LO QUE VIO MI OBJETIVO, LA BELLEZA DE UN SUEÑO.

Como te prometí tengo la botella de Champán y una copa en una de mis manos, en la otra la vieja cámara que hace tiempo me regalaste, e intento no sentir nostalgia, no tengo tristeza, me siento feliz, sabemos que lo que nos prometimos es deuda.

Sonrío ahora al recordar aquellos momentos difíciles, los propios de nuestra profesión, y puedo notar aún el frío de aquella noche de invierno en la que nos iluminaba tan solo la luna, esa que se nos presentó de color miel, la que decidimos filmar a pesar del enfado de aquel periodista que no sabia preguntar. El horizonte era especialmente oscuro, e íbamos a realizar un reportaje sobre el manido y algo vulgar tema de la prostitución, el enfoque que le dieron no nos gustaba en absoluto, y el asunto es que divisamos aquella tarta dulce y helada, y ambos decidimos sin mediar casi palabra, con solo mirarnos a los ojos un instante, devorarla en imágenes.

Debo reconocer que había veces en que me preguntaba el porqué hacía lo que hago, los meses lejos de mi familia, las esperas insanas, el peligro de las motos, de la búsqueda del mejor plano, con la mochila y la cámara siempre al hombro, intentando lograr la imagen más conmovedora, la instantánea que fuera de una luminosidad perfecta, la captación de algo perturbador, de algo que incite a luchar y que anime a vivir.

Era en esas ocasiones cuando me fijaba más en ti, en la pasión que imprimías a lo que hacías, en aquella devoción por el trabajo bien hecho, con aquella eterna sonrisa en tus labios, y descubrí que observándote a ti me entendía más a mi, porque tu eras mi colega, mi amigo, y ambos a la vez eramos el uno hacia el otro su espejo.

Así pude llegar a comprender el porqué de la internada en aquellos tugurios de vicio y corrupción, en todos aquellos poblados en los que la ley no osa adentrarse, siempre buscando un imposible, algo que brille ante el objetivo, una llama que guíe y alumbre mi existencia, que alente y de calor a mi espíritu.

Y es que juntos fuimos aprendiendo a vivir y a sentir con intensidad, el uno al otro nos enseñamos lo que era y es amar un oficio, el que por alguna razón de nuestro pálpito o intuición escogimos.

En este instante alzo la copa, a continuación te devuelvo tu cámara, la dejo en el suelo, se halla ahora encima de esta tierra removida, en frente de lo que es tu losa, y comprendo que el que yace en este mometo en ese ataúd podría ser yo mismo, al igual de que si no haces lo que amas se puede asemejar a lo que es estar muerto.

Miro hacia un cielo diáfano y azul, oigo como el viento mesa la alta hierba, veo como una paloma se posa en una cruz, y como a continuación emprende grácil su vuelo de la piedra.

Te fuiste siendo feliz, filmando tu última historia, y yo en algún pasado lejano tuve el privilegio de acompañarte, de ser tu colega y amigo, y tengo que decir que me siento contento, puesto que a pesar del peligro y de tu muerte, de la soledad y el sufrimiento que sentimos en muchas ocasiones, somos lo que somos, locos y apasionados, libres y aventureros, los que estamos detrás de una cámara, los dignos creadores de nuestro sueño.

(Texto ficticio dedicado a todos los cámaras entre los que se incluye mi primo José Yeray, porque hace poco murió un colega y un referente suyo….Santi Trancho DEP).

Escrito el 08/03/2015.

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