MI TRISTE AMOR DE HOJALATA.

Caballo de madera abandonado,
aquél que nunca trota,
que yace muerto ante tu canto,
el que tiene el alma rota.

Caballo de balada ronca,
de relinchar mudo
y mirar ausente.
Potro salvaje
de libertad traicionada,
corazón solitario,
pena penitente.

Esas ramas de encinar,
aquellas calles marchitas,
la lluvia que me caló en el hospital,
el frío tronar de nuestra puerta
en tu despedida.

Nido de desamor,
casa en mi memoria perenne,
lugar en el que el fuego
ya no da calor,
lecho sin perdón ni pasión,
allí ya no hay ni batallas
ni memoria,
no se encuentra ni el timón
ni al comandante.

Como un triste soldado de hojalata
fue nuestro amor,
lo que en ti es un mal recuerdo
en mi permanecerá por siempre.
Querer trasnochado,
capítulo de un adiós.
Bello baño de espinas,
dolor de palabras nunca dichas.

Lo que del todo fue verdad en mi pecho,
real como el sentimiento más puro,
en ti descubrí que era falsedad y veneno,
besos de alquitrán,
crueldad y maldad escondidas tras cada esquina.

Me enseñaste que un mutuo querer no existía,
que jamás debo pedir nada a nadie,
que tengo que ser valiente ante mi cobardía,
y que es necesario continuar aunque sin mesura brote mi sangre.

Todo esto lo aprendí de ti,
soñaba tiempo atrás que me amabas,
el ardor de tu cuerpo me arrebató la ilusión,
dejó sin respuesta mi voz,
mi mente jamás ya hallará calma.

Escrito el 16/04/2015.

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