LA RIQUEZA DEL POBRE.

Yo no poseo nada,

ni en mi bolsillo encontrarás dinero,

tan sólo puedo entregarte mi alma,

pues no tengo en dónde caerme muerto.

Únicamente es mío mi lecho,

que se halla en un cuarto sombrío,

por ello te doy con humildad mi pecho,

aunque otorgarte otra cosa es por mi persona querido.

Te ofrezco esta cruz que cuelga,

de mi cuello fornido,

con la esperanza de que ella sea,

el presente que aceptes para así juntos formar un nido.

Uno en el que jueguen los críos en el patio,

mientras ambos los contemplamos sentados a la mesa,

cuando una canción de amor esté sonando en la radio,

sintiendo en ese momento como nuestros cuerpos se desean.

Esto es lo único que puedo ofrecerte,

intentar hacerte feliz y en mi habitación una cama,

todos los días traer al hogar comida caliente,

y mi promesa de que serás eternamente amada.

Puesto que yo no poseo nada,

ni en mi bolsillo encontrarás dinero,

por eso te entrego mi alma,

espero que algún día comprendas que por alcanzar tu amor muero.

 

Escrito el 03/03/2014.

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