TÚ SIEMPRE

Me hallo en un atasco desde que supe que no iba a llegar a tiempo.

Recuerdo las sábanas blancas, sus dibujos de flores, tu pelo cano, y en tu rostro aquella sosegada expresión de paz. El color salmón de las paredes, el olor a rosas que subía del jardín, mis labios rozando tu frente, el silencio que se adueñó de aquel cuarto y un crucifijo en la mesilla, eterno a tu lado.

Atrás las decisiones, lejos la omisión concienzuda de lo que inexorablemente llegó. Jamás olvidaré aquella llamada a las cinco de la madrugada, ni lo que la voz triste y serena de mi padre me comunicó.

Evoco un pastel sin dulzor, la nube gris que deseaba desplegarse sobre mí pero que tu luz disipó. Han pasado los días y acudieron dos despedidas más, se prolongó mi dolor, y al fin el esperado a la par que postergado portazo.

Mi camino ahora empieza a ser más llano, me siento feliz, agradecido de que me ayudaras a no abandonarlo.

Tras todo, el calendario marca que transcurrieron ya casi tres años. Tu nieto al fin consiguió hablar, y el sol cada mañana me levanta a tu lado.

Al ver los árboles por mi ventana sé que estás aquí, ¿también los puedes ver? El viento es tu tacto que me acaricia los párpados.

La melancolía me embriaga. No te acompañaré a más hospitales ni habrá ninguna otra lucha, sé que tan solo te acurrucarás en mi interior para alentar mi latido y vigilar mi alma.

Yo, mientras tanto, seguiré oyendo tu canto…

Mamá, tú siempre caminarás conmigo.

(Tqm)

Escrito el 15/01/2024

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