MI CONDENA

Escribo estas palabras porque mi voz hoy no la quieres escuchar, y sé que no dormiré en esta noche, aunque quizá tu junto a tu reproche lo harás sin pensar en lo mal que lo pueda yo pasar.

Comprendo que no soy un hombre perfecto, que cometo mis errores, pero aquellos que me conocen bien, saben que soy de fiar. Puedo enorgullecerme de que jamás te he mentido, y si en algún momento algo he omitido, fue para poder evitar tu intuido malestar.

He dicho al alba, al viento y a Dios una y mil veces, delante de ti y sin ocultarme de los demás, que mi pecho sólo tiene grabado tu nombre, y en mi mente vive tu presencia, pues tu eres la mujer que me alienta, la única a la que mi corazón decidió eternamente amar.

Veo que mi condena empieza esta noche, pues siento llanto en mis ojos, y dolor en mis sienes, un nudo en mi garganta, y amargura en el paladar.

Y sé muy bien que sólo fui honesto contigo, cuando quizá ante tus sentimientos, visto lo visto, yo debí callar.

Observo a mi alma caminar sola por esta madrugada, ya que ella de ti muy lejos se siente, pues tú no quieres hoy verme, y triste ella nota que de su lado no estas.

Le dices que perdiste tu confianza, a este hombre ciego y vagabundo, que es invidente por el amor que hacia ti siente, y viste con harapos puesto que su sustento es la felicidad que ayer de ti no obtuvo.

Si no crees en mis palabras, por favor analiza uno a uno los hechos, pues no sé que ya debo decirte, no puedo hacer mucho más que mostrarte los sentimientos que hacia ti poseo.

Pronuncié un no contundente, uno lleno de templanza, ya que sólo a ti te quiero,
y si tú sigues sin creerlo, por favor, preguntale al Cielo, al camino recorrido, a la profundidad de mis ojos, y a los sueños compartidos.

En fin, a todo lo que he dicho y he hecho en el trayecto que juntos hemos emprendido.

Y si aun así sigues dudando, dile mentiroso a mi espíritu, que ten seguro que es el que más te echa de menos, si es que así se calma tu miedo, si es que me crees capaz de algo tan estúpido.

Aunque no debieras dudar de que yo contigo siempre he sido sincero,
si no fuese esto verdad, ni un penique valdría todo el valor que sé que atesoran hacia ti mis sentimientos.

Mi condena es tu silencio, en la completa oscuridad de mi cuarto, mi salvación sería la luz de tus labios, pronunciando como yo lo hago a esta hora que: tan solo sé que te amo…y tú dudas sin compasión, a pesar de que mi ser te esta adorando, algo estoy haciendo mal, cuando una y otra vez creo que te lo estoy demostrando, y tú no dejas de desconfiar, no me permites que a tu corazón le roce yo con la ternura de mis manos.

(A Marisa Belarmino, porque no sé que más hacer o decir para que entienda todo lo que la quiero)

Escrito la madrugada del 04/07/2015.

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