CUMPLÍ LOS TREINTA Y SEIS.

En este hermoso amanecer, entre cuyo rocío me descubrí ganándole un año más a la vida, ahora que mi vaso se encuentra más lleno que medio vacío, porque te hallo aquí a mi lado, pues haces que no interrumpa mis sueños con su frígida impertinencia la señorita soledad.

En esta mañana de pastel horneado y de metro, sobre cuyos raíles me parece que vuelo, con tu cabeza apoyada en mi hombro, mientras de nuevo el odio se ausenta de este cuerpo que estalla de júbilo, ya que observa su reflejo en el cristal de enfrente, viendo un rostro envejecido, menos joven que anteayer, sin dudarlo más satisfecho y curtido, cuyas arrugas ostentan la experiencia acumulada, la honestidad adquirida, la sensatez aprendida, la sabiduría del que entiende que aún le queda mucho por conocer, demasiado todavía por vivir y cosas maravillosas que experimentar.

Y es que arrastro treinta y seis años a mis espaldas, de los cuales no me arrepiento de ninguno, a pesar de los errores cometidos, incluyendo todos y cada uno de mis sufrimientos y lamentos. Ya no me perturban los pasillos de hospital recorridos, los debates en mi mente sobre si debía morir o vivir, los jamás valdrás para nada, las palmaditas que con rabia y silencio sabía que eran falsas.

En el tiempo transcurrido hay amigos que se fueron, algunos porque se tenían que marchar sin más, a otros grandes los encontré de improviso, a los de la infancia los mantengo en mi memoria, y algunos con sorpresa retornaron. Pero lo que tengo por seguro, es que mis brazos y mi pecho estarán siempre abiertos para aquellos a los que en algún momento en el pasado aprecié o he querido.

La familia nunca se olvida, brindo por ellos con alegría, únicamente me entristecen aquellos que reposan en sus tumbas, no por su paz merecida, sino porque en este instante no puedo abrazar su carnal envoltura. Que sí su alma, pues sé y siento que está presente a pesar de no poder verla con mi terrenal y humana mirada.

También debo decir que mi orgullo no es el haber aprendido a valerme, no es el de poco a poco haber encontrado mi sitio, no es el de haberme hecho un hombre, ni siquiera los altos logros conseguidos. De lo único que me siento orgulloso es de tener los padres que tengo, del placer de ver como crece Alejandra unida al increíble cariño de su padre, que es mi hermano, y de mi hermana y su musical arte, que es como decir que lo estoy de los que son los más míos, los que estuvieron en los duros momentos más cercanos.

Mas no me puedo olvidar delante de este sol y su brillo, de todas aquellas personas que me han ayudado, y de mis dos únicas y bellas amantes, una de ellas se llama escritura, la otra provoca mi pasión y el auténtico amor, ese que alcanzo solo junto a ti, mi al fin encontrada y adorada Marisa.

Escrito el 20/02/2015.

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