LA SIRENA.

Un silencio devora ésta bruma,
el sol desciende lentamente,
mis ojos observan la luna,
marinero soy sin barco y sin mar,
sencillo grumete que empuña una pluma.

El agua que calma mi sed,
la saliva que emana de tu boca.
Su dulce sabor,
esos besos que te robo a escondidas.
El alimento de nuestro amor,
ternura, pasión y sal marina.
Lo que lo hace fuerte y valiente,
el recio tridente del mutuo respeto, la confianza ciega y el cariño que sentimos.

Sirena mía,
sé que durante algún tiempo surcabas perdida las aguas,
que ocultabas el brillo que posees,
el que te da la imponente belleza que ostentas hacia mi persona.

También que un dia te trajeron las olas,
que una tempestad rompió tu hasta entonces duro caparazón,
y que desde ese momento tu vida se unió a la de este fiel náufrago,
al que le salvaste de la tremenda soledad de su isla y de su cruel desilusión.

Yo, que por ello soy un hombre débil hacia ti,
sentí lo que ahora siento,
siendo esto un inmenso amor con locura.

Tu canto cautivó éste corazón,
que sabe que es tuyo hasta su sepultura.

Mas nuestro sentimiento es eterno,
se funde con el mar, las estrellas y la extensión del firmamento.

Escrito el 27/08/2014.

Para Marisa Belarmino.

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