REFLEXIONES MUNDANAS SOBRE TEMAS DIVERSOS V.

NIVELES DE EXIGENCIA.

La exigencia es necesaria en una existencia tan competitiva como la nuestra. Siendo recibida desde la niñez. Por medio principal y normalmente de nuestros progenitores o tutores. Los cuales suelen ser nuestros primeros puntos de referencia. Al ser la ausencia de un nivel aceptable de la misma, un nido de frustraciones y de dejadez en el desarrollo del recién venido al mundo, según éste se percata de una realidad hostil a sus anhelos. Cuya realización sólo es plausible mediante un grado mayor o menor de autodisciplina y esfuerzo.

Sin la exigencia necesaria no se consigue lo valioso. Lo que realmente merece la pena. No refiriéndome en modo alguno a lo prosaico y material. Y si a una forma de transcenderse a uno mismo. De superar las propias barreras. De intentar sobrepasar los muros de tu cárcel. Lográndolo únicamente por medio de una ascesis metódica y constante.

En la primera adolescencia, o posteriormente. Hay algunos que superan la mencionada etapa iniciática. Sin conseguir aún ¨Matar al Padre ¨. Cambiando el original por otro diferente. Un personaje o ente que se representa modélico a nuestros ojos. Pudiendo llegar a ser terrenal o divino. Un reflejo en el que queremos sumergirnos. Pretendiendo que tu y el objeto de tu idolatría seáis unidad plena. Hallándose aquí uno de los mayores engaños del ser humano. Ya que el sujeto sólamente puede convertirse así en una falsa imitación del ser idolatrado. Que a su vez es falso también. Al ser una reproducción idealizada de nuestra mente. No verdadera. Logrando de esta forma, sólo en el mejor de los casos, llegar al mismo plano. Sin atreverse a aspirar a algo superior. Puesto que no es concebido.

Por último, llegamos a las personas que se encuentran con su propio reflejo. Que son menos de las que nos imaginamos. Alcanzado por medio de una adecuada madurez. Convirtiéndose en un objeto autorreferencial. Que se juzga a sí mismo.  Viéndose tal y como es él, o al menos la imagen que recibe de su ¨yo¨. Alcanzando de este modo la posibilidad de superación. De transcender de su yo humano a un nivel más elevado. Un hombre de evolución más desarrollada. Que busca una mayor perfección dentro de la inmensa imperfección que contiene y que le rodea. Y que seguirá igualmente rodeándole y conteniendo en el futuro. No llegando nunca a la cima ansiada.

En este último paso nos podemos encontrar a personas con una exigencia tiránica. Enfermiza. Impidiéndoles encontrarse conformes consigo mismas. Culpándose ante cualquier error. No percibiendo objetivamente lo que realizan correctamente. Porque siempre podría estar mejor. Nunca obteniendo el grado de perfección necesaria. No hallando así ningún instante de paz. Siendo esto un nido constante de frustración. De continua inquietud. Desembocando o en una actividad desenfrenada por alcanzar lo inalcanzable, o en la paralización más absoluta.

A lo que llegamos a la conclusión de la importancia de una balanza de contrapeso. Entre la exigencia (impuesta y propia), y la dejadez (recibida en la educación o por medio de la autocomplacencia). No siendo beneficiosa para el individuo ni el exceso ni la carencia de dichas cualidades. Ya que ambas son el motor que permite formar una determinada personalidad, y una sociedad que fije lo verdaderamente importante de aquello que es superfluo. Aspirando de esta forma a lo mejor que se pueda sacar de ella, de un modo no patológico.

Escrito el 27/08/2013.

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