestro Sampedro, en esta vida ¨existen dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más rico al rico, y los que trabajamos por hacer menos pobre al pobre¨. A ti, como hicimos cada uno de nosotros, te toca en los próximos años elegir….. tan solo te rogamos que hagas lo que hagas seas feliz….

Apoyo mis dedos en estas letras que parecen que más que nunca me acercan a ellos, y siento cómo la tibieza de una lágrima surca mi rostro, pues a pesar de que mi boca no pronuncia palabra, sé que me están escuchando. De alma a alma les digo: os lo prometo, ahora que emprendo mi camino estoy comenzando a notarlo.

(A mi primo Adrián en su veinte cumpleaños, porque deseo que elija lo que elija en su vida, sea ante todo feliz).

Escrito el 01/07/2015

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