LA LUZ QUE ATRAVIESA LOS BARROTES

Observo ese pequeño hueco de luz en lo alto, ese cuadrado en el muro que está atravesado de arriba hasta abajo por tres barrotes.

 

Pienso en ti madre, en la protección que me ofrecían tus brazos y en el calor que desprendía tu regazo. Me viene a la memoria también una brisa primaveral, y el sonido del vaivén de las ramas en uno de aquellos parques de la infancia, el tacto fresco de la hierba rozando mi espalda, y puedo oír mis propias risas, en la retina de mis ojos aún se conserva la sonrisa que iluminaba tu cara.

 

En este instante y desde hace ya demasiado tiempo la luz a mi alrededor parece languidecer, no me quedan ya amigos, no tengo amor, tan solo me queda lo que no quiero, lo que para muchos es un sueño o una ilusoria pretensión.

 

Por si no lo sabes mamá soy coleccionista de estampas, de papeles que lo podrían comprar todo. Sin embargo, en realidad, no poseen ya para mí ningún valor. Acumulo terrenos y edificios, y levanto negocios que se iban a la ruina. Aunque reconozco que lo hago intentando hacer a otros mis esclavos, pisando lo más que puedo al prójimo, consiguiendo después lavar mi imagen pues la mayoría me cree cuando exclamo que yo no soy culpable de nada.

 

Me levanto cada mañana con la convicción de que no necesito sentir ni remordimientos ni empatía ni por nadie ni por nada, pues Dios no existe porque el único Dios posible soy yo.

 

Miento tanto o más de lo que otros pretenden mentirme a mi, pero siempre gano, mas sé que mi existencia es un fracaso, y compruebo cada noche al hacer repaso que mi corazón anda moribundo por las tinieblas de un camino desolado.

 

Te confieso madre, que tres esposas tuve a las que nunca amé, por lo que no puedo culparlas al saber que ellas tampoco me amaron. Mil amantes dejaron mi cama fría, y gracias a ello otros tantos billetes en mujeres malgasté.

 

Compruebo que el mayor premio que me han concedido es mi soledad y un pecho que apenas late, y que mi condena se basa en tres pilares….

 

El primero es la ausencia de amor, pues éste se fue contigo a la tumba.

 

El segundo es este deseo exacerbado de poder que me convierte en un hombre desdichado y pobre.

 

El tercero y último lo conforma la vergüenza que me acompaña en todo momento, pues me convertí en un hombre opuesto a ese ser ejemplar que quisiste que fuera, ese hombre honesto que destrocé rompiendo así la esperanza de tus deseos.

 

Oigo cómo unas llaves abren un cerrojo a mi espalda, sirvió el dinero que pagué por mi ficticia libertad que a partir de ahora es pactada.

 

Sí madre, tres barrotes son mi vida y una tenue luz es la única salvación posible que me aguarda. Esa luz eres tú, te pido que ayudes a mi alma.

 

Por favor, perdóname por no haber conseguido ser quien tú esperabas.

 

(CON LA ESPERANZA Y EL DESEO DE QUE LOS SERES HUMANOS NO PERDAMOS NUNCA LA CONCIENCIA)

 

ESCRITO EL 22/11/2016

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