LA RENUNCIA.

ALEGATO CONTRA LA ANIMALIDAD HUMANA.

Amiga mía, te entiendo aunque tu no lo hagas del todo, y te aprecio por toda la ayuda que me ofreces.

No obstante, espero que recapacites y pienses en estas palabras, en este texto escrito por alguien que ha sufrido mucho, pero que ha encontrado su sentido para permanecer en esta vida.

Llámame rebelde, pero jamás digas que no tengo causa, piensa que soy un inconsciente, a pesar de que poseo una fuerte conciencia, exprésame tu idea de que así nunca hallaré la felicidad, que yo siempre pronunciaré que no es lo que busco.

Me enseñaron unos valores y unos principios, y a ser consecuente con ellos, y yo, di que es por temperamento o carácter, los acepté con amor.

No sólo los amo, sino que creo en ellos, a pesar de que no todos mis maestros fueran del todo honestos en sus enseñanzas, y algunos predicasen falsamente.

Sigo un ideal, quizá sacado del que considero como el auténtico Cristianismo, pero transformado con humildad y alejado de toda institución, sobre todo del mal entendido a menudo por sus fieles y dirigentes Catolicismo.

Me dijeron en mi adolescencia que tenía una enfermedad, ¿se equivocaron?, quizás si, o quizás no. Lo único que sé es que una etiqueta me ha hecho ver la verdadera esencia de una sociedad que se autodenomina civilizada y se halla en su mayoría muy por debajo de la animalidad.

Digo esto a sabiendas, ya que los animales jamás alardean de lo que no son, siendo así más honestos, pues no van comunicando a espuertas una bondad que finaliza mostrándose interesada.

Yo, amiga mía, con etiqueta o sin ella continuaré siendo la misma persona. ¿Qué me importa a mi dicha etiqueta?, aprendí a buscar la esencia humana, sin pensar en ningún condicionamiento ni físico ni mental, y soy más consciente que nadie que ese nombre asusta, no lo tengo que entender, porque lo he sentido demasiadas veces en mi propia carne.

He comprobado los obstáculos y rechazos de esa misma gente que se autodenomina como buena y honesta, y de instituciones que predican su virtud, no realizando éstas en absoluto, o al menos no correctamente. He visto tanta hipocresía en esta vida que ya nada puede cambiar mis circunstancias.

En el amor me han abandonado siempre al mencionar una palabra, que no soy yo, y que nunca lo seré, pues ni mi esencia ni ninguna otra se halla en trece letras. Eso me hace cuestionarme el valor de los sentimientos, si el mencionado amor no es más bien un mero acuerdo de intereses. Sonrío al pensar cuando me dicen que los animales carecen de sentimientos, porque gracias a mi cruel experimento me cuestiono si el ser humano los tiene realmente.

Es más, si yo no tuviese esta enfermedad, ¿se quedaría mi alma tranquila?, ¿y todos los que la tienen, no merecen ellos ninguna oportunidad?, ¿por qué tienen ellos que ser excluidos y yo no?.

La exclusión ya la realizó amiga mía, el tan denostado y con razón Nazismo, y he experimentado en carne propia, si bien a otro nivel, que esta sociedad de hoy en día también lo hace, y a veces dudo que es peor, que te gaseen y así eliminen tus penas, o que te excluyan y te señalen de por vida como hacen con muchas personas hoy en día.

Razono, amiga mía, que si yo no tuviera esta etiqueta nada en mi cambiaría, porque tan sólo la idea de que un hijo mío  sufriese gracias al azar cualquier otra enfermedad mental, y tuviese que sentir lo que yo he sentido tantas veces, no lo soportaría. Pues te aseguro que en ocasiones la exclusión es peor que una digna muerte.

Ya comprendes mejor mis escritos y mi lucha, porque para construir algo nuevo hay que derruir lo antiguo.

Por ello renuncio a todo amor que no acepte mi sinceridad, y no deseo la amistad que no busque mi esencia, y ya debes saber por qué detesto a toda la vil sociedad que se cree buena y honesta, pues en su mayoría tenemos que aceptar humildemente que nos comportamos peor que los animales.

Únicamente al darnos cuenta de nuestra debilidad, podremos empezar a ser cada día un poco mejores.

Escrito el 02/01/2014.

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