CANTO DE UN DESGRACIADO.

No quiero tristezas
a la hora de mi muerte.

Pedí lo que me haría libre
mas sólo me concedisteis un hueco en la pared,
un cuarto en un odiado lugar,
este sitio que es mi cárcel.

Soñé con esperanzas vanas
e ilusiones rotas,
pues busqué utopías
por parajes bellos.

Por todo ello que nadie llore con pena,
cuando acontezca al fin mi partida.

Y me preguntas iluso,
el porqué de vagabundo….

¿Acaso no me visto con harapos,
no observas como solicito limosna,
no me arrastro cual perro hambriento
buscando un hogar por los suburbios,
es que no ves que mi alimentación es lo más barato del mercado?

Mas mi hambre es de libertad,
perdida se encuentra la esperanza,
tremendamente cansada y sin salida
guarda silencio mi voz,
permanecere mi cuerpo melancólico en un rincón.

Porque todos opinan y exigen
sobre lo que debería ser mi camino,
y yo, débil por tener demasiada bondad,
cierro en este momento mi oído,
me quedo quieto, ya sé que solo soy dueño de mi soledad.

Muerto soy en vida,
mis verdugos fueron la gente a la que yo más quise,
por ello no deseo que nadie suelte ni una lágrima
cuando algún día hacia la oscuridad
mi desgraciada alma emprenda una huida.

Escrito el 23/07/2014.

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