CONFESIONES DE ALCOBA I

A menudo, cada vez más de continuo, me gustaría estar completamente oculto, no escribir más, no hablar, empequeñecer a la vez que me pudro en un rincón, y así ver pasar el tiempo. Observar ajeno a este mundo y en silencio como se escapa mi vida.

A veces tengo el deseo de cegar mis sentidos para jamás volver a contemplar ni sentir la belleza o el arte, el dolor o el derrumbe, tu llanto, ese que tanto me duele, o el horror de una muerte que se presiente, que se acerca a algún ser querido, que atrapa lentamente mi cuerpo, que encarcela un espíritu que aturdido comprueba como se le escapa el resplandor de su brillo.

Constantemente me veo cobarde, inútil para el día a día, por instantes me cansa esta vida, y quiero huir, de la presión, del escaso talento, de tanta lucha y desidia.

Hoy miro al oscuro cielo de esta noche, y noto como me invade el aire frío de invierno, una lágrima recorre mi rostro, mientras descubro triste y solo que no valgo para esta existencia de lobos.

Comprendo que la sensibilidad que me envuelve es y fue excesiva, y reniego de ella, de su culpabilidad, de las cargas que me brinda. Pero es algo que de mi no se aparta, que permanece perenne, que es mi cruz maldita, algo que me proporciona otros ojos, algo que me guía a la locura.

Ojalá fuese un tonto, un inocente desvalido, me rebelo siempre como un inconsciente, ante causas perdidas pido justicia y despotrico hasta perder toda razón y sentido

No creo que el ser humano se merezca ese nombre, ni tampoco que existan nihilistas. Sí en el deber de perdonarse, en la sabiduría y la humildad que hay en reconocer los errores, y en la necesidad que habría de verse desnudo cada ser a sí mismo.

Quizá al darnos cuenta de nuestra debilidad, de lo pordioseros que podemos llegar a ser, de lo contradictorio entre lo que es dicho y lo que es finalmente hecho, podríamos obrar con libertad, y así intentar combatir contra nosotros mismos para merecernos el nombre al que tendríamos que aspirar, lo que sería nuestro mayor éxito, alcanzar el grado justo de humanidad.

Y con esto quiero expresar que nadie es más grande que nadie, y que cada cual es juez de su propio camino, a unos se les concedieron unas habilidades, a otros que de ellas carecen quizá tendrán un corazón que es casi divino.

Sé que yo no soy mejor que tú por escribir estas letras, tampoco tú eres peor por ignorarlas y seguir tu camino.

ESCRITO EL 28/12/2014.

 

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